Desde el jardín

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Genial sátira del comportamiento de los medios de comunicación para vendernos falsos mesías.Desde el jardín. Historia de la estupidez humana.

Por Marta Opacak

“Vivimos encerrados en un globo de genuflexiones”, le dirá el rico empresario Benjamín (Jorge García Marino) a Carlos (Alfredo Noberasco), jardinero de profesión. Y éste último le contestará, demostrándonos que entendió bien poco de la frase: “¡Que bien!”.

Más adelante, la esposa del empresario, E. E., (María Alejandra Bonetto), dirá de este mismo hombre: “¡Es un filósofo!”. El amigo de la dama y dueño de un importante canal de televisión, Pacho, (José Luis Calcagno), asombrado por las comparaciones alegóricas de aquél con los jardines, le preguntará: “¿Habla usted ruso?” ya que admitirá le recuerda a Krilov, un escritor de dicha nacionalidad, autor de fábulas al estilo de La Fontaine. Uno de los periodistas que trabajan para Pacho, (Dany de Alzaga) lo llevará como invitado de honor a su programa de opinión “Reflexiones” y el abogado del ex-empleador de Carlos (Néstor Pelliciaro) se retorcerá de rabia por su causa exclamando “¡Qué astuto como me engaño!”. Pero el broche de oro del “efecto Carlos Jardinero”, que irá creciendo como una bola de nieve durante el transcurso de “Desde el jardín”, será cuando el presidente de la Nación (Hugo Mouján) utilice la retórica de aquél, para su campaña política, con slogans tales como: “Para florecer juntos”.

El mensaje de Kosinski acerca de la esencia de la naturaleza humana en la obra, recuerda a otro best seller de los ’60: “Historia de la estupidez humana” de Paul Tabori. Esta es la época en que transcurre la misma, en el Washington DC de los Kennedy y comenzamos a meternos en ella al contemplar el diseño gráfico de H. Mouján del programa del espectáculo, al estilo de los retratos de celebridades de Andy Warhol. Tabori, concluía en el mencionado libro “¿Hay algo más característico de nuestra humanidad que el hecho de que el Thesaurus de Roget consagre seis columnas a los sinónimos, verbos, nombres y adjetivos de la “estupidez”, mientras la palabra “sensatez” apenas ocupa una?”

Y de eso está poblada la brillante adaptación de Edward Nutkiewicz: de una desopilante y aguda falta de sensatez humana, que nos retrata fielmente, uniendo a todas los estratos sociales por una común estupidez. Desde la de los más simples, como Carlos, que solo dice la verdad y repite lo que le enseño su única maestra, la televisión, hasta la más erudita, del director del canal o de E.E.. Ellos hablan idiomas, nombran a Borges, e integran comités de la U.N.E.S.C.O., pero no elaboran lo que reciben, sólo construyen una cultura ostentosa pero vacua. Sin dejar de lado tampoco, la manipuladora “sabiduría” de Benjamín o el Presidente, que toman lo que sea en tanto le sirva para que el público los vote o les siga dando poder económico.

La puesta de Néstor Romero, es sumamente adecuada para recrear la manía interactiva con lo mediático que quiere plasmar el espectáculo. Una tela blanca cubre el piso del escenario y su pared perpendicular posterior. Sobre esta pared se proyectarán imágenes, que nos irán ubicando en el jardín de la casa del fallecido millonario, donde Carlos pasó toda su vida, en la avenida, donde sufre el accidente que lo conecta con Benjamín y E.E., en la lujosa residencia de estos últimos, etc.

Del centro del escenario, brota un cablecito con un aparato de televisión (en realidad, monitor de video) que Carlos irá operando con su control remoto y desplazándolo por el espacio del mismo, junto con 2 o 3 sillas plásticas, también blancas, según necesidad. Tres televisores, permiten a los espectadores (cuyos asientos están ubicados en forma de U alrededor del escenario), ver las mismas imágenes que él ve.

Merece párrafo aparte, el video del programa: “Reflexiones“. La presentación comienza con una secuencia de imágenes fijas que incluyen una de una estampa medieval, otra de un impreso renacentista y luego una toma con varios planos de una muñequita actual con sus objetitos personales que incluyen un inodoro que vemos en primer plano. Equivale a decir, ¡todos los conocimientos de la Historia de la Humanidad, desde la antigüedad hasta el día de hoy, gracias a la nefasta acción de los medios de comunicación, se fueron por el caño!. Esta idea es reforzada por la decoración del set donde se filma el programa.
Carlos y el periodista se sentarán en un escritorio y detrás de dicho mueble, veremos una biblioteca con libros, cuyos lomos no tienen títulos. Es decir, todo lo que vemos por la televisión es pura apariencia, vacío de contenido, como éstos libros sin palabras, sin sentido.

Notable la labor de Alfredo Noberasco en su caracterización del personaje a quien Nutkiewicz llama “Carlos”. Tanto en la novela como en la película de Hal Ashby que protagonizó Peter Sellers, el personaje se llamaba “Chance”, que significa “oportunidad” o “casualidad” en inglés, circunstancias que cambian la vida del jardinero. Pero no tendría el mismo sentido respetar el juego de palabras en idioma castellano. La adaptación de su lenguaje corporal es excelente: siempre encorvando, caminando como un pequeño robot que acomoda todo como un diligente mucamo, mirando siempre a la gente de arriba abajo, pero no con gesto de desprecio, sino con el mismo gesto que uno hace cuando escudriña la pantalla de Tv..Y llevando el control remoto, que maneja casi como una “tercer mano”.

También la de María Alejandra Bonetto, brillantemente exagerada en su excéntrica E.E. (por Eva Elizabeth). Su escena de seducción a Carlos es uno de los momentos más hilarantes de la obra: Ella se le acerca en negligé. Se descubre, haciendo notar su ropa interior. Carlos, la mira a ella y mira a la pantalla de televisión, como buscando una respuesta acerca de como comportarse. ¡Y permanece impávido sin atinar a nada!. Actitud que repetirá frente a similar acoso, pero esta vez de manos de un caballero, el dueño del canal, Pacho O’Neldo (otro simpático pasaje al castellano del nombre de un personaje de la cultura, con alusión a Pacho O’Donnel, al revés).

Desde esta genial pintura de los años 60, a la que más allá de la universalidad de los temas, palabras tales como “inflación”, “exceso de impuestos” y “huelga” no le restan contacto con nuestra cotidianeidad actual, llegaremos hasta el final del espectáculo, donde presenciaremos el nacimiento de un nuevo “mesías mediático”, al son del “Aleluya” de otro Mesías, el del Oratorio de Haendel. El presidente de la Nación, encontrará un nuevo congresista para su gabinete. ¿Se imaginan quien es?

Publicado en Leedor el 19-04-2006