Samurai

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Lalo Garavano y Michel Noher aceptan un desafío: deben pasar con sorprendente naturalidad desde poéticos textos orientales a otros de desopilante humor durante el transcurso de “Samurai”.El camino del Samurai termina en la Publicidad.

por Marta Opacak

Una fusión de elementos de la cultura tradicional japonesa y medios audiovisuales de tecnología moderna, nos llevará por el camino de la comedia, aunque sin perder la profundidad del mensaje, a comprender cómo ven nuestros ojos occidentales a dos estereotipos de aquella cultura: un samurai (Michel Noher) y un comerciante (Lalo Garavano). Precisamente partiendo de una época histórica de crisis, en la que el Japón, dio el gran paso para acercarse a Occidente, con la apertura comercial del período Meiji.

Todos los ingredientes necesarios a tener en cuenta están en el “Samurai” de Nacho Ciatti.

La muerte, que para el Samurai es el principal tema de reflexión, aparece en la trama de la historia de Ceferino López. Los dos protagonistas, por razones familiares, reciben el mandato de viajar para matarse mutuamente. El azar reúne a estos dos hombres que jamás se habían visto en sus vidas y es el comerciante el que advierte primero, que el samurai que acaba de conocer, es su potencial asesino y urde un ingenioso plan para disuadirlo de averiguar su verdadera identidad.

La sombra, como generadora de belleza en las formas, se manifiesta desde el inicio mismo de la obra, en la manera en que la puesta elige presentarnos a los personajes. Antes de que sus cuerpos aparezcan en escena, vemos sus siluetas proyectadas en una de las múltiples pantallas. Y habrá más contrastes de valores y juegos de claroscuros, en las imágenes de clásicos de Kurosawa. Paradójicamente, (aunque sumamente útil para el enfoque de esta obra que intenta hacernos zanjar las diferencias de los opuestos enfoques), el primer cineasta que introdujo a occidente, en los misterios del País del Sol Naciente, fue considerado en su propia patria, como extranjerizante y poco representativo de la ideología japonesa.

La mujer, como un ser inseparable de la oscuridad, que crea el conflicto al recordar la inevitable dualidad, que atenta contra el principio Zen de búsqueda de la esencia, lo infinito, la eliminación de la contradicción. Aquí, la presencia femenina cumple el rol de tercera en discordia, que pone en peligro las ya de por sí, endebles buenas relaciones entre los dos compañeros de viaje. Sólo aparecerá filmada, como una evocación de la conversación entre aquellos.

No sólo se recrean en la obra, componentes típicos del pasado ancestral japonés sino, los que hoy en día tenemos asociados como característicos de esa nación: el video, la fotografía, los electrodomésticos y demás objetos de tecnología avanzada, el consumo y su particular publicidad.

Veremos reproducidas en pantalla con colores y actitudes que recuerdan un poco a la “manga” o comic japonés, escenas de expresiones de miedo del comerciante, de recuerdos del padre del samurai y de la mujer deseada por ambos.

A los dos actores, se les presenta el desafío de virar en sus discursos, desde un poético texto que trasunta la real filosofía oriental a otro de desopilante humor. Como por ejemplo una falsa conversación onomatopéyica de como nosotros nos imaginamos que hablan los japoneses cuando tratamos de imitarlos, o una búsqueda desesperada de una falsa casa samurai a la que supuestamente pertenecería el comerciante, que se valdrá, para conformar a su oponente de nombres de empresas actuales como Kenzo o Aiwa.

Ambos cumplen con la solvencia y simpatía necesarias, para provocar la sonrisa más de una vez. Ya sea manteniendo, como nosotros hablaríamos de una película hoy en día, una charla sobre una supuesta obra de Kabuki, frente a la que el comerciante dirá para no quedar demasiado mal: “Si, la vi, pero no la entendí”. O sobre una supuesta confesión del samurai, que careciendo de analista se tratará de dar fuerzas ante su frustrada vocación diciendo que a veces “el mandato paterno atenta contra la libertad individual”.

En el final de la obra, conoceremos a dos nuevas estrellas mediáticas en inesperados roles: un imperdible comercial publicitario “made in Japan“.

Publicado en Leedor el 15-5-2006

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