San Petersburgo

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Una islita llamada ?Las Liebres?, vigía en un recodo del cauce del Rio Neva, fue el lugar elegido por Pedro El Grande para instalar la piedra fundamental de lo que sería la futura capital de Rusia: San Petersburgo.SAN PETERSBURGO y Buenos Aires, ciudades con magia

Por Héctor Mario Portela

El Mar Báltico, recibe las aguas del Río Neva en el Golfo de Finlandia formando en la desembocadura un incipiente delta con arroyos y riachos. Entre pinos y abedules recorre un corto trecho desde su nacimiento en el Lago Ladoga. Una islita llamada ?Las Liebres? se halla como vigía en un recodo del cauce. Fue el lugar elegido por Pedro El Grande para colocar la piedra fundamental en el año 1703 de la fortaleza con esquema de ciudadela que llamó Pedro y Pablo. Nacía San Petersburgo, futura capital de Rusia que albergaría a los zares de la familia Romanov por más de los dos siglos y se constituiría en uno de los emprendimientos mayores de la historia humana.

En la misma época, en el opuesto Hemisferio Sur, una pequeña aldea con aspecto comenzaba a transformarse en ciudad al despertar un largo letargo. Surgía al principio del Siglo XVIII las primeras construcciones importantes de la Ciudad de Buenos Aires. Dos ciudades se abrían a la arquitectura europea, San Petersburgo en las estepas rusas, Buenos Aires en las llanuras sudamericanas.

Miles de trabajadores intervinieron en la construcción de los canales y puentes de San Petersburgo con la necesidad de solidificar las tierras anegadizas. Se comunicaron las islas y en la de Las Liebres se levanto la Catedral se San Pedro y San Pablo, obra del ingeniero suizo Domenico Trezzini, de estilo barroco holandés con gran torre y aguja dorada rematada por un ángel con la cruz. Junto con la Cabaña de Pedro, primer refugio del zar, fueron los edificios iniciales de la ciudad de San Petersburgo.

Alejandro Nevski fue un príncipe que gobernó Rusia en el siglo XIII. Pedro el Grande puso su nombre en la principal arteria de San Petersburgo. En corto recorrido cruza la península que forma el Rió Neva, nace al sureste en el Hotel Moskva, construcción moderna de mediados del siglo XX de estilo staliniano y terminaba al oeste en la Torre del Almirantazgo.

La torre del Almirantazgo, sede de las fuerzas navales, se edificó a principios del siglo XIX con antiguo proyecto elaborado por Pedro El Grande. De líneas neoclásicas, es simétrico con gran arcada de acceso y alta torre con aguja dorada y veleta en forma de barco, de color ocre muy al estilo holandés al que era afecto el zar. Entre el inicio y el final, la avenida esta jalonada por edificios de gran notoriedad.

Frente al hotel Movska se halla la Iglesia Renacentista de la Necrópolis; más adelante por la Avenida Nevski la Estación Moscow del ferrocarril que va a Moscú en barroco ruso, con los clásicos colores verde y blanco; la Iglesia Vladimirskaya , de elevada torre central; avanzando está la Plaza Ostrosokogo con la estatua de Catalina II la Grande; el teatro de Alejandro; y la pequeña callecita del Arquitecto Rossi conocida como ?Calle Del Teatro? o de ?Rossi? con casas iguales de dos pisos; por la misma vereda se encuentran los Grandes Almacenes Gostinyy semejante a los Gum de Moscú; cruzando el canal Gryboyedoba podremos contemplar la Catedral Nuestra Sra. de Kazan devenida en museo con columnata berniniana en semicírculo y al finalizar la avenida hay cuatro obras maestras de la arquitectura rusa: la comentada Torre de Altamirantazgo; el Hermitage, que fue palacio de los finazares y museo; construido por el arquitecto Bertolomeo Rastrelli a mediados del Siglo XVII en estilo barroco, con muchos detalles rusos, pintado en verde y blanco enfrentado al edificio cóncavo del Ejército Zarista, ambos separados por la Gran Plaza del Palacio con la columna granítica más alta de Rusia en homenaje al Zar Alejandro I que sucedió en el trono a su padre Pablo I. Completa el conjunto la Catedral San Isaac del Siglo XVIII del francés Auguste Monfferrand, con reminiscencia de la Basílica de San Pedro de Roma, en este edificio se destaca la gran cúpula rodeada de esculturas de ángeles. Detrás está la Plaza de los Decembristas, por la represión al levantamiento popular de 1825, con el monumento a Pedro el Grande de Etienne Falconet conocida como ?El Caballero del Bronce? con mirada en dirección al Río Neva que pasa a sus pies.

