Escarabajos

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¿Qué puede convertir desde la perspectiva de un joven, a sus propios padres en malignos “Escarabajos” que pongan en peligro su integridad?Grupo de familia

por Marta Opacak

Pocas personas escribieron para el teatro con tanta acidez acerca del abuso de los hijos causado por el propio matrimonio que los engendró como Stephen Sondheim. Máxime teniendo en cuenta que él personalmente, fue víctima de niño de este flagelo de manos de su madre. La canción “Las pequeñas cosas que se hacen juntos”, de su musical “Company” (1970), enumera una sarcástica lista de “delicias de la vida conyugal” esperables de ser disfrutadas por todos los desavenidos matrimonios que comparten la locura y la infinita maldad del magistralmente plasmado por Pacho O’Donnell en “Escarabajos“, la obra que éste último escribió cinco años después.

La lista comienza con “los hobbies que practicamos juntos”, continúa con “los vecinos que molestamos juntos”, y termina con “los hijos que destruimos juntos”. Y esta última es precisamente, la única actividad que mantiene unidos a esos dos enajenados seres llamados Marta (Ingrid Pellicori) y Oscar (Mario Alarcón).

La víctima, que completará esta siniestra tríada, sustituyendo al verdadero hijo que corrió similar suerte, será el chico que trabaja de repartidor en el minimercado del barrio: Rubén (Martín Slipak).

Marta, se asemeja a la decoración de su sala. Tiene un falso brillo esplendente, y parece copiar todos los tics de la moda que caben al supuesto status social al que pretende pertenecer. Pero realmente no puede dejar de transmitir una deshonesta superficialidad que, como su tapiada ventana, le impide ver la realidad del mundo exterior.

Oscar, es un funcionario corrupto y de manejos perversos, que cuando está en su casa contempla con mayor atención al aparato de televisión que a su propia esposa. Esto se debe a que los deseos sexuales que lo obsesionan, están más cerca de los que podría satisfacer un joven buen mozo como Rubén, que una atractiva mujer, como Marta.

Y Rubén, en macabra metamorfosis, pasará de ser un joven simple, que quiere pasarla lo mejor posible con lo que la vida le va ofreciendo, a alguien que aprende a jugar el mismo juego retorcido de sus mentores, que incluirá desde estafar a Oscar, para el que oficia de cadete en sus coimas, hasta dorarle la pildora a Marta alimentándole el ego para conseguir los favores sexuales que ésta esté dispuesta a darle.

El dramatismo de la obra irá en crescendo a partir del momento en que Rubén, tenga la desafortunada idea de pronunciar la frase que activará el enfermo mecanismo de destrucción que tan bien sabe ejercer la pareja: “¡a mí me hubiera gustado tener padres como uds!”. El conflicto cuya víctima original fue Carlitos, el hijo biológico de Marta y Oscar, de cuyo trágico destino nos enteraremos aquí, cobra nueva fuerza con la sustitución de Rubén. Y casi le cuesta la vida a éste último cuando Oscar, (con una escalada de violencia repentina brillantemente interpretada por Mario Alarcón), arremeta contra él y lo deje desmayado en el piso por varios minutos. Es realmente conmovedora la piedad que despierta la actuación de Martín Slipak en esta instancia de su rol, digno cierre de su impecable actuación. ¿Y qué se puede decir de Ingrid Pellicori, salvo que es absolutamente genial en todos sus trabajos y que su “Marta” es inolvidable?

La escena final es tan increíble como lo fue el comportamiento de los victimarios. Estos “escarabajos” que no parecen “insectos sino invasores de otros planetas” y se nutren de otra de las artificiales escenas de su bienamada compañera, la televisión, para cerrar una vez más el consabido círculo vicioso de su patología.

Publicado en Leedor el 8-6-2006