Cine independiente

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El infantilismo y una tosca sexualidad convierten a Shadows en un estudio de cierto sector social. De eso trataba el cine independiente norteamericano: empieza el BAFICI y en Leedor nos vamos a dedicar a una larga revisión de ese verdadero fenómeno de la historia del cine.CINE NORTEAMERICANO: LA INDEPENDENCIA Y EL PRECIO

Por Abel Posadas

?No me gusta todo el cine independiente. Lo que ocurre es que cuando uno forma parte de esos equipos sabe que está allí no sólo por dinero. En los otros casos es cuestión de hacer el numerito y embolsar el cheque?. Gena Rowlands

Es fundamental aclarar los siguiente, antes de entrar en materia: estos apuntes redactados desde San Juan y Boedo en Buenos Aires, Argentina, en poco pueden contribuir a lo ya muy analizado por los propios norteamericanos. La mirada, es, por consiguiente, estrictamente latinoamericana. Abel Posadas

Hace ya muchos años y cuando empezábamos el secundario uno de nuestros compañeros nos recomendó ir a ver BACHELOR PARTY (Delbert Mann-1957). No íbamos a ver películas norteamericanas por aquel entonces. Era el auge del Cinemascope y habíamos tenido experiencias desagradables. No hemos vuelto a ver aquella DESPEDIDA DE SOLTERO escrita por Paddy Chayefsky, aunque nos llamó la atención que nada importante ocurriera en una noche excepto la reunión de hombres hastiados, una mujer loca que hablaba del portero constantemente ?Carolyn Jones- y el solitario diálogo en un mingitorio. Sí nos dimos cuenta de que Chayefsky era un buen guionista ?luego supimos que llegaba desde la TV-. Estamos seguros de haber leído artículos sobre la así llamada CORRIENTE DEL ESTE pero aquella primavera duró muy poco, ya que la gente era absorbida por Hollywood casi de inmediato. En nuestro caso, ni siquiera estábamos enterados de la existencia de MARTY (Delbert Mann-1955) o de THE MIDDLE OF THE NIGHT o MEDIANOCHE PASIONAL (Delbert Mann-1959). La dupla Mann-Chayefsky conseguía, por aquellos años, un cierto respeto. Con once años de atraso vimos OUTRAGE o ULTRAJE (Ida Lupino-1950) y comprobamos que había intentos que iban un poco más allá del Hollywood acostumbrado.

No quisiéramos pasar por alto A COLD WIND IN AUGUST ?no sabemos el título en castellano- (Alexander Singer-1961), donde una bailarina de strip tease iniciaba una relación sexual con un adolescente de los sectores bajos de New York. Encontramos referencias a esta película en Pauline Kael pero, al menos en Argentina, muy pocos parecen haberla visto. En este corpus no había adornos ni glamour, y, si la memoria no nos traiciona, tampoco aquel espantoso technicolor habitual en las pantallas de los años 50 y comienzos de los 60. Tal vez pueda hacérseles una crítica arriesgada: eran televisivas en tanto y en cuanto no importaba en exceso el lenguaje sino los guiones. Aunque, al menos, había buenos libros, algo que no siempre ocurría con el mainstream de aquel entonces. Si alguien puede ver hoy día THREE COINS IN THE FOUNTAIN, LOVE IS A MANY SPLENDORED THING, THE COBWEB, LOVE IN THE AFTERNOON sin reírse a carcajadas, está necesitando una terapia urgente.

A todo esto hay que agregar lo siguiente: la cultura afroamericana tenía su propio cine que jamás llegó al exterior ?o para el caso a muy pocas salas de Estados Unidos-. Productores y directores negros intentaron ya desde 1914 con DARKTOWN JUBILEE entretener a una raza sojuzgada por los productos de Hollywood. El gran Paul Robeson comenzó en cine dentro de ese circuito y se conservan varias de las películas dirigidas por Oscar Micheaux. Algunas de ellas caían en la trampa de los blancos y ofrecían también estereotipos. Lo cierto es que, hacia fines de los años 20, había unas setecientas salas para esta producción afroamericana. No sólo los productores y directores sino que todos los equipos pertenecían a la raza negra. Poco y nada se supo de este movimiento independiente hasta los años 60 y, hasta el momento, el libro más importante sigue siendo “TOMS, COONS, MULATTOES, MAMIES & BUCKS” de Donald Bogle. Los investigadores blancos rara vez se preocuparon por esta fuerte corriente contracultural que despreciaba la imagen que Hollywood ofrecía al mundo con respecto a los negros.

