Abre su rosal

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El 1º de abril se repone en Patio de Actores la adaptación de Yerma, con Georgina ReyPor Mercedes Vaccarezza

En el teatro existen personajes �monstruos�, aquellos que para el actor constituyen el reto por antonomasia, el gran desafío, el triunfo íntimo. Y aquí oímos los nombres de Hamlet, Otelo, Ricardo III, Medea, Antígona, Lady Macbeth, Bernarda Alba o Yerma. Su poder reside en ser pasmosamente bellos, es decir, en sostener la belleza allí donde se vislumbra amenazadoramente lo ominoso, el horror, lo siniestro. Cuando se intenta representar estos �gigantes�, por temor o por respeto, pareciera abrirse la receta de la enajenación. Y así, en vez de encontrarnos con humanidades llenas de riqueza y de matices que transitan hacia los límites de lo soportable y de la locura; se pierde, se desvanece esta delgada línea que los convirtió en clásicos, que los hizo trascender durante siglos y nos encontramos con seres que desde el comienzo parecen enfermos mentales sacados del Hospicio de Charenton realizando una poderosa catarsis.

La adaptación �Abre tu rosal� basado en Yerma de Federico García Lorca, peca en un principio de este tipo de alienación. La protagonista se retuerce en contorsiones y sobresaltos, con los ojos desorbitados recitando un Lorca que, en estas instancias, dista mucho de la locura. A medida que avanza la pieza, la interpretación va cobrando matices verdaderamente interesantes, cuyos mejores momentos se alcanzan cuando Yerma precisamente no es Yerma. Para una versión unipersonal, estos momentos son los más complicados y arduos de transitar en la actuación y son llevados a cabo por Georgina Rey con extraordinaria ductilidad.

En cuanto a la puesta en escena y a la adaptación hay ciertos recursos que se pueden calificar como excelentes, otorgando el máximo de expresividad con un mínimo de elementos muy bien elegidos. Así, por ejemplo, el cantero o maceta de metal, llena de arena y rosas brindan hacia el final un clima visual y un aroma que transporta al espectador hacia el espacio-tiempo de Yerma.

El vestuario se convierte en parte determinante del juego actoral y escénico, tanto por el manejo que la actriz hace de él integrándolo en la composición a la que suma calidad, como en la forma en que fue concebido para lograr este fin.
Otros recursos son menos acertados como el remarcar el deseo erótico-fértil de Yerma, representado en la figura de Víctor, a través de la masturbación. O subrayar el anuncio de un hijo que no será a través de un muñeco envuelto en luto. Golpes efectistas que quitan metáfora.

Georgina Rey ha diversificado su potencial como actriz al asumir también el rol de la dirección, afectando desvirtuosamente la totalidad de un producto que tiene la capacidad de dar más.

No es necesario en una obra, que todo en ella sea bueno para que valga la pena verla, sí que contenga en su conjunto las condiciones de un espectáculo digno.
�Abre tu rosal� en el Patio de Actores, deja en el espectador, la sensación de que ha invertido bien su tiempo.

Publicado en Leedor el 2-4-2004