Como Buenos Aires, San Petersburgo tiene barrios con tesoros ocultos. El neoclásico Teatro de Opera Malyy y la Iglesia Ortodoxa Vostriseniya Khristova (La Resurrección de Cristo) se encuentran a orillas del Canal Griboyedova y conforman un núcleo arquitectónico de alto valor artístico. En la iglesia se manifiesta el arte religioso ruso con torre central y ocho cúpulas bulbosas semejando tiendas de campaña. El estilo es eclético con puerta de entrada y tímpano decorado en cerámica pintada con motivo religioso. La magnificencia de estas dos obras de arte se proyectan en las aguas del canal. En paralelo, Buenos Aires posee en el barrio de San Cristóbal una muestra fiel del arte gótico con la Basílica de los Padres Misioneros Pasionistas, construída a fines del Siglo XIX y comentada en el artículo de este barrio.

Al noreste del centro de San Petersburgo, el Memorial Piskarevskoe con la estatua alegórica de la Madre Patria Rusa, es el cementerio de los muertos por la agresión nazi en la II Guerra Mundial. En los años 40 la ciudad estuvo sitiada más de dos años muriendo miles de sus habitantes por acción del hambre, el frío y las bombas destructoras. En verano recibía alimentos por el Báltico y el Neva Navegable. El drama se producía en invierno al congelarse las aguas. El ingenió suplió, en parte, el dolor y la angustía al ingresar camiones con provisiones circulando por el hielo del Rio Neva. Muchos se ahogaban en las aguas heladas por el peso de sus cargas. El Piskarevskoe es un recuerdo del dolor sufrido.

En la recta del semicírculo que forma en un codo el Neva está el Palacio y Museo Hermitage, símbolo de los zares y San Petersburgo. En el arco la Isla de las Liebres; la Mezquita Islámica y los Museos de Artillería y Naval. Los puentes Troitskiy Dvortsovty, con sus dos columnas Rostral, se hallan en los extremos de la base.

En el Hermitage el Neva se bifurca. Desde su terraza se contempla en el horizonte la vastedad del mar Baltico. El paisaje envuelve ese Relicario del arte. Las salas del museo se suceden y los espacios comunes impresionan con sus columnas, esculturas y escaleras de mármol. El trono de Pedro el Grande está delante de un gran mural con el mapa de Rusia hecho con piedras preciosas, lo sucede la Sala de Malaquita y de los objetos escitas. Cantidad de lugares grandes y pequeños cobijan pintura primitiva, clásica, moderna y contemporánea. Hay Leonardo, Miguel Angel, Greco, Velázquez, Goya, Rembrandt, Durero, Reynolds, Delacroix, Corot y mucho impresionismo. A Edouard Manet lo acompaña Claude Monet, Renoir, Degas, Cezanne, Van Gogh, Paul Gauguin e importante colección de Henry Mattisse y Pablo Picasso. El arte acerca a los pueblos y hace comprensible sus culturas. El Bellas Artes de Buenos Aires y el Hermitage de San Petersburgo coinciden en los Manet de la primera época y en los Gauguin de la etapa tahitiana. En el Bellas Artes la Mujer Sentada de Gauguin tiene afinidad con la Maternidad del Hermitage, predominan en las composiciones las diagonales y en los colores ocres, verdes y azules. El arte acorta las distancias.

El Museo Ruso muestra la historia de la pintura de íconos con su primer gran maestro Andrei Rublev, fundador de la Escuela de Moscú. También hay colección de tallas de madera policromada. En artes aplicadas se exhiben cerámicos, vidrios y metales decorados a fuego. Otros museos se refieren a la Revolución Rusa encabezada por Lenin; historia de la música y literatura.

