Memorias de una geisha

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Una telenovela japonesa, vía Hollywood. Eso es Memorias de una geisha. Todo lo que ha hecho de las telenovelas latinoamericanas un gran negocio y un gran éxito en el mundo entero están en la película de Rob MarshallUna telenovela japonesa, vía Hollywood

por Julián Rimondino

Una telenovela japonesa, vía Hollywood. Eso es Memorias de una geisha. Todo lo que ha hecho de las telenovelas latinoamericanas un gran negocio y un gran éxito en el mundo entero están en la película de Rob Marshall, el mismo de Chicago. Chiyo (Zhan Ziyi) es la joven e inocente heroína, alejada de su pueblo natal de pequeña, huérfana y entregada a la jefa de una casa de geishas que la maltrata y esclaviza. El Director (Ken Watanabe) el hombre noble que la conoce casualmente de niña, que ella amará desde entonces. Hatsumomo (Gong Li), la mala que quiere arruinar a Chiyo. Mamahe (Michelle Yeoh) la buena, especie de madre adoptiva, que la ayuda a salir adelante y volverse la geisha más deseada de toda la ciudad.
Y entre medio de la complicada trama, melodrama y más melodrama. Que se sigue plácidamente, con tranquilidad, sin gran impacto emocional en el espectador pero sí suficiente interés.
¿Por qué poco impacto emocional? Bueno, como en toda superproducción hollywoodense, el diseño de producción, la delicada fotografía, la elocuente música, todo pesa más que la trama. La reconstrucción de época y la ambientación es, como era de esperar, impecable. Y sobre esas imágenes tan lindas, el elenco se pasea viviendo el drama.
El heterogéneo elenco de actrices chinas y hongkongesas, junto con casi todo actor que hable inglés, sea remotamente conocido y luzca oriental recrean el mundo japonés de principios del siglo XX. Poco importaría que la etnia de los actores no sea exactamente la correcta si sus actuaciones no fueran tan encorsetadas. Se lucen Michelle Yeoh, Gong Li y Ken Watanabe, los actores de mayor oficio, aunque no lucen muy japoneses. Pero Zhang Ziyi, protagonista de algunos clásicos modernos del cine oriental como El tigre y el dragón o La casa de las dagas voladoras, no parece haber hecho el pase de estrella de acción a actriz dramática en una épica, y además lucha mucho con el inglés que, se nota, no domina del todo.
No todo es desacierto en Memorias de una geisha. La película se sigue con calma. Es una de esas que ?se ve?. No queda para siempre en la mente de las personas. Ni emociona más allá de lo mínimo indispensable para no aburrir. Y parece darle la razón a aquéllos argumentos que decían que la poco acertada Chicago, lo que tenía de bueno lo debía la obra teatral original, no al trabajo de Rob Marshall. Aquí se repite lo mismo: lo más interesante es cómo los esquemas del melodrama parecen universales y no sólo de las telenovelas latinas, y algunas actuaciones. El trabajo de Marshall, mientras tanto, no impresiona mucho.

publicado en Leedor el 15-01-06