Hébenon

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“Hébenon”, el nombre de un antiguo veneno que, como los celos, nos corroe el alma da forma a una intrincada historia cuyo suspenso nos atrapa hasta el final. Hébenon, la clave del misterio esta en un bolero.

por Marta Opacak

¿Qué actitud tomar cuando nos invaden los celos? ¿Estallar en cólera? ¿Revisar nuestra conciencia para ver si estamos exagerando y creyendo ver cosas que no son tales? ¿O diferir nuestros deseos de venganza creando un maquiavélico plan de acción dentro de nuestra relación habitual con el “tercero en discordia”, para hacerlo caer en nuestras redes y descubrir la verdad?, Esto último, hizo el príncipe Hamlet, cuando supo que su tío, en confabulación con su madre, había envenenado mientras dormía a su padre, vertiendo hébenon en sus oídos. El sugirió el libreto de una obra de teatro a actores de su corte, en donde el protagonista era asesinado de la misma manera en que lo había sido su padre. Y por supuesto, una vez que ésta estuvo lista para ser representada, invitó a presenciarla a su madre y a su tío, para ver las expresiones de sus rostros cuando vieran cometer ante sus ojos, la réplica de su crimen vil.

Mauri (Jorge Albella) no tendrá, como Hamlet, la suerte que se le aparezca un fantasma y le cuente lo que realmente está pasando con lujo de detalles. El deberá arreglárselas con su propio ingenio para ver si Richard (Eduardo Leyrado), su compañero de trabajo, está involucrado o no, en el reciente cambio de actitud de su esposa Griselda.

Pequeños datos nos dan indicios de que algo anda mal, o como se dirá en “Hamlet” de que hay algo podrido en esta “Dinamarca” a la que la hitchcokiana trama del libro de Enrique Papatino convierte en una funeraria, donde el hébenon es un elemento de trabajo más, de los tantos que se utilizan para mejorar el aspecto de los cadáveres, que los dos amigos restauran y hermosean para ocultar los eventuales defectos que afeen sus apariencias. Richard, se muestra alegre, burlón, dispuesto a cambiar la solemne música de Vivaldi que escucha Mauri, por la de los Stones y hasta bailar “Entre la espada y la pared”, sin saber que en esa situación lo colocará a él la vida. Mauri lo tiene en la mira y él, de alguna manera lo intuye y toma sus precauciones.

El preocupado esposo, conservará la tranquilidad y seguirá con su plan. Querrá ver el comportamiento de Richard, analizar sus actitudes y decidir que piensa éste realmente de su esposa. Ella nunca aparece en la obra, pero se convierte en un personaje más, al ser constantemente evocada por ellos dos.

Un año de trabajo, llevo la concreción de este proyecto y el esfuerzo se nota.

La obra no tiene fisuras en la narración y el trabajado suspenso nos atrapa haciéndonos disfrutar hasta el final. Varias historias secundarias paralelas (la rutina diaria en un lugar de trabajo no convencional, la dudosa condición moral de los proveedores de servicios con los que se manejan, que hará exclamar a Richard: “¡Vamos a terminar como Al Pacino, matando a todos como en El Padrino!”, la ética de la concepción de un hijo) agregan interés a la trama.

Por supuesto gran parte de su efecto no sería posible, sin el excelente trabajo actoral de Albella y Leyrado, que si bien se conocían desde hace tiempo, es la primera vez que tienen la oportunidad de trabajar juntos. Y fue especialmente para ellos que Papatino, también a cargo de la dirección de la obra, escribió este libro.

Podemos interpretar que ese “cadáver”, que vemos en escena durante el primer tramo de la obra, simboliza a la verdad. Se la puede maquillar, camuflar, darle otro color y tratar de recomponer en apariencia, pero finalmente, saldrá a la luz. Y así sucederá con el misterio de nuestra obra. En el impactante final hay un secreto de esos que uno se lleva a la tumba y la clave, está en un bolero. No podemos adelantar cuál es, para conocerlo, hay que ver: “Hébenon“.

Publicado en Leedor el 29-4-2006