Kevental

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Kevental” es una fusión de danza, plástica y música que va a tener sólo 7 funciones. Ya pasó una. Sería un crimen para los amantes de las expresiones artísticas multidisciplinarias, perder algunas de las otras 6.
Kevental, acción de superficie. Un laboratorio de la entropía del movimiento.

Por Marta Opacak

Lo primero que atrapa la atención del espectador, cuando ingresa a la sala del Espacio del Callejón es el piso del escenario. En penumbras, agazapado, Germán Caporale, dibuja sobre dicho espacio con tizas. Se desplaza, convirtiéndose en un verdadero centro de interés móvil de la composición, y da el punto de partida para que nuestra vista, recorra el resto de los elementos de la misma.

Al hacerlo, es inevitable la asociación con el expresionismo alemán por el estilo de las tres figuras más pregnantes, que denotan influencia en el artista de Ernst Ludwig Kirchner. Frente a la primera fila de asientos se destaca el rostro de un hombre, que nos recordó al “Autorretrato del pintor como soldado” (1915) y un poco más atrás, se divisan dos desnudos femeninos similares al que aparece en dicha obra, o a tantos otros que plasmó genialmente el artista alemán de El puente.

Acompañan a los dibujos, breves textos, que no llegamos a leer. Sólo a identificar, a lo lejos, palabras sueltas de los mismos que parecen integrar las páginas de un manual de instrucciones de uso. Y el comienzo del show nos da la razón, pues lo son y el objeto de estudio a ser manipulado en la performance como elemento de análisis del movimiento, es el cuerpo humano, en las personas de Natalia Caporale, Dalilah Spritz, Germán Caporale, y Fabián Gandini. Es decir, de los integrantes de la compañía Contenido Bruto que dirige éste último.

La estrategia de trabajar también desde la plástica la dinámica del movimiento en la puesta, es una manera de contrarrestar con objetos que producen emoción, la frialdad que buscan proponer adrede, las impactantes coreografías, a cargo de Natalia Caporale, Dalilah Spritz, y Fabián Gandini, que están basadas en acciones mecánicas del cuerpo humano tomadas desde la rigurosidad del análisis científico. Voces en off, describirán pesos y medidas de los bailarines y mencionarán conceptos tales como “leyes de termodinámica”, “entropía” y “caos”, produciendo en la audiencia la sensación de estar en un laboratorio. Veremos, por ejemplo, a cada bailarín marcar con su dedo el recorrido de un tendón determinado, protagonista del movimiento que ejecuta un miembro del cuerpo de su compañero, que se “fragmentará y desarticulará, como máquina funcional que se mueve obstinadamente hacia la saturación”.

En este proceso de transformación continua de las formas en la superficie, es crucial el rol del diseño de iluminación a cargo de Marcelo Álvarez, que permite a los artistas, bajar la altura de las lámparas del techo para que iluminen sólo la parte del cuerpo que les interesa trabajar. Vemos figuras incompletas, por ejemplo torsos sin cabeza, que nuestra percepción termina de armar mentalmente en un todo, y nos recuerdan a las leyes de continuidad y cierre de la Gestalt. Surgen también, referencias a la dinámica futurista en un ejercicio que consiste en que uno de los bailarines, presiona con sus manos el abdomen de su compañero, y crea en su piel pliegues que la delicada iluminación hace similares a los planos en forma de “V” de las pinturas de Luigi Russolo, por ejemplo, “Dinámica de un coche” (1912-13).

Otra manera de apelar al público para completar el cuadro en el espacio escénico, es incorporar dos líneas de asientos a ambos lados del escenario, para que ocupen los espectadores que así lo deseen. Allí también se sientan los artistas, para hacer sus cambios de vestuario, realizado por Gabriela Fernandez. De características desmontables, permite ser transformado por los artistas en escena, con ayuda de los numerosos cierres que presenta para tal fin. Respeta en todo momento la tonalidad de los colores que vemos en las distintas pinturas, que también, a lo largo de la performance, se van desplegando en el espacio y pierden o incorporan distintos elementos. Encontramos citas a los estudios de movimiento de Francis Bacon, en una de las pinturas desplegables.

El tema de la tensión y el dramatismo, es llevado también a lo melódico. La canción “Blue moon”, es usada como leit motif y reiterada en varias oportunidades. Reproducida en grabación, cantada a capella por una de las artistas, o recreada por la otra en una versión dodecafónica. El final de este número, incluye un homenaje a John Cage, ya que cuando termina el grabador de reproducir el tema, oímos varios minutos de silencio amplificados por el micrófono.

La composición musical realizada por Claudio Garbolino y Silvina Gandini, incluye también música minimalista, ritmos latinos y algunos clásicos del jazz y la música pop como “Love me tender” y “Witchcraft” cantados por Sinatra.

El manejo escénico de los cuerpos de los 4 intérpretes es decididamente brillante, impecable, nos deja sin aliento. Son sólo 7 funciones y ya pasó una, sería un crimen para los amantes de las expresiones artísticas multidisciplinarias, perder algunas de las otras 6.

Publicado en Leedor el 15-04-2006