Flores rotas

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El último eslabón de una filmografía obsesionada por el tema del presente perpetuo.El presente es todo

Por Elizabeth Motta

Tan esperada por todos aquellos seguidores del genial Jim Jarmusch, Flores Rotas representa el último eslabón de una filmografía marcada por una temática constante: la idea del presente perpetuo. Éste, su décimo largometraje, ganó el premio Grand Prix en el Festival de Cannes del año 2005, y tuvo una aceptación mayor por parte de un público que no siempre se interesó por sus películas.

Bill Murray representa a un ?Don Juan envejecido?, a un casanova en plena decadencia, sentado todo el día frente al televisor, en una casa amueblada al estilo ?70´s. Con un pasado rodeado de mujeres, la actualidad lo encuentra totalmente solo y sin objetivo. Un día como cualquier otro, el correo le trae una carta escrita a máquina y sin firma, en un papel rosa y con tinta roja. Aparentemente escrita por una de las mujeres que alguna vez frecuentó, el contenido le comunica que hace 20 años ha nacido un hijo suyo, y que posiblemente lo esté buscando.
La llegada de tal noticia parece no haber afectado a Don Jhontson (con ?T?, aunque la similitud con el nombre del actor no es casual), quien se mantiene siempre en una actitud inanimada, inmóvil, casi inerte. Es su vecino y amigo Winston (su contracara) quien decide investigar vía internet las direcciones de las posibles escritoras de la carta y posibles madres de su hijo, para organizarle un viaje de búsqueda, luego de haber pedido a Don una lista de nombres.

Así comienza el relato, seguido por un viaje marcado por un solo objetivo: encontrar una máquina de escribir rosa, y la madre de su hijo. Decimos un solo objetivo, porque en realidad sólo queda en claro que busca un objeto o a una persona, pero en lo que respecta a su vida personal no se sabe bien si busca una posible familia, si a un hijo, o sólo sacarse una duda…Porque el personaje no da claves de su pensamiento, y sólo parece dejarse llevar por las circunstancias. Precisamente, uno de los rasgos característicos de los filmes de Jarmusch es el de crear personajes faltos de propósitos y con pocos rasgos psicológicos, cuyo futuro resulta inimaginable, y cuyo pasado, si sabemos algo, no justificará nunca ningún estado actual.

Porque Jarmusch realiza un juego constante con las convenciones narrativas, donde la predestinación pareciera romperse y sorprender al espectador, y hasta a veces lo engaña con sutiles y efectivos datos falsos sobre un posible final. Pero Jim no es Hitchcock, no busca dar vueltas a la trama y sorprender al espectador. Si bien siempre ha logrado quebrar con todas las expectativas, no lo hace dando vuelta el relato, sino simplemente estancarlo en su estado actual, no evidenciando cambio alguno. Toda su filmografía evita plantear transformaciones en sus personajes. Porque su cine es y fue siempre una metáfora sobre el tiempo presente y perpetuo. La temporalidad de sus relatos no presencia una evolución al estilo principio-desenlace-fin, donde se avista un pasado, un presente y un futuro. La actualidad de sus personajes pareciera representar un estado estanco e inmóvil. El tiempo que importa es el ?ahora? que éstos viven. Ahí es donde se mira, ahí es donde se inmovilizan y perpetúan.

Uno de los films que tematiza esta noción del presente perpetuo es ?Hechizo del tiempo? (Harold Ramis, 1993), donde, oh paradoja, también es protagonizado por Bill Murray. Allí se representa esta idea de un modo mucho más literal, donde el personaje se despierta todos los días en el mismo en la misma fecha, y donde todo ocurre del mismo modo, infinitamente.

La personalidad de Bill Murray parece encajar perfecto con lo que busca el director: es un actor que se expresa, sobre todo, con su rostro, con su gestualidad, y callado puede decir mucho más de lo que pueden sus palabras. Porque en Broken Flowers los rostros, los espacios y los objetos hablan por los personajes, los describen y representan. Así es como se van a caracterizar esas cuatro mujeres que el Don Juan visitará después de tantos años. Sus casas, los objetos que la habitan y las decoran, no están allí sino para hablar de sus personalidades, y completan esos silencios de la banda sonora. Pero también otros personajes menores adquieren el estatuto de objeto descriptivo, como el personaje de Sharon Stone que es, sobre todo, descrito por su hija, una niña llamada ?Lolita? que se pasea por la casa desnuda, masca chicle y se pone aros con forma de corazón; o como el marido del personaje interpretado por Frances Conroy, un vendedor de casas cuya extrema formalidad y simpatía no hace más que dar cuenta de los motivos de porqué su esposa no quiere tener hijos ?de él?.

Una película llena de detalles significativos que construyen un film ?poético agridulce? como lo definió el mismo director. Y podríamos decir muchas cosas más de esta pequeña joya, pero lo mejor de todo está en la sala, cuando comienza el film.

Publicado en Leedor el 13-04-2006