Rent

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Luego de 10 años de demora por la dureza de los temas tratados y de los frustrados rumores de que Spike Lee y Baz Luhrmann la dirigirían, llega al cine Rent.La Bohemia a fines del milenio. Viviendo y muriendo en America

por Marta Opacak

“¿Cómo documentar la vida real, si ésta se esta volviendo mas parecida a la ficción cada día? ” Jonathan Larson (1960-1996)

El pasado mes de noviembre, se pudo ver por Film and Arts, en “Broadway. El musical americano” cómo el creador del musical “Rent”, quiso dejar testimonio en video de su último día como el desconocido camarero de un bar, que cambiaba su trabajo por “la vie boheme” donde se dedicaría cueste lo que cueste, a la música para alcanzar el éxito.

Cuando Larson, escribió poniendo en boca de su personaje Mark, el cineasta de “Rent”, las palabras con las que comenzamos esta nota, no imaginaba que su propia existencia, que él mismo se encargó de documentar, sería una trágica confirmación de dicho interrogante.

La vida y sobre todo la muerte de este verdadero “héroe romántico del siglo XX”, tiene todos los elementos necesarios para convertirse alguna vez, en el argumento de una biopic. El compromiso y el talento de este neoyorquino, lo harían merecedor del Pullitzer (por el libro de “Rent”, también escrito por él) y del Tony, por su musical homónimo. Pero no viviría para verlo. Murió el dia anterior al estreno de “Rent”. Esa última noche, había sido entrevistado por un periodista de The New York Times. Este, le anticipó que tenía excelentes perspectivas de éxito para su musical. Luego Jonathan se fue a casa contento. Al llegar entró, puso agua en la pava para el té y cayó muerto de un aneurisma. Lo encontraron en el suelo de la cocina, al lado de su abrigo. Tenía 35 años.

En “Rent“, no encontraremos la típica historia del “sueño americano” de los jóvenes de los ´90, que dedicaban sus vidas, luego de lograr sus MBA’s con mayor o menor esfuerzo según la clase social a la que pertenecían, a agotar todos los medios honestos o no tanto, para llegar a la cima, siendo ejecutivos corporativos, al estilo de “El aprendiz” de Donald Trump o de los “yuppies” como se les decía entonces y se lo acusa a Benny en un momento del film. Estos chicos son marginales (hoy diríamos casi “okupas” de un loft neoyorquino del East Village), pasan hambre y su filosofia es “el único día que existe es el de hoy”, mañana, quizá no estemos vivos.

Siguiendo los pasos de su maestro Stephen Sondheim, Larson nos obliga con la acción dramática de su libreto, a enfrentarnos como espectadores, con temas que uno evitaría, si quisiese ir a ver un musical como se hacían hasta los años 60, “estilo cuento de hadas”: el flagelo del Sida, la degradación física que esta enfermedad provoca, la pérdida de los seres queridos, el temor a la propia muerte, el desalojo, la extrema pobreza, la vida de los “homeless“, la violencia en las calles, la discriminación por cuestiones sexuales, y el amor como unica opción para superar los problemas o al menos olvidarlos hasta que el temido fin llegue.

Adaptación de “Escenas de la vida bohemia” de Henry Murger, libro en el que se basó Puccini para su ópera “La Boheme”, incluye como en la composición de aquél, vivencias autobiográficas. Puccini recordó anécdotas de sus tiempos de estudiante, Jonathan Larson a un amigo suyo de la infancia, que inspiró el rol de Angel. Y hay mucho de Larson como artista en las preocupaciones de Mark y de Roger.

Los personajes tienen casi los mismos nombres originales. La pareja principal también está conformada por una “Mimi” Marquez (Rosario Dawson), que no es aquí una modista, sino una bailarina de la comunidad latina con problemas de adicción a las drogas y un Roger / “Rodolfo” Davies (Adam Pascal), compositor y escritor, como el personaje de Puccini, pero que acaba de dejar la misma adicción que Mimí, motivado por la muerte de su novia, víctima del Sida.

Mas apropiado para los ´90, es hacer de Mark /”Marcelo” Cohen (Anthony Rapp) un cineasta en vez de un pintor como el de La Boheme y de Maureen /”Musetta” Johnson (Idina Menzel) no su ex-amante que lo ha dejado por un hombre adinerado, sino por otra mujer, la abogada Joanne Jefferson (Tracie Thoms).

Para cerrar la cuota políticamente correcta de diversidad en minorías étnicas y conductas sexuales, tenemos también una pareja homosexual de Angel Dumott Schunard/”Schaunard” (Wilson Jermaine Heredia), enfermo de Sida y Tom Collins/”Colline” (Jesse L. Martin) que es de etnia afroamericana. El reparto se completa con el temido cobrador de la renta, Benny /”Benoit” Coffin III (Taye Diggs) ex-amigo y habitante del mismo loft, que sucumbió a las redes del capitalismo.

Las actuaciones son correctas y ajustadas, incluso la del en un principo muy sobreactuado Adam Pascal, que finalmente encuentra su nivel. Las voces de registros impecables. Tal vez el mayor mérito de Columbus haya sido elegir, en su gran mayoría, al elenco original de Broadway, y no a consagradas figuras hollywoodenses, como se suele hacer en estos casos, para asegurarse la recaudación en las boleterías.

La música Rock en los musicales ya tenía mas de 20 años en la época de “Rent“, mérito de Andrew Lloyd Weber (Jesucristo Superstar) y Galt MacDermot (Hair) pero Larson, fue el primero que decidio poner la banda de rock en el escenario, rodeando a los intérpretes y no en el foso de la orquesta. Una manera de no ocultar desde la forma que se trataba de una ficción. Aunque nuevamente volvemos al dilema documentalista de Mark, una ficción que tiene mucho de parecido con la vida real a finales del milenio. Tal vez el paralelo de ésto en el film, fue la elección de comenzarlo con la posición en un escenario de los 8 protagonistas, que recuerda a la línea del inicio de “A Chorus line” (“I hope I get it”).

No creo sea acertado comparar “Rent” con “Hair” y llamarla el “Hair de los 90”. Aquí no hay un tema de brecha generacional, ni de guerra como en la época de los hippies. Ahora, es indudable que la letra de “La vie boheme”, con la elección de vocabulario que choca a los oídos mas puritanos, recuerda claramente a “Sodomy” de “Hair”.

A la película de Chris Columbus puede achacarse el mismo defecto de casi todos los musicales llevados al cine (salvo honrosas y geniales excepciones como “Las zapatillas rojas” de Michael Powell, “All that jazz” de Bob Fosse y “Moulin Rouge” de Baz Luhrmann). Se podría decir que no parece cine, sino teatro filmado y que da la impresión que el director no sabe qué hacer con la cámara cuando empieza el baile. Pero a pesar de eso la trama funciona bien y el interés no decae, ayudado por la brillante composición musical y la altura poética de las letras.

Publicado en Leedor el 23-02-2006