Silueteadas

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¿Cómo representar lo que no está y crear la imagen del desaparecido? ¿Cómo representar ?ni muerto ni vivo, no tiene entidad? como dijo Videla, el dictador?

Silueteadas 83- 84
Una gesta popular
Fotografías inéditas de Guillermo Kexel
Documentación actualizada de Julio Flores
Organiza Departamento de Ideas Visuales
Centro Cultural de la Cooperación
Corrientes 1543, Buenos Aires
5077-8000 int. 8316

Horarios: Lunes a sábados de 11:00 a 22:00 hs. Domingos de 17 a 20:30 hs.

La imagen y el signo

Julio Flores
Del catálogo de la muestra de la Silueteada.

Pensamos las formas, pero ¿podemos pensar el espacio que ocupa la forma? ¿Cómo representar lo que no está y crear la imagen del desaparecido? ¿Cómo representar ?ni muerto ni vivo, no tiene entidad? como dijo Videla, el dictador? ¿Cómo pensar la imagen de los desaparecidos cuyo espacio ocupan otros militantes?

Un pequeño afiche del artista Jerzy Spasky publicado varios años antes, sugirió parte de la idea. En cada impreso había un dibujo de muchas figuras humanas, con este epígrafe: “Cada día en Auschwitz morían 2.370 personas, justo el número de figuras que aquí se reproducen”. El campo de concentración funcionó durante 1688 días y ése fue el número de ejemplares que se imprimieron. La cantidad de desaparecidos en Argentina era una incógnita (¿ocho mil, quince mil, veintiséis mil?) Hicimos otro razonamiento: si un adulto ocupa 1,75 x 0,60 m ¿qué superficie ocupan 30.000? Uno al lado de otro serían 18 km (desde el Congreso Nacional hasta la ciudad de Ramos Mejía) y acostados en fila -pie con cabeza- 52,5 km (Congreso-Luján). Conceptualmente, sería una medición espacial que ayudaría a comprender la magnitud.

Impreso en serigrafía sobre papel (o en un rollo de tela) de 0,60 x 52,5 km, ¿dónde ponerlo a secar? ¿cuánto pesaría?¿cómo moverlo?¿cuánto tiempo y material llevaría? A fines de agosto de 1983 Kexel contó que las Madres de Plaza de Mayo planeaban para el día de la Primavera hacer la IIIª Marcha de la Resistencia como homenaje a los jóvenes desaparecidos. El ámbito sería la Plaza de Mayo y sus alrededores. Si reuníamos a 300 artistas y cada uno hacía 100 figuras, se llegaría a las 30.000, que serían pegadas en las paredes y en cuanta cosa sirviera para fijarlas en las calles representando a los desaparecidos. Pero no era sencillo encontrar adherentes. Llegamos a la conclusión de que la obra debía abrirse a la participación de una manifestación. Imaginábamos empapelar el centro del poder. La idea estaba adquiriendo la cualidad de instrumento de lucha.

La figura humana vacía y de tamaño natural fue el signo que representaría a las víctimas de la desaparición. Cada figura debía verse única, múltiple e irrepetible y su procedimiento de realización debía ser socializado rápidamente para que todos participaran de la movilización. Socializábamos el rol del curador en el ?montaje? de las imágenes que interrumpirían la ciudad en una instalación colectiva, valorizando la discontinuidad discursiva y el impacto comunicacional. Ése era el concepto plástico y significante.

