Munich

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Problemas de moral política en la última película de SpielbergPor Joseba Castaños Izquierdo
(desde Madrid)

Munich cuenta la historia del asesinato de 11 atletas israelíes cometido por terroristas palestinos en los Juegos Olímpicos de Munich 72 y la posterior respuesta asesina de un grupo de agentes israelíes. La película se detiene a describir la relación que tuvieron estos hombres entre sí y cómo eran sus posiciones y pensamientos frente a lo que estaban haciendo. Me parece digno de mencionar que un atentado terrorista ? y sus posteriores consecuencias ? que sucedió cuando yo no había nacido, se encuentre de plena actualidad 34 años más tarde. Es pertinente pensar si estaremos en similares circunstancias dentro de otros tantos años. Esperemos que todo no siga ni mucho menos igual. Son demasiados años, demasiadas muertes por delante.

Por todo lo anterior vaya por delante mi admiración por Steven Spielberg, el director de esta película a la que voy a criticar duramente pero a la que considero sumamente valiente, extraordinaria y poco comercial ? todo un halago viendo quién es el responsable -, no extrañan los problemas de financiación que tuvo el director norteamericano de origen judío.

Y sin más preámbulos quisiera comentar la más importante y evidente reflexión política que deja el film: la violencia no es la solución pues engendra más violencia. A esta sagaz conclusión llega el protagonista de esta historia (Avner / Eric Bana) tras haber matado a varios palestinos y sentir las consecuencias de estas acciones. Lo lamentable desde un punto de vista moral es que de primeras, se considera adecuada y legítima la Operación Cólera de Dios, aprobada por Golda Meir, la primera ministra de Israel; dicho con otras palabras, contestar al terrorismo con sus mismas armas, con terrorismo dirigido desde el Estado es válido pero no es una solución… Por lo tanto, Spielberg cree que la presidenta de Israel no tenía más remedio que reaccionar ante la provocación de Munich: judíos asesinados en Alemania y además en plenos Juegos Olímpicos.

Por otro lado, también quiero dejar constancia de otra reflexión que me dejó el film. Es de índole cinematográfica: en la ficción todo no vale, aunque sean sucesos reales, hay que hacerlos parecer reales. La verosimilitud es fundamental en el cine cuando el objetivo es narrar sucesos históricos. En esta película se cuentan situaciones que no parecen creíbles. El espectador debería salirse de la historia pero la pericia y habilidad de la puesta en escena del director, un diseño de producción espectacular, y un certero montaje hacen que no suceda tal cosa. De todas formas, voy a describir algunas situaciones concretas y así el lector se puede hacer una idea de lo que quiero decir. Estos momentos se suceden en el segundo tercio del film cuando los agentes israelíes matan uno tras otro a sus objetivos palestinos. Se muestra como los israelíes – sobre todo el protagonista y jefe de la célula terrorista – tratan de evitar los denominados daños colaterales de una manera hollywoodense pues ponen en peligro ya no sólo el éxito de la operaciones sino incluso sus propias vidas cuando consideran que pueden matar – sin querer – a la hija pequeña del que sí van a asesinar posteriormente sin remisión. En otra escena, el protagonista llega a interponerse – con todo su cuerpo- entre una metralleta israelí y el hijo adolescente del terrorista palestino que está en una habitación cercana y que matarán segundos después…

Otra situación poco creíble es cuando el grupo israelita coincide con otro grupo terrorista, un grupo de fedayines palestinos, en el mismo piso franco… pudo ser cierto pero que luego continúen conviviendo juntos hasta cometer sus respectivos cometidos terroristas resulta risible. Se hacen pasar por alemanes de extrema izquierda y los palestinos se lo creen. Parece ser que nos se les ocurre otra manera a los guionistas para juntar a ambos bandos y así escuchar el punto de vista de los palestinos, algo que no sucede en ninguna otra parte de la película.

El lector de esta humilde crítica se percatará que el problema fundamental de la película es de escritura. El guión es previsible y recuerda por momentos a las películas que se hacían en la época de la guerra fría, en los años 60-70, por lo que adolece de no saber aprovechar el paso del tiempo para dar una visión más enriquecedora del conflicto.

Para terminar quisiera comentar algo muy subjetivo pero que me resulta muy curioso. Esta película tiene muchos puntos en común con El Lobo, reciente producción española que trata la historia de un infiltrado en la banda terrorista ETA. Sí, y no estoy loco, considero que Munich se parece a una película española, de hecho, Spielberg considera Munich su película más europea. Los puntos en común de las dos películas son varios: el mismo tema, el Terrorismo de estado; la misma época, los convulsos años 70; el estilo, humano, realista; las escenas de acción, duras y descarnadas, algunas muy bien resueltas y otras con problemas de producción, da la sensación que Spielberg ha rodado alguna de las escenas a muchos kilómetros de distancia; gran protagonismo de los medios de comunicación para ir narrando la historia; el punto de vista casi único del personaje principal, el actor protagonista lleva todo el peso de la acción, además Eric Bana y Eduardo Noriega son muy similares interpretando, son muy hieráticos; etc.

Publicado en Leedor el 7-02-2006