Secreto en la montaña

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Más allá de la sexualidad de sus protagonistas, muchos aciertos vuelven a la película de Ang Lee una historia conmovedora que llega al corazón de todo el público.Amor, por sobre todo

por Julián Rimondino

?En definitiva, Brokeback Mountain es menos una historia de un amor que no se atreve a decir su nombre que la de uno que no sabe cómo decir su nombre. Y es de alguna manera más elocuente en su falta de vocabulario.? ? David Leavitt.

El amor parece ser un sentimiento incontrolable. Que se presenta como una tormenta y se afinca férreamente. El amor verdadero parece no requerir palabras, ni acciones, y puede marcar a fuego el corazón. Es una fuerza de la naturaleza, un demonio que posee, un sentimiento poderoso e imborrable.

Y como una tormenta inesperada, el amor aparece entre Jack y Ennis. En el lugar menos esperado, en el momento más inadecuado. En la montaña Brokeback, mientras cuidan una horda de ovejas que pastan, mientras miran el día pasar, las nubes recorrer el cielo y las estrellas iluminar la noche. Ese amor, que nace como deseo, como sexo apasionado, se transforma por la lejanía y la separación en un sentimiento más puro, aún más profundo. Tras ese verano en la montaña, Ennis y Jack regresan a sus muy heterosexuales vidas en el corazón de Norteamérica, ese que está lleno de pueblos casi fantasmas, montañas inminentes y enormes espacios vacíos. Ese que el cine independiente eligió para otras grandes historias de amor como Los puentes de Madison o Los muchachos no lloran.

Es un terreno árido, incluso hostil. La vida allí es difícil, y la soledad se respira en el aire. Y en Secreto en la montaña, hace que el amor entre los dos vaqueros crezca con cada temporada que pasa. Porque tras algunos años, Jack y Ennis se reencuentran y regresan a la montaña. De ahí más, unos 2 o 3 viajes al año serán el descanso de la rutina agobiante de sus esposas e hijos, de sus carencias económicas, para Ennis, y de la evidente hostilidad de la familia, para Jack. En la ausencia del amado, el amor crece sin cesar y se vuelve más poderoso que nunca.

La nueva película de Ang Lee es uno de esos films que conmueven honesta y profundamente. La suma de sus aciertos (que son muchos) vuelve a Secreto? una historia conmovedora que va más allá del sexo y la sexualidad de sus protagonistas para llegar al corazón de todo el público. Y su masiva aceptación, nominaciones al Oscar incluidas, lo demuestran.

Las lecturas posibles de esta película son muchas. Porque es la historia de un hombre (Ennis) que parece estar incapacitado para amar, aterrorizado como está de la felicidad, y de la fuerza de sus sentimientos. Pero también es la historia de un amor que no sabe cómo decir su nombre (tal la cita del autor estadounidense Leavitt), cómo vivir. Y también es la gran película sobre la pequeñez de la gente con sentimientos enormes.

Las increíbles actuaciones del elenco es donde radica la sensibilidad que destila el film. Primero que nada, Heath Ledger, como el silencioso y huraño Ennis, deslumbra no sólo porque nunca había logrado una interpretación tan potente, sino porque a través de miradas que se escapan, de silencios y palabras balbuceantes, deja ver en el interior de su Ennis un amor inabarcable y un terror paralizante. Ennis tiene miedo de amar, de convivir, de compartir; con Jack, con su esposa, con su hija, con la mesera que se enamora de él. Todos ellos lo aman pura y honestamente, pero él es huraño: no sólo su homofobia interna vuelve su vida amarga, es su terrible miedo lo que lo limita. Todo esto, lejos de estar dicho en palabras, lo expresa Ledger con su increíble actuación. Es un trabajo interior, una composición delicada y trabajada, conmovedora y reveladora.

Como el más vital y aventurado Jack, Jake Gyllenhall ha recibido menos atención. Quizás porque el conflicto de la historia pasa por Ennis, y no tanto por este vaquero más lanzado y seguro de sí mismo. Si Ennis es el personaje principal, alrededor de quien gira toda la historia, Jack es el protagonista, quien hace que ésta avance y crezca. Y como el personaje principal conlleva más conflictos internos, es el personaje que más deslumbra. Como la actuación de Ledger es tan fabulosa, Gyllenhaal ha sido relegado a un segundo plano. Pero su trabajo es igual de impresionante. Su lenguaje corporal, sus poses y sus movimientos expresan la frustración que siente su Jack al aceptar las condiciones puestas por Ennis para su relación, la frustración que le hacen sufrir esos idílicos pero breves encuentros en la montaña. Mientras el metraje avanza, Gyllenhaal agregando sólo un bigote y un poco de panza, se avejenta y se demuestra como un actor camaleónico.

Y las actuaciones de reparto son igual de fascinantes. Michelle Williams es Alma, la esposa de Ennis; ella encarna la sufrida y frustrada vida de esta mujer creando un torrente de emociones en el público. Anne Hathaway es Lureen, la esposa de Jack, más vivaz de joven y muy aburguesa de grande. El rencor en el que cae de a poco, con el paso de los años, se ve en su rostro y en sus ojos, en su porte señorial y digno, en su actuación cautivante. Son roles breves los suyos, pero cada una toma sus escenas y las vuelve electrizantes.

La dirección de Lee ha apuntado a la absoluta compenetración del espectador. Los actores, sencillamente, se pierden en sus personajes. Los cuatro principales estaban muy aferrados al cine adolescente, a la comedia para toda la familia y el entretenimiento demasiado ligero, y gracias al trabajo en conjunto del director y los guionistas, su entrega es incondicional, su eficacia absoluta y la transformación en sus personajes, total.
Cuando el material con el que trabajan es de calidad, es mágico lo que un grupo de actores jóvenes (el mayor es Ledger, de 26 años) puede lograr. La madurez que expresan, el talento que derrochan, les promete a todos una gran carrera.
Lee los ha dirigido con una mano segura pero sutil. En toda la película se percibe una gran poesía. Pero la presencia del director, como la de los actores, se borra, se pierde. La historia se desenvuelve en la pantalla como si no estuviera contada por nadie, como si los personajes estuvieran vivos de verdad y como si el ritmo elíptico y sintético, directo y simple, falto de grandilocuencias, fuera el ritmo de esas vidas que vemos en pantalla, vidas que dejan de ser meros fantasmas en la oscuridad de una sala para ser vidas reales, conmovedoras, llenas de emoción.
Por todo esto, Secreto en la montaña es un logro fenomenal. Porque perdura en el corazón mucho tiempo después de haber terminado de correr los créditos finales. Verla hoy, en la pantalla grande, es ver el nacimiento de un clásico.

Publicado en Leedor el 3-02-2006