Impulso Adolescente

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En Impulso Adolescente el director Mike Mills explora las causas más profundas de la angustiosa vida adolescente.Una mirada sobre la angustia adolescente

Por Elizabeth Motta

Cuando la mayoría de los films sobre la adolescencia suelen retratar los problemas que tienen los jóvenes en la escuela, con sus amistades, o las dificultades con la sexualidad, en Impulso Adolescente el director Mike Mills intenta esquivar todas esas cuestiones para excavar en las causas más profundas de la angustiosa vida adolescente. El resultado es un drama psicológico e intimista, que no entretiene de lleno al espectador, pero le ofrece una muy inteligente y profunda mirada sobre la complicada etapa pre-adulta.

La historia cuenta la vida de Justin Cobb, un joven de 17 años que tiene un hábito bastante particular: se chupa el dedo. Esto que parece un acto patético no es más que el símbolo de su inmadurez, la expresión de una gran dificultad de abrirse al mundo, de crecer y dejar de ser niño. Consciente de su problema, pero ciego de sus causas, comienza a buscar una solución a esa actitud que pareciera arruinar su vida social, escolar e incluso familiar.

Luego de algunos incidentes menores, producto de sus impulsos, Justin realiza una visita al psiquiatra junto a su familia y a su profesor de escuela. El profesional le recomienda que tome unas píldoras (parecidas a la cocaína, pero bajo receta) que lo ayudarán a concentrarse en la escuela y a contener su ansiedad. El joven ve allí una posible solución a su problema, por lo que decide aceptar el tratamiento.
Las drogas le dan una seguridad enorme para desenvolverse en la escuela, hasta lograr el primer premio en un concurso de debates sobre temáticas sociales. Aparentemente, Justin ha dejado de ser una persona introvertida para convertirse en lo contrario. Pero ¿ha logrado su objetivo? ¿Ha encontrado lo que buscaba?. Pareciera ser que la droga no ha hecho más que transformar su extraño hábito de chuparse el dedo en una arrogancia insostenible que no le sienta. Ser un joven extrovertido no parece ser la solución a su problema.

Entonces ¿Cuál es su problema? ¿Qué lo angustia? ¿Qué busca realmente?. Estas son preguntas que no sólo se hace el espectador durante la proyección del film, sino también toda persona que se encuentre frente a un joven de 17 años. Es precisamente aquí donde se ubica el eje principal del drama, y a lo que apunta resolver el director. Por ello, cada secuencia del relato representará la búsqueda de una posible respuesta a esas cuestiones. Sin embargo, como hemos visto, sólo se encuentran algunas soluciones momentáneas (la solución al miedo a crecer de Justin viene de la mano de las drogas, por ejemplo), pero sin llegar nunca al final de la cuestión.
Pues, parece ser que lo que intenta decir Mike Mills con todo esto es revelar que precisamente la desazón del adolescente se trata de eso: nunca obtener respuestas últimas. En tanto el protagonista no pueda aceptar eso, es decir, en tanto no pueda reconocer que lo más importante es hacerse preguntas, y no sólo satisfacer todas sus inquietudes, no logrará superar su angustia ni podrá convertirse en adulto. Es en una frase que pronuncia el actor Keanu Reeves (quien, a pesar de interpretar un papel secundario ?el odontólogo- mantiene una importante presencia frente al resto del elenco por ser el único estelar), que podemos visualizar esta idea que sintetiza el punto de vista del relato: ?El secreto es vivir sin una respuesta?.
La película nos dice que un niño no se deprime frente a ciertas cuestiones (el hermanito le dice a Justin que se hace demasiado problema por todo) y un adulto aprende a vivir sin ellas (la madre le confiesa a un paciente que no tiene la solución para su hijo, pero eso no la inquieta y puede aceptarlo). El adolescente, por su parte, media entre ambos, es decir, ya no es niño para despreocuparse, pero tampoco es adulto para aceptar que no todo puede ser como uno quisiera. Su situación intermedia es la causa de su inquietud, de su inestabilidad y de sus miedos.
Además de este excelente planteo sobre los problemas más hondos de Justin Cobb, el libro cinematográfico incorpora un profundo desarrollo del contexto habitual del joven, como lo es la familia, el primer amor y los profesores de escuela. Cada uno se estos personajes es mostrado como un agente externo decisivo en la vida y actitudes del adolescente, que no siempre ejercen la mejor influencia. Por ejemplo, su profesor le propone a Justin mejorar su rendimiento escolar con un tratamiento psiquiátrico de drogas, cuando lo único que logra es transformarlo en un ?monstruo? orgulloso y soberbio. O su padre que, abrumado por el mal hábito de su hijo de chuparse el pulgar, decide escribirle las iniciales de su nombre en el dedo, sin considerar que su problema venía de una causa más profunda.

El título original del film es Thumbsucker, que literalmente significaría ?’Chupapulgar?. Impulso adolescente no es una traducción casual, sino que tiene que ver con una lectura freudiana, que ya desde la palabra ?impulso? nos dice mucho de cuestiones psicológicas inconscientes. Si miramos bien, en el film hay elementos que nos hablan de temas típicos de la teoría de Freud, como por ejemplo los sueños de Justin que representan realizaciones de sus deseos (luego de tirar las píldoras a la basura, sueña que las va a buscar al mismo tacho), o cuando el odontólogo (Keanu Reeves) le asegura que se chupa el dedo en reemplazo del pecho materno perdido. Como éstos hay otros ejemplos, pero eso ya merece una nueva lectura.

Publicado en Leedor el 17-03-2006