En el Siglo XVIII se construyen una serie de palacios de verano en las afueras de San Petersburgo. En el primer cuarto del siglo Pedro I visita París y se entusiasma con los de Versailles y Louvre. Contrata al arquitecto Alexandre Leblond para que planifique San Petersburgo y continúe las obras de los Palacios Petrovorets en la localidad de Novyy Peterhof y Catalina I en Tsorkoe Seló (actual Pushkin) a los que le imprime un carácter francés en desmedro del holandés. Años después de la muerte de Leblond se hace cargo de las obras el arquitecto italiano educado en Francia Bartolomeo Rastrelli que asocia a los estilos barroco italiano y francés, el gusto ruso. Nace el Barroco Ruso que a los primitivos amarillos, ocres y blancos del holandés, agrega verdes, azules y turquesas. La ciudad del agua con sus distintos matices, se viste de colores.

Petroverets ubicado a orillas del Báltico, es el palacio más impactante. De gran fachada simétrica y cúpulas en los edificios de los extremos, está pintado con los amarillos de San Petersburgo. Posee salas de exposición de muebles y adornos de la época. El jardín con esculturas y fuentes de agua, desciende hacia el Mar Báltico. En el parque hay varias construcciones donde se destacan el Pequeño Hermitage y el Palacete Marly, desde donde Pedro I observaba el movimiento de la flota de mar.

Al sur de San Petersburgo se halla el Palacio de Catalina I. La extensa fachada es de color azul, con importante edificio de cinco cúpulas bulboas en el ingreso y Pequeño Hermitage en los jardines.

En el último tramo del siglo XVIII, Catalina II, La Grande, hace construir una mansión en las inmediaciones del Palacio de Catalina para su hijo Pablo, futuro zar, de líneas neoclásicas renacentistas en semicírculo, con edificio principal de gran cúpula-tambor.

El poder de los zares se afianza en el siglo XIX. En la segunda década Alejandro I expulsa los ejércitos de Napoleón; en la tercera Nicolás I reprime en la Plaza de los Decembristas un levantamiento popular. San Petersburgo florece artísticamente, surgen autores musicales como Piotr Ilich Tchaikovski, Nicolao Rimsky-Korsakov y Modesto Mussorski con óperas, sinfonías y ballets. Se inaugura el Teatro Mariinkiy (actual Kirov) edificio barroco y rococó de armónica belleza arquitectónica y ornamental. En literatura sobresalen escritores como Alejandro Pushkin con sus libros ?El prisionero del Cáucaso? y el drama ?Boris Gudonov?; Fedor Dostoievski con ?Crimen y castigo? y ?Los hermanos Karamasov?; León Tolstoi, ?La guerra y la paz? y ?Anna Karennina? y Antón Chejov con ?La gaviota? y ?El jardín de los cerezos?. En las artes plásticas se trabaja casi en exclusividad en la elaboración de íconos religiosos. El XIX es un siglo de esplendor en la multifacética San Petersburgo.

En el siglo XX San Petersburgo sufre las consecuencias de revoluciones y cambios políticos. Abdica el zar Nicolás II, último Romanov. Asciende al poder Vladimir Ilich Lenin después de una cruenta revolución e instala el comunismo como gobierno. San Petersburgo deja de ser la Capital de Rusia y cambia de nombre, primero omo Petrogrado y luego Leningrado. La ciudad se interna en las sombras de un largo siglo. La arquitectura se deprecia y muchos edificios cambian de destino o son destruidos. El Hermitage recibe las últimas donaciones de obras de arte que son pinturas de Henry Mattise y Pablo Picasso. Se prohiben las manifestaciones religiosas y soporta el estigma de sangre de la Segunda Guerra Mundial. Desde el cañonazo de la Corbeta Aurora, anclada en el Neva, que anuncia el inicio de la Revolución de Octubre de 1917 hasta la perestroika, glasnot y Caída del Muro de Berlín en los años ´90, San Petersburgo es una ciudad olvidada en un lejano rincón de Rusia.

El helado Neva cruje con la llegada de los cálidos días del verano. Renace San Petersburgo con el milagro de las Noches Blancas en la unión del crepúsculo y el amanecer. Las aguas del río se abren en miles de estrías de hielo que navegan hacia el Báltico en forma de notas musicales. Las aguas gris-amarronadas del Neva se confunden con las azul-verdosas del Báltico.

Pasaron las oscuras y silenciosas noches invernales y las calles, plazas y paseos se cubren de alegría. La magia del sol en verano será breve, para retornar a la nieve y el frío del largo invierno.

Sitio recomendado: www.sanpetersburgo.com

Publicado en Leedor el 14-03-2005