Descarrilados

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En la línea de Hitchcock y de Fincher el director sueco hace de Descarrilados una película extrañamente disfrutable.Extraños en un tren

Por Julián Rimondino

No se puede decir mucho sobre Descarrilados sin arruinar la película para el espectador. Así que el llamado a silencio será necesario más de una vez.

Digamos simplemente que es la historia de Charles (Clive Owen), un ejecutivo casado y con una hija enferma que, quizás harto de la rutina y el drama familiar, inicia un affaire con Lucinda (Jennifer Aniston), otra ejecutiva casada y con una hija, que conoce en el tren que los lleva de sus suburbanos hogares a la ciudad. Bastará decir que este romance, pronto, se volverá intriga policial, de forma inesperada. Y de ahí en más, todo en Descarrilados se vuelve imprevisto.

El sueco Mikael Håfström (en su primera película en Hollywood) se inscribe en la tradición del thriller moderno. Sigue el camino trazado por David Fincher y las enseñanzas de Hitchcock y Brian de Palma: los giros de la trama están a la orden del día, son insospechados y lo cambian todo. Mientras avanza el metraje, el espectador se da cuenta que los roles, la certezas, todo, es endeble en Descarrilados.

Y el espectador es seducido por este recurso. Si el cine hollywoodense hastía al público con sus fórmulas y clichés, al menos esta película se propone engañarlo. En el mejor sentido de la palabra.

La referencia a Hitchcock no es gratuita. No sólo porque la historia sería del tipo que el maestro inglés haría si estuviera vivo, sino porque hay citas directas a dos grandes clásicos hitchcockianos: Psicosis y Extraños en un tren. Y además, porque no hay nada más hitchcockiano que cambiar todo (pero todo) con una escena.

Porque lo más entretenido es que Håfström presenta todas sus escenas como una verdad. Y al destruir esta certeza con la que le sigue, recuerda que hay una instancia narrativa que lo maneja todo, que nos deja saber sólo lo que quiere decirnos. Si el director es Dios en el mundo creado por una película, Håfström es un dios engañoso, que disfruta de mentir. Pero al mismo tiempo, de revelar.

La satisfacción que siente el espectador cuando todo va cerrando es una la clave del género. A través de la mentira y el engaño, Descarrilados forma una unión muy estrecha con el espectador, y se vuelve una película totalmente disfrutable.

Publicado en Leedor el 17-02-2006