Perfectamente inocentes

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Buscados por legítima posesión de talento musical y contagiosa energía: Mariana Jaccazio, Johanna Sciar, Emanuel Gonzalez Castro y Alejandro Ibarra hacen “Perfectamente inocentes“.Pepper Top Singers – ¿Culpables o Inocentes?

Por Marta Opacak

Perfectamente “culpables” de legítima posesión de talento musical y contagiosa energía. Ese es el veredicto unánime de los espectadores que asisten a cada show de los Pepper Top Singers, en la Sala Colette del Complejo La Plaza.

Evidencias del “crimen” de esta feliz ” mezcla de vocal harmonizers, entertainers y un poquito de Barber shop“, como se los presenta en el programa del espectáculo, son una serie de clásicos del pop de las últimas décadas, de las que Mariana Jaccazio, Johanna Sciar, Emanuel González Castro y Alejandro Ibarra se apropian en dos modalidades opuestas. Una que va muy en serio, por el enfoque personal que dan a cada interpretación y otra, que lo hace en tono humorístico, dando forma a un resonante plagio que es el hilo conductor del show y el nexo de unión entre los distintos números.

Comienzan dramatizando acerca de cómo fue su camino a la fama, y recrean, apoyados por la voz en off de una locutora de radio estilo Daisy May Queen, los tics típicos de los participantes de concursos de caza de jóvenes talentos musicales, tales como “Popstars”, “Operación triunfo” o “Escalera a la fama”.

Torpezas varias, obviedades dichas como declaraciones grandilocuentes, supuestas influencias musicales convenientes y no tanto, que salen a luz a pesar de todos los esfuerzos por ocultarlas, despiertan la sonrisa, más de una vez.

Una simpática parodia del comportamiento “supuestamente espontáneo” que se debe tener en un casting, recuerda un poco por la posición en línea en el escenario, al de “A Chorus line”. Pero aquí, se lleva la espontaneidad al límite, a punto de hacer confesar su despiste a uno de los participantes, que suspende su discurso en un momento y pregunta: “¿perdón, para qué era este Casting?”. El color de voz de Mariana Jaccazio en su línea de “There’s no business, like show business”, de Irving Berlin recuerda a la cantante que inmortalizó ese tema: Ethel Merman. Y nos permite también, seguir estableciendo un cierto anclaje con la comedia musical, que si bien no es el género predominante de este show, tiene referencias muy claras a él. ¿Por qué si no, aparecería, detrás de la multitud que grita “Injusticia” y porta pancartas de protesta por el encarcelamiento de los Pepper Top Singers, Mariana, flameando una bandera de Francia al estilo de “Los Miserables”?

Efectivamente, a los Pepper Top Singers se los encarcela, ya que ellos no se consideran un grupo que hace “covers” de temas clásicos, sino composiciones de su propia autoría. “No sabíamos que las canciones eran de otros, ésto nos sorprende tanto como a uds”, dirán a los medios y nos darán la posibilidad de revivir, al mejor estilo del humor de vaudevilee, desopilantes escenas de diálogos telefónicos, en este caso con las madres de los integrantes del grupo, que recibirán todo tipo de excusas para justificar el delito de sus hijos. Pero ni ellas mismas los creerán “Perfectamente inocentes“.

No podían faltar entre las voces en off, que nos siguen contando los avatares vividos por nuestros héroes, los llamados para pedir sus temas por la radio de fanáticos incondicionales del grupo, como Fabio de Castelar (Max Devrient), Peppertopista de la primera hora. Y con él, también se apela en el show, a nuestra propia nostalgia de fans de estrellas pop de otras épocas, cuyas cualidades “artísticas” eran tan disímiles como los discos de Alta Tensión, los de Tremendo, Locomía o Los Parchís!

Digamos tambien que la labor coreográfica del grupo, recuerda a las figuras consagradas de la danza de los musicales clásicos, en este aspecto: se los ve bailar con tal naturalidad que parece que no hicieran esfuerzo alguno, al hacerlo. La prolijidad impecable de los números nos indicará que precisamente se requiere todo lo contrario, para lograr tal efecto. Doble mérito para Alejandro Ibarra, que también estuvo a cargo de la coreografía.

Son momentos de alta calidad artística y profesionalismo grupales la interpretación de: “I say a little prayer” de David y Bacharach, el arreglo a lo godspell de “Knocking on heaven’s door” de Bob Dylan y la seguidilla final de éxitos de Abba. Muy destacable, el rol de Matías Ibarra en los arreglos musicales.

Pero la joya del espectáculo decididamente, son las voces de los cuatro jóvenes y en particular la de las dos damas. Un raro placer para nuestros oídos, tan frecuentemente castigados por las desafinatas de la escena musical porteña, salvo por las honrosas excepciones del ambiente operístico.

Publicado en Leedor el 8-04-2006

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