De modo que cuando nos hablan de John Cassavetes y de SHADOWS (1960) habría que agregar que se trata de un director blanco que se ocupa del mundo de los negros. Y, peor aún, de los mulatos, aquellos que pueden pasar por blancos para encontrarse luego escarnecidos o repudiados. SOMBRAS, tal su título en castellano, bombardea la puesta en escena tradicional mediante planos que recurren a la parte por el todo ?rostros, manos, perfiles apenas esbozados- y todo ello en encuadres mínimos que no nos permiten sino intuir ambientes empobrecidos. Su estreno suscitó elogios de parte de la crítica pero escasa respuesta del público. Se lo contrató para que dirigiera dos películas con estrellas y no estuvo conforme con el resultado. Por lo tanto siguió ganando dinero como actor para invertirlo en su próxima aventura: FACES (1968). En esta historia de adulterios de una clase media acomodada el director utilizó a su mujer en la vida real, Gena Rowlands, en un rol no precisamente agradable. Profesional pero fuera de papel, Rowlands fue borrada de cuadro por Seymour Cassel ?con quien no comparte escena alguna-, ya que a cargo de este Chet a quien las mujeres casadas se levantan en una disco se encuentran actitudes y frases caras a Cassavetes. ?Nadie tiene tiempo para ser vulnerable?, admite el por entonces apuesto Cassel. El infantilismo y una tosca sexualidad convierten a este film ?con ocho horas de duración originaria- en un estudio sobre cierto sector social y, más aún, la imposibilidad de comunicación intersexual como sea en la cama. Los hombres olvidan a Jeanny ?aquí va la canción de Stephen Foster- en cuanto empiezan a dialogar entre ellos y las mujeres, con la excepción de la vieja que quiere recuperar su juventud, tratan a Chet como una presa para el use y tire. A partir de FACES y hasta llegar a LOVE STREAMS o TORRENTES DE AMOR (1984), la última película que vimos de este realizador, nos hemos preguntado cuál es el precio que se paga para evitar la soledad. Esta es sólo una de las posibles entradas a las largas películas de Cassavetes, donde los personajes tienden a autoflagelarse ?incluso con microsuicidios- dentro de un estilo en el que se rastrea la improvisación actoral, pero no de situaciones ni de texto. Hay un interesante dossier en la revista en papel FILM de octubre/noviembre 1996, en el que existe algún atisbo en Argentina para entrar a la obra de este hombre singular.

Si este realizador logró concitar la atención de la Academia ?fue nominado como guionista por FACES y como director por A WOMAN UNDER THE INFLUENCE (1974)-, sus películas jamás rindieron en boletería. Tampoco ayudó el hecho de que Rowlands, por su actuación en A WOMAN… fuera considerada para un Oscar. Al público norteamericano los planos secuencia de los que hace gala con mano maestra el realizador para narrar la historia del capataz con una mujer emergente de la locura familiar les resultaron excesivos. Peor aún es el espanto que provoca en el narratario la visión de una clase media baja sumida en la alineación afectiva y en la ceguera. El problema con Cassavetes es que no todo el mundo se siente atraído por el dolor que provoca una muerte ?HUSBANDS o MARIDOS (1970) con dos interpretaciones antológicas de Ben Gazzara y Peter Falk- y la ausencia de consuelo alguno, el autoengaño, la desesperación nihilista frente al sin sentido de la vida ?todo esto mediante la efectiva recurrencia a los planos secuencia de los que ya se ha hablado-. Cassavetes posee una fuerte raíz norteamericana y no es fácil rastrearle influencias. Por el contrario, es él, el que ha marcado a gente como Abel Ferrara.

Con presupuestos ajustados y un grupo de amigos, utilizando hasta su propia casa como en LOVE STREAMS, la pareja Cassavetes-Rowlands se ganó el respeto de sus colegas y de luego de la muerte del realizador en 1989 la actriz tuvo que seguir luchando y comenzó a trabajar sin darse tregua. Su consagración definitiva, a nuestro juicio, llega con el papel que le adjudicara Woody Allen en ANOTHER WOMAN u LA OTRA MUJER (1988). El legado de estos paradigmas ?de quienes sus amigos rara vez hablan en reportajes y tampoco Rowlands lo hace del alcoholismo de su marido- alcanzó ribetes inesperados en lo que a independencia se refiere. Reconocidos por la clase de público alejado del mainstream y de la TV pero olvidados a la hora de las prebendas y del reconocimiento del establishment. Por supuesto, fue algo que Cassavetes nunca quiso ni necesitó. Sin embargo y a la hora de la distribución, tal como comprobaría mucho después Peter Bogdanovich con THE CAT`S MIOW o EL MAULLIDO DEL GATO (2001) es necesario tener amigos en las casas distribuidoras.

sigue…

Publicado en Leedor el 12-04-2006