Desayuno en Plutón

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La búsqueda de la identidad según Neil Jordan, Patrick Mc Cabe y una cuidadosamente elegida banda de sonido con clásicos del pop y del rock en Desayuno en Plutón.Desayuno a la irlandesa. Del confesionario al “peepshow” en la búsqueda de la identidad

por Marta Opacak

“Todo arte debe aspirar a ser música” – Patrick Mc Cabe.

No ha pasado inadvertido a los ojos de Neil Jordan que, Patrick Mc Cabe, autor de la novela que da título al film, además de escritor, es músico. El rol de la banda de sonido en la adaptación cinematográfica de su novela “Desayuno en Plutón” es fundamental. Pero su construcción no es al estilo de “Moulin Rouge“, donde las letras de las canciones que se tomaban, eran los diálogos textuales de los personajes. Aquí cada canción ayuda a definir el perfil del protagonista, y las cosas que le van sucediendo a lo largo de su vida, que se nos muestra en pantalla, con capítulos numerados y sus correspondientes títulos. Algo similar a lo que hizo Scorsese en “Casino“.

La música reafirma lo que Patrick o, mejor dicho, Patricia Braden, como decidirá llamarse de adulto, nos va narrando en primera persona. Enfatiza dicho enfoque personal la misma tipografía elegida para los mencionados capítulos que tiene la apariencia de letra manuscrita en el diario intimo de un/a adolescente.

El elemento de la fantasía está presente en toda la película. Desde su mismo comienzo en donde dos petirrojos, al son de “Fly robin, fly” (“Vuela, petirrojo, vuela”) de The Silver Convention, por supuesto, comentan entre sí cómo Patrick – bebé es abandonado en el portal de una iglesia por su madre, que trabajaba allí haciendo la limpieza y recibido por el sacerdote, que mas adelante descubriremos, es su padre biológico.

Continuarán sus penurias durante su crianza, a cargo de una desconsiderada madre adoptiva, que lo será aún más cuando descubra sus tendencias sexuales, inaceptables para su pueblito extremadamente provinciano y severamente católico de Irlanda, similar al pueblo en que nació y pasó su infancia el propio Mc Cabe.

Pero Patrick no será un niño triste, a pesar de sus sufrimientos. Sino, como definiría el personaje del padre Bernard, a cargo de uno de los “actores fetiche” de Jordan, Liam Neeson, es un niño que “utiliza la risa para luchar contra las circunstancias”.

En momentos dramáticos del film (cuando es torturado a golpes por la policía londinense, que sospecha que al ser el único irlandés presente en un pub en donde estalla una bomba, necesariamente debe ser miembro del IRA) decide, ya que no le creen que es inocente, inventar una historia tan inverosímil que le salva la vida: él está en Londres porque es una especie de “Chica Bond del IRA” y protagoniza hazañas heroicas que recuerdan al cuento de James Thurber, “La increíble vida de Walter Mitty”. Mitty era un hombrecito de vida gris que soñaba despierto ser todo lo contrario. Este cuento fue llevado al cine en 1947 dirigido por Norman Z. Mc Leod y protagonizado por Danny Kaye.

Volviendo al tema de la música, se trata de composiciones no originales en su mayoría, salvo por algunas pistas compuestas por Anna Jordan, la hija de Neil y las dos composiciones que interpretan Billy Rock (Gavin Friday) and the Mohawks con la misma Patricia: “WigWam Bam” y “Arena”. Son principalmente clásicos pop de los ’60 y los ’70, aunque entre la música extra diegética, rescatamos también a Duke Ellington y a Haendel junto con un tema de “El hombre quieto” de John Ford.

Luego de varias reiteraciones, aprendemos también a reconocer leit motifs para los sentimientos de Paddy: si oímos “Honey” de Bobby Goldsboro, sabemos que se está por enamorar, si en cambio pasamos al clásico de Michel Legrand “Los molinos de tu mente” cantado por Dusty Springfield, que teatralizará el dolor de la infructuosa búsqueda de su madre, en un acto como partenaire del mago Stephen Rea, el otro de los actores “fetiche” Jordanianos del reparto. Con “Hijos de la revolución”, de los T Rex, sin duda preveemos se avecinan problemas y en una oportunidad, casi lo ahorca Bryan Ferry, (cantante de Roxy music y verdadera “cita viviente” de lo que fue el “glam rock” de los 70) al compás de “Feelings” de Morris Albert. Son los estribillos en la lograda musicalidad que quería Mc Cabe para las obras de arte.

La caracterización del personaje de Patricia realizada por Cillan Mc Murphy es memorable. Aunque la historia tiene mucho de melodrama, el tratamiento de los temas no llega en ningún momento a ser kitsch o vulgar. Patricia conmueve con su búsqueda de la verdadera identidad, y del ansiado afecto con un romanticismo incurable, que la hace emocionarse en medio de la calle, contemplando en el televisor de una vidriera, la proyección de “Angustia de un querer” de Henry King, mientras escuchamos el tema principal de esa película, “El amor es un cosa esplendorosa”. Aunque traducido a su mundo y a su trabajo, signifique encontrar a un cliente ideal que está dispuesto a pagar y comprarle todo lo que ella quiera.

Se le puede reprochar a Patricia, su desinterés por las causas políticas de su país, a diferencia de su amigo Irwin o de su primer amor, Billy, el cantante de Billy Rock and the Mohawks. Pero hay también quien la ve como una personificación de la Irlanda de los conflictos con el Ulster, que soportó intolerancia, opresión, injusticia, desarraigo y un vendaval de muerte de sus seres queridos.