Locuración

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Con textos de Eduardo Pavlovsky, el grupo El soporte nos propone armar el rompecabezas de nuestra existencia, por medio de una dosis de “Locuración”.
Locuración. Armando el rompecabezas de la existencia.

Por Marta Opacak

Un globo que estalla, nos indica que ha comenzado la sesión de “Locuración“. Como brotadas de un jardín surrealista aparecen, a ras del piso, dos cabecitas. Distinguimos que se encuentran sobre un “cantero” con zonas delimitadas, formado por una plancha rectangular de madera que incluye grietas y algunas formas irregulares superpuestas. Pies, manos, torsos y, eventualmente, cuerpos enteros se irán integrando a ese espacio y desapareciendo dentro de él. Pero nunca abandonarán esa estructura, cuyo plano rectangular se rebatirá y nos dejará ver que detrás de una tela que lo circunda, los cuerpos también se expresan, dando increíble dinamismo a la escena con “el reverso de la existencia adormecida”.

A partir de la interrelación de los textos de 4 obras de Eduardo Pavlovsky, “Tercero incluido“, “Análisis en París“, “Parroquiano” y “Bicicleta molida“, el Grupo El soporte, integrado por Sofía Guggiari, Sebastián Llamas, Carolina Pavlovsky, Mauricio Zulueta y Eduardo Misch, juega con la idea de un hombre fragmentado, al integrar un todo disfuncional al que dan consistencia sus distintas patologías, que identificamos en el marco de la vida cotidiana a través de distintos vínculos: relación de pareja, ruptura de pareja, relación madre-hijo y alienante soledad.

En “Tercero incluido“, vemos cómo Anastasio (Sebastián Llamas) y Carmela (Sofía Guggiari), viven en mundos diferentes aunque compartan el mismo techo. El, siempre obsesionado por la violencia y a la espera del estallido de una supuesta guerra que sólo existe en su mente. Para eso, está armado y siempre alerta. Ella, con deseos de ser amada y feliz. Necesitando siempre de otros y buscando una vía de escape a su angustia.
“¡Yo quiero gritar de placer!”, dice Carmela, y la estructura escenográfica se convierte en una cama. “¡Cómo se ve que sos de la Capital!” responderá Anastasio, al que cuando nos muestre su torso, veremos que está enfundado en una remera de camuflaje del ejercito.

Cuando Carmela le diga que no debe confundir la vida privada con los conflictos exteriores, él responderá: “muchas cosas privadas hacen una guerra principal” El juego de cabecitas que hablan sin mirarse, oponiéndose, nos explican visualmente, que este conflicto de comunicación es imposible de solucionar.

Las referencias históricas a la política de los años 80, nos retrotraen a la época en que fue escrito este texto y a ese hito glorioso de nuestra escena nacional, que fue el movimiento “Teatro Abierto”.

Anastasio habla de Von Clausewitz y de distintas guerras históricas y Carmela, se imagina a Reagan internado en un hospital manoseando enfermeras o a Bush agarrando las caderas de Fidel.

“Vos sos argentina Carmela -dirá Anastasio- sabés esperar”. En esa época la palabra “esperar” para nuestro pueblo tenía un ansiado sinónimo que no figuraba en ningún diccionario: democracia. El 6 de agosto de 1981, una bomba provoca un incendio en el Teatro del Picadero, precisamente durante la representación de “Tercero incluido”, que lo mantendría cerrado durante 20 años, hasta su reapertura en el 2001.

Y el sueño de Carmela se cumplirá con ese “Tercero incluido” que le hará el amor detrás de la tela, donde veremos sus movimientos y gestos con gran vividez, en un efecto que nos recuerda al final de “Variaciones Meyerhold” de Pavlovsky, con el rostro del autor de teatro ruso, cubierto por una tela, víctima del verdugo de la censura.

Análisis en París“, fue creada en 2003 dentro del proyecto mexicano “El diván”, como respuesta a una convocatoria del director francés Michel Didym, que propuso a varios autores escribir una sesión de psicoanálisis para ser representada en el teatro.

