Prometeo

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¿Creemos en la utilización responsable del conocimiento y la libertad?. ¿Creemos en Prometeo? El particular enfoque de la obra de Venturini, Cesarsky y Di Cocco intentará ayudarnos a encontrar una respuesta. Prometeo: demasiado tarde para esperar al hombre y su historia.

Por Marta Opacak

Desde un Olimpo convertido en el solarium de una residencia, con cercos de lonas, colchonetas y una pequeña pileta en escena, vemos surgir a dioses, hombres y titanes en la Sala de “La Ranchería”.

La atractiva adaptación de Jorge Venturini, Marcos Cesarsky y Daniel Di Cocco del mito griego del titán Prometeo quien, compadecido por la vulnerabilidad del género humano, roba al dios Zeus el fuego, símbolo de la luz del conocimiento, para permitirle a aquél acceder a sus beneficios, nos propone mientras vamos conociendo la raíz de las tribulaciones del heroico joven y vislumbramos su futuro castigo, contactarnos con el panteón de dioses y personajes de la mitología griega que van tejiendo la trama. Muy atinada la decisión de incluir en el programa del espectáculo, alguna referencia básica a la genealogía de los mismos, que ayude a repasarla a los que ya la conocen o introduzca a la misma, a los que se acercan al tema por primera vez, máxime teniendo en cuenta que la mayoría de los actores juegan más de un rol.

Sabiamente modelados por la dirección de Daniel Di Cocco, y según idea de Jorge Venturini, vemos desplazarse, en una composición escénica policéntrica, a estos dioses con atuendos playeros modernos y pasiones atemporales: la lucha por el poder, entre padres e hijos, la rivalidad entre hombres y mujeres, la enloquecedora sed de venganza, y cuestionamientos acerca de si existe el amor o si solo cabe disfrutar del sexo.

Vemos como Rea Silvia (Luján La Veglia), esposa del antropófago Cronos (Angel Piccarreta) le revela enfurecida a aquél para frenar su ambición desmedida, que no fue eficaz en su propósito de eliminar a todos los hijos de ambos. Que ella logró salvar a uno, cambiándolo por una piedra que llevaba las ropas del niño y fue finalmente devorada por él. Este sería nada menos que Zeus (Oscar Trussi) quien finalmente destronaría a su padre, convirtiéndose en el más grande de todos los dioses y se casaría con su hermana Hera (Luján La Veglia).

Esta pareja de dioses tendrá la consabida disputa acerca de quien disfruta más el sexo, si el hombre o la mujer y convocará a Tiresias (Marcelo Cornu) para que oficie de árbitro.
Los avatares mitológicos convirtieron a éste último por unos años en mujer, para permitirle luego, volver a ser hombre. Podría por lo tanto, hablar con conocimiento de causa. Cuando él afirma que es la mujer la favorecida, Hera lo ciega, castigándolo por develar su femenino secreto y Zeus, lo premia con dotes proféticas por haberle permitido conocerlo. Por él sabemos que Prometeo, será finalmente castigado por su desafío a la autoridad. En cuanto a Afrodita (Susana Behrend) compartirá a su antojo sus placeres amorosos con Tiresias, y con varios de los personajes a pesar de las advertencias de su padre Zeus.

Los humanos de “Prometeo” se debaten en medio de la misma tremenda indefensión que los de hoy en día, frente a una violencia injustificada ante la que no se pueden defender. Simbolizados por una madre embarazada (Julieta Mangone) que ha perdido a todos sus hijos y desea que el que lleva en su vientre, llegue finalmente a ver la luz, y dos personajes más (Luján La Veglia y Angel Piccarreta) que representan también la búsqueda de redención, son víctimas del “desasosiego vertiginoso en que se encuentra la Humanidad”.

Prometeo (Manuel Novoa), piensa, evalúa, compara la situación humana actual y potencial luego de la eventual posesión del fuego. Osa cuestionar a los dioses y finalmente, ayudado por Hefestos (Edgardo Píttaro), el guardián del fuego, (quien lo proyecta en diapositiva sobre una pared del escenario), decide que es “demasiado tarde para esperar al hombre y su historia”. Y a la famosa evolución que según los dioses, llegará por si misma en el momento adecuado. Y se rebelará: “hay voces de tragedias antiguas que me siguen para que yo las defina con mi sangre, porque sólo con la sangre podemos hablar de los que vertieron la suya por nosotros, antes de que nosotros diésemos la nuestra por los que han de venir”.

El desafío de actuar como “dioses que parecen hombres y hombres que parecen dioses” no es pequeño y es llevado a cabo por los 8 actores con seriedad y profesionalismo. Cada uno de ellos, da un matiz particular a su personaje, apasionado dramatismo (Luján La Veglia), seductora picardía (Susana Behrend), magistral ambigüedad (Marcelo Cornu), conmovedora desesperación (Julieta Mangone), desbordante ambición, (Angel Piccarreta), mezcla de instinto calculador y profunda humanidad, (Manuel Novoa), dominante pasión, (Oscar Trussi), y aleccionadora reflexión (Edgardo Píttaro).

Interesante y abarcador el efecto final de rotar el proyector “generador del fuego” por todas las paredes de la sala, y reproducir una serie de frases que serán leídas por los distintos personajes. En un momento la luz apunta al público, y nos involucra en el proceso y en la reflexión obligándonos a hacernos la misma pregunta escrita por la mujer en la pizarra. ¿Creemos en la utilización responsable del conocimiento y la libertad?. ¿Creemos en Prometeo? Cada uno tendrá su respuesta.

Publicado en Leedor el 1-6-2006