Miguel Ocampo

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En lo más pronunciado de la curva de la calle Talcahuano, en Buenos Aires, Ricardo Coppa Oliver acaba de instalar su nueva galería. Inaugurada con una muestra inmejorable: la de Miguel Ocampo y sus insinuados y solitarios.MIGUEL OCAMPO. Momentos en el paisaje.

Por Julio Portela

COPPA OLIVER Arte
Talcahuano 1287 ?A?. Buenos Aires.
Hasta el 24 de abril de 2006.

Allí donde las paralelas parecen juntarse por el trazado caprichoso en el tramo final de calles de Buenos Aires, en un aparente desafío a las leyes de la geometría, acaba de instalarse la nueva galería de Ricardo Coppa Oliver. Quizá ayudando a consolidar una nueva zona, propicia para el arte, estableció su elegante local justo en lo más pronunciado de la curva de Talcahuano.

En esta primera exhibición individual se ha elegido a un prestigioso plástico de larga trayectoria en nuestro medio y en el exterior: Miguel Ocampo.

Al iniciarse la visita comienzan los desafíos: podemos afirmar que la pintura de Ocampo es la de un paisajista.

En la mayoría de las representaciones pictóricas observadas no podemos encontrar a simple vista los detalles que permitirían identificar a los elementos del paisaje. Pero los colores empleados son los de la naturaleza expresados aquí en su aspecto artístico.

En alguna de las obras pueden distinguirse dunas movidas por el viento donde asoman arbustos con sus perfiles imaginarios que opacan las arenas.

En un tríptico de grandes dimensiones las superficies aparentan pastizales en un paisaje castigado por los vientos que bien podrían pertenecer a las llanuras pampeanas o a la Patagonia argentina. Mientras en este caso las pinturas aparecen cruzadas en diagonal de derecha a izquierda por un rayo que las ilumina con la fuerza que sólo se gesta en la naturaleza, la luz centelleante divide sin separar los colores para crear grandes planos de tonalidades sepia, verdes o amarillas.

Llegamos a una primera apreciación: los paisajes insinuados se corresponden con ambientes solitarios, de estepas, llanuras, sabanas, explanadas y podrían pertenecer a cualquier parte del mundo o existir sólo en la imaginación del artista.

La ausencia de títulos de las pinturas incentivan nuestra curiosidad respecto a la verdadera intención del autor. Sin embargo, encontramos en ellas elementos del paisaje en ese tratamiento subjetivo reservado sólo a los artistas.

Diferentes resultan los dos conjuntos de pequeñas pinturas colocadas en bastidores de ocho imágenes con momentos tomados de la naturaleza. En ellos los troncos, ramas y hojas en trazados esquemáticos o minuciosos y en algunos casos esfumados en las tonalidades de su representación, les otorgan gran delicadeza y permiten imaginar ese halo de misterio de los genios que moran en el árbol.

Recomendamos muy especialmente esta exposición de un gran maestro de la plástica argentina que los deleitará en esta interpretación del paisaje con sus colores suaves gobernados por la serenidad.

Publicado en Leedor el 10-04-2006

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