Nuestra historia será la de un paciente tan feliz de estar en terapia, (Eduardo Misch), ¡qué piensa en pedir tener más sesiones mientras viaja por avión hacia Europa! Nos divertirá con desopilantes falsas asociaciones que pretenderán iluminar hasta al propio analista. Su amplia cultura, le ayudará a hacer falsos diagnósticos de sus problemas con supuesto conocimiento de causa y a pesar de aquella, argentino al fin, no podrá evitar sentirse superior, hasta frente a lo que considera más excelso. Por ejemplo, ser psicoanalizado en París puede ser para muchos, un “diploma” digno de poseer, pero nunca será comparable a tener el mejor fútbol del mundo, el patrimonio nacional argentino por excelencia.

“Nosotros ganamos dos campeonatos del mundo de fútbol y ustedes uno solo”…”Antes que tengan otro jugador como Maradona, va a tener que nacer otro Lacan” dirá convencido. Y también, “Si no fuera por los argentinos, me parece que ustedes se mueren de hambre. Por eso aprendieron el castellano rápido. Flor de negocio hacen con nosotros. ¡Franceses chupasangre!”

Aunque desde lo individual, volverá a empequeñecerse, ante la imposibilidad que tuvo para decir “te amo? a la mujer de su vida, aunque haga veinte años que está separado de ella. Y todo volverá a empezar con una nueva asociación: casamiento – “casa”……. “miento”.

Parroquianos” comienza con ritmo pausado, aparentemente narrando la relación de un apagado joven (Mauricio Zulueta) y su opresiva madre, de la que él se declara totalmente independiente aunque, entre otras cosas “sólo coma lo que ella prepara”. Y poco a poco, la cosa se complica. En una caracterización a la que todo cinéfilo que se precie no podrá dejar de asociar con el personaje de Norman Bates de la película “Psicosis” de Hitchcok, distinguiremos van saliendo de los labios del joven, dos discursos sucesivos: el suyo y el de su madre. Y el supuesto “dominador” que tenía todo bajo control, es invadido, como por las numerosas manos que recorren físicamente su cabeza masajeándolo, por tortuosos pensamientos “in crescendo” que irán dando lugar a frases perturbadoras. “¿Estás nervioso?”, “Dejame de joder mamá”, “¿Tenés fiebre?, dejame que te toque”. Y esta última frase, desencadenará el trágico desenlace: “¡cada una de tus células fabrica mi odio, mamá!”.

El texto de “Bicicleta molida“, recuerda a la poética surrealista del juego “el cadáver exquisito”. El mismo consiste en que cada jugador que participa, debe escribir en un papel una palabra y pasarlo al siguiente compañero para que continúe la oración. El que recibe la hoja, sólo podrá ver la última palabra que se escribió, y la oración no siempre tendrá un sentido lógico tradicional. El nombre deriva de la frase que surgió cuando fue jugado por primera vez : el cadáver exquisito beberá el nuevo vino. De esa particular zona, que se encuentra por debajo de la realidad que comparte la mayoría de la gente, surgen frases como: la bicicleta molida en estiércol. Enfundada en un overall blanco que cubre también su cabeza, Carolina Pavlovsky, transmite firmeza a cargo de este particular texto, que no carece de una poesía bella y evocadora.

Entre los integrantes de El soporte, encontramos actuaciones destacadas y muy parejas por su excelente nivel, un grupo compacto en todo sentido.

Múltiples roles para Eduardo Misch y Mauricio Zulueta, director y co-director respectivamente y encargados del diseño de escenografía de la crucial estructura mencionada, que podríamos decir tiene en el desempeño de la obra, la importancia de un actor más. Y por supuesto, el agregado del sello de la dinastía Pavlovsky en la presencia de la hija de Eduardo (Carolina) y su nieta, (Sofía).

Publicado en Leedor el 25-04-2006