Las Cronicas de Narnia

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Desde El señor de los anillos a Harry Potter, de Matrix a los próximos piratas del Caribe, las sagas épicas son la nueva golosina preferida de Hollywood.Y las sagas siguen viniendo

Por Julían Rimondino

Y las sagas siguen viniendo. De “El señor de los anillos” a “Harry Potter“, de “Matrix” a los próximos piratas del Caribe, las sagas épicas son la nueva golosina preferida de Hollywood.

Las crónicas de Narnia promete. Promete mitología propia basada en un mix de otras mitologías; promete alegorías sobre la religión; promete entretenimiento; promete enfrentamiento de titánicas dimensiones entre el Bien y el Mal; promete esos héroes que no parecen tener ninguna cualidad especial para serlos al comienzo.

Promete y cumple. En su primera edición (que seguramente será la primera de muchas; la saga literaria en que se basa cuenta con 7 entregas), El león, la bruja y el ropero entrega todo lo que se puede esperar de una superproducción. Los efectos son impecables, y están involucrados en la trama. Hay una batalla final y grandilocuente. Hay una malvada muy mala y hay niños muy buenos. Y, nobleza obliga, hay entretenimiento efectivo, y hasta por momentos, encantador.

La trama es simple. Durante la Segunda Guerra Mundial, cuatro hermanos son enviados a vivir en un castillo en medio de la campiña inglesa, para evitar los peligros de los bombardeos alemanes. Allí, descubrirán un armario que sirve de puerta a un mundo poblado por centauros, animales que hablan y faunos, y sumido en un invierno eterno por la malvada Bruja Blanca (interpretada por la gélida Tilda Swinton, siguiendo la tradición de estas epopeyas de poner a grandes y poco conocidos actores para sumarle prestigio a la producción). Una vez allí, los hermanos descubren que son los salvadores de esa tierra anunciados en una profecía. Así que a unirse al león Aslan, jefe de una especie de ejército de resistencia.
La historia es simple, sí, pero se sigue, es divertida y entretiene. Aunque algunos rasgos no escapan al ridículo. Por ejemplo, cuando Papá Noel (sí, Papá Noel) les regala a los protagonistas espadas, dagas, arcos y flecha y una poción mágica (¡¿?!) para curar todo tipo de heridas.

Pero esos son sólo algunos baches en el camino. Para ser justos, lo son para los adultos; quizás el público infantil los disfrute con encanto.
Se ha discutido mucho sobre si la saga de Narnia es una alegoría del cristianismo. Se habla del león Aslan como análogo de Cristo; quizás haya sido la intención de Lewis hacerla, quizás no. Eso no podemos saberlo. Sí podemos ver que existen factores para pensar esto. Pero también es verdad que todas las sagas cinematográficas con el que el cine hollywoodense parece haber encontrado su salvación económica mezclan mitologías y religiones diversas y retoman sus temas. Gandalf, al fin y al cabo, moría, resucitaba y desaparecía luego en el horizonte, al igual que Aslan.

De todos modos, no parece haber sido la intención de la adaptación trasladar esa alegoría (como es indispensable para la trama, se mantiene, pero no se la refuerza demasiado), y el objetivo parece haber sido más hacer una película de aventuras.

En todo caso, es imposible comparar Las crónicas… con la saga que es sin duda su modelo, El señor de los anillos. Y el resultado, entonces, es: si las películas de Peter Jackson eran definitivamente adultas pero disfrutables por los chicos, la de Andrew Adamson (conocido y adorado por dirigir las dos Shrek) es más bien el caso inverso. La épica y las batallas, lo mismo que el constante gusto a celta que se percibe en los vestuarios, las guerras y los seres imaginarios, son para los más grandes. Pero los protagonistas infantiles, el halo de cuento de hadas que encierra a la historia, los animales parlanchines y el humor inocente que la película ostenta la acerca más a los chicos.
Nada de esto es desdeñable. Es más: seguramente fue ese el gancho que convenció a los productores hollywoodense de hacer la película. Un “señor de los anillos” para chicos.

Publicado en Leedor el 9-1-2006