El método Grönholm

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Un ejercicio de Selección de Personal, como alegoría de la pérdida de escrúpulos para sucumbir a las tentaciones del poder. Jordi Galcerán nos convoca a preguntarnos “¿Cuál es tu límite?”El método Grönholm

Por Marta Opacak

“Todavía hay lugar en la cima, ya verás” / “pero primero aprendé a sonreír mientras matás”. John Lennon – “Héroe de la clase trabajadora” – 1970

La obra transcurre en un espacio frío y solitario. Todo un “no lugar” de Marc Augé. Sobre un panel vidriado de fondo con una puerta, un sofá, un sillón y un poco mas atrás, un estante con 4 vasos y botellas de agua. Es la sala de espera anterior al espacio de entrevistas, de una multinacional. Este verdadero “laboratorio” tiene como “ratoncitos” de experimentación a cuatro candidatos, que se van sumando lentamente. Todos han pasado por la misma cantidad de entrevistas y son finalistas para un puesto de Gerente de Ventas.

Al ver que el entrevistador no aparece, comienzan a conversar y a inquietarse. ¿Será que los están filmando? De repente de la parte lateral del panel, se abre un hasta entonces inadvertido cajón con un sobre que les dice que uno de los candidatos no es tal cosa, sino miembro del staff de Recursos Humanos de la empresa contratante y que su tarea es descubrir quien es. El que lo logre, habrá dado el primer paso para quedarse con el puesto.

Y aquí empieza un juego macabro donde se verá todo el muestrario de aptitudes y bajezas que cada uno está dispuesto a hacer para manipular a los otros postulantes sacándoles información y al mismo tiempo venderse y mostrarse adecuado a los intereses de quien le ofrece trabajo. Pero, ¿será eso lo que la empresa espera de ellos?.

Este sometimiento voluntario a la obediencia, recuerda un poco al experimento más famoso dentro del campo de la Psicología social: el de Stanley Milgram, recreado en la película “I como Icaro” de Henri Verneuil. Este demostraba que amparados en la obediencia a la autoridad, algunas personas eran capaces de llegar incluso a la tortura y el asesinato. El experimento era publicitado por un aviso en el diario donde se convocaba a participar de una actividad educativa en la prestigiosa Universidad de Yale (=Autoridad Científica). Se pagaría a cada asistente 4 dólares y el costo del viaje. Allí, ellos serían recibidos por un supuesto experimentador (en realidad, un hombre con una bata blanca) y conocerían a un supuesto compañero que, también participaría en la investigación en el laboratorio.

Mientras que el supuesto compañero parece estar un poco nervioso, (como el personaje que finalmente se identificará como perteneciente al área de Recursos Humanos de la empresa en “El método Grönholm“), el experimentador se muestra seguro de sí mismo, explicando a ambos el objetivo del experimento: comprender mejor la relación que existe entre el castigo y el aprendizaje.

Uno de los participantes haría de maestro (por supuesto, el verdadero participante) y el otro de alumno. El maestro leería pares de palabras al alumno y este debería recordar la segunda palabra del par. Si fallaba, el maestro le daría una descarga eléctrica para reforzar el aprendizaje. El sorteo de roles se realizaba sacando papelitos de una caja, similar al cajón de nuestra obra, en el que también habrá sobres con ejercicios de “rol playing”, como el del juego de los sombreros. El sombrero que toca en suerte a Goity, y la canción “El puente” con la que acompaña su representación de rol, es de los momentos mas hilarantes de la obra.

Volviendo al experimento de Milgram, los dos papelitos dicen “maestro”, para que el verdadero participante se vea obligado a representar ese rol. El deberá dar las descargas al supuesto alumno que por supuesto se equivocará y gritará de dolor a causa de las mismas. Y finalmente, semidesmayado, se recompondrá y reconocerá que está simulando, y que no ha sufrido ningún mal. Pero a esta altura, los verdaderos experimentadores, saben hasta donde fue capaz de llegar el real participante.

El método Grönholm“, también tiene un secreto para descubrir, que hace dar un giro de 360° a la historia, convirtiendo a las víctimas en victimarios a los ojos del espectador.

Y los personajes de “El Método….” serán capaces de provocar muertes y torturas no físicas, “con una sonrisa en los labios” como decía la canción de Lennon. El pico máximo de crueldad, luego del mencionado vuelco narrativo, lo vemos en una frase dicha por Alejandra Flechner: “¡a la yugular”! Parece una guerra a muerte. Están dispuestos a todo. Por ejemplo, el personaje de Goity se ofrece “a bailar desnudo arriba de un sofá para conformar a los suecos del método Grönholm”. El de Alejandra Flechner, recibe un llamado por el celular diciendo que su madre ha fallecido, y decide continuar en el ejercicio de evaluación. Obedecen ciegamente, aunque aquí la autoridad no se llame Universidad X, sino Poder y Dinero.

El peso interpretativo de la obra descansa sobre el contrapunto actoral de Gabriel Goity y Jorge Suarez, brillantes ambos, y la tercer pata que sostiene esta mesa es Alejandra Flechner, firme, correcta y precisa. Martín Seefeld, comienza con algunas debilidades pero su personaje aparece con mas fuerza al final de la obra.

“¿Conoce la salida? “Si bien no vamos a contar aquí, el final de la obra, la última línea de la misma es la otra pregunta clave de Galcerán. Y aquí no apunta a cada uno en particular cómo en el primer caso, sino a la sociedad entera. ¿Alguien conoce como escapar de este sistema siniestro del “tanto tienes, tanto vales”, que hace a los personajes y a cada uno de nosotros en distinta medida, a sucumbir a las tentaciones a que nos somete el poder?

Galcerán, nos hace pensar y ese ejercicio es casi siempre doloroso. Pero vale la pena intentarlo.