Cuando Kexel y Aguerreberry explicaron la propuesta a las Madres, el tema fue tratado en la mesa de coordinación cuidadosamente. El proyecto incluía la intención de ?realizar 30.000 imágenes de tamaño natural elaboradas por las entidades y militantes de distintos sectores que coinciden en reclamar sobre los derechos humanos? Las Madres y las Abuelas querían que las figuras no tuvieran rostro, nombre ni detalles en la vestimenta, y que se garantizara la imagen de la embarazada y los niños; sólo debían tener la inscripción ?aparición con vida? y pegarse erguidas, porque los desaparecidos debían ser considerados vivos. Esto último se cumplió siempre. Fue la primera modificación al proyecto presentado. El contorneado del cuerpo que usábamos Aguerreberry y Flores como metodología de enseñanza a los niños desde 1974 fue el que ofreció más perspectiva de realización. La sencillez del procedimiento permitía que cualquiera pudiera llevarlo a cabo, independientemente de sus conocimientos, en dos pasos plásticos (contorneo y fondeado) seguidos de otro de intervención fundamental: la pegatina en medio de la manifestación. La capacidad de sistematización de Kexel diseñó el esquema de producción. Días antes del evento, con material de nuestro taller y dinero aportado por las Madres, reunimos látex, pinceles, rodillos, papel y cartón para las primeras siluetas en cartón por recorte -a modo de sténciles- con que se imprimió en hueco y en pleno -positivo y negativo- una cantidad de imágenes en el Ateneo Libertad (Libertad 99) y en la sede de Intransigencia y Movilización Peronista, y que junto a las de los estudiantes llegaron a la Plaza el 21 de septiembre de 1983 a las 15 hs.

El taller de la Plaza

No había mucha gente cuando llegaron Kexel y Aguerreberry, quien recordaba el pobre equipamiento de ?cuatro pinceles, seis bobinas de papel, dos tachos de látex y alguna cosa más?. La llegada de manifestantes aceleró la tarea y la propuesta se modificó por segunda vez: las Madres salían de la ronda para decir el nombre del hijo o nuera o nieto, para que las figuras tuvieran identidad y fecha de desaparición, cambiando la consigna anterior. Antes, una silueta representaba a todos los desaparecidos, ahora cada silueta representaba a un desaparecido identificado. Los estudiantes de Bellas Artes llegaban con estudios de figura descartados y los fondeaban a rodillo; o dibujaban a mano, o imprimían con los sténcil o hacían acostar a los familiares y amigos para calcar la silueta. Uno leía en voz alta la lista de los desaparecidos y alguien los anotaba en cada figura. El rodillo incorporaba su textura o la de las baldosas de la plaza, el negro a veces era la silueta y otras el fondo. Se acomodaban piedras o pedazos de baldosas sobre los papeles para que el viento de la primavera no los volara. Me mezclé con los participantes como uno más, alentando la participación y ayudando en las sistematizaciones de la actividad. Idea y técnica estaban socializadas y las imágenes seguían modificándose.

Presencia de la ausencia

Los más jóvenes salieron a pegar en torno a la Plaza y las Madres acompañaron a cada grupo. El microcentro se llenó de las imágenes. En una esquina, policías bajados de un Falcon quisieron arrancar las figuras gritando que ?las siluetas nos miran? y fueron enfrentados por los militantes que estaban pegando los papeles y dos Madres que los acompañaban: “Ése que estás arrancando es mi hijo”, fue el grito de resistencia.

Me dediqué a dibujar a mano alzada en el piso mientras llegaban los manifestantes y se llevaban los papeles para fondearlos. Quería dibujar a algunos entrañables como Oesterheld, Walsh y mis amigos Dorigo y Polito.

Un nene de la mano de su mamá me dijo: -Hacéme a mi papá.

-¿Cómo era?

-Como vos, con bigotes y le caía el pelo en la cara, ¿no, mamá?

Obedecí y se lo llevó gritando: -¡Me hizo a mi papá!

Llegó un matrimonio de norteños. Él dijo, lentamente:

-¿Puede hacerme a mi hijo? Era como yo pero de su edad. Obedecí.

-¿Cuánto es?

?Nada, esto es una manifestación- me asombré.

-Discúlpeme, no sé cómo es esto. Nunca había venido a una.

Me quedé pensando, pero atrás aparecieron tres hermanitos rubios con su mamá. -Hacé a nuestros primitos y a mis tíos.

-¿Cómo eran?- pregunté, resignado. -Como nosotras, yo pongo el cuerpo- dijo la mayor, y se acostó decidida. Le siguieron los dos más chicos, y después la mamá. Para mí eso fue mucho y me fui a otra zona del taller. Todo funcionaba solo. Cada uno había encontrado el modo de ponerse en el lugar del que no está.

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