Las Muñecas Rusas

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Cédric Klapisch vuelve a retratar las idas y vueltas de una generación que está a mitad de camino entre la adolescencia tardía y la adultez que no quiere asomar.Rompiendo tradiciones.

Por Nicolás Kusmin
nicolaskusmin@leedor.com

Correr, correr y correr, era todo lo que hacía Xavier en el final de ?Piso Compartido?, cuando se escapaba en su primer día de trabajo en el ministerio de economía, que contrastaba mucho con los deseos y la vida que había experimentado en ?L´Auberge Espagnole?, tal el título original de la cinta. Justamente aquella escena, posiblemente la única poco creíble del film (y que casi lo arruinaba), da pie ahora, a la segunda entrega: ?Las Muñecas Rusas?, que encuentra a su protagonista y a algunos de sus ex- compañeros de andanzas, en otra etapa, ya cercanos a los treinta, pensando en qué hacer de la vida. Y qué hacer también con aquello que la transita: el amor.

Cédric Klapisch, el director de lo que ya puede considerarse una saga (las admiraciones y comparaciones con Fracois Truffaut y su saga de Antoine Doinel, están más que presentes) vuelve a retratar las idas y vueltas de una generación que está a mitad de camino entre la adolescencia tardía y la adultez que no quiere asomar. Con el avance de la esperanza de vida (en el 2025 se proyecta que habrá en el mundo 1200 millones de personas mayores de 60 años, el doble que hoy en día) los treinta ya no son lo que eran, y la cinta lo muestra muy bien. En países más estables económicamente (aburridos según muchos jóvenes europeos) esa es una edad, cuando no se sabe sí viajar por el mundo de amor en amor, o establecerse, casarse y ser padres (un poco era la idea de otro gran film de los últimos años ?El Último Beso?, originario de Italia)

Xavier, dejaba toda su carrera en economía y su especialización realizada en Barcelona, por su sueño: ser escritor. Han pasado unos cuantos años y su novela que cuenta las peripecias en aquel Piso Compartido no ha sido publicada. Escribe algunas notas como periodista, ciertos guiones para capítulos de culebrones franceses (si, allí también hay), pero se lo ve desganado, sin rumbo, viviendo en casas prestadas y de mujer en mujer, aunque eso sí, con la esperanza de encontrar el amor definitivo, aunque no sea uno perfecto. Finalmente recala en la casa de Isabelle, ex-compañera de España, lesbiana, liberada sexual y amorosamente, y confidente de Xavier, en todas sus aventuras.

El Entorno.

Pese a no ser tan coral como ?Piso Compartido?, la cinta visita a muchos de los amigos de Xavier, empezando por sus ex-novias (hay aquí alguna similitud con la temática de ?Alta Fidelidad?) como Martine, encarada por la actriz Autrey Tautou, la protagonista de ?Amelié?, que aquí es sólo un recuerdo en la vida de él, pese a que ella también busca el amor perfecto. La idea de la perfección y su contrario recorre gran parte del metraje, con una gran metáfora que se desarrolla en una de las famosas calles de San Petersburgo.

Romain Duris, visto recientemente en la desmesurada ?El Viaje Inolvidable?, demuestra una vez más, su versatilidad a la hora de encarar a Xavier, presente en casi todo el metraje (que nuevamente se excede un poco, sus 125 minutos se pueden tornar un poco largos)

Es de destacar la interpretación de la inglesita Wendy (a cargo de Kelly Reilly) que prácticamente se come la segunda parte del film, ya que su frescura, belleza y fragilidad, iluminan la pantalla, junto a que genera un giro inesperado a la historia. También se destaca el personaje de su hermano menor, William, aquel loco lindo que trastornaba la vida de todos en el albergue, que ahora parece ser el único que sabe bien lo que es estar enamorado y dejar todo por ello.

Klapisch, puede relatar con profundidad sin perder la temática que ya es su estilo: voz en off, pegados, pantalla fragmentada y sobre todo mucha agilidad y humor. Esta nueva entrega en el devenir de su alter-ego, presenta una mirada un poco más real y hasta con pizcas de desencanto. Ya que la unión europea no escapa a las partes negativas de la globalización, que hacen que Xavier deba viajar de un país al otro, de España a Francia, de allí a Inglaterra y luego a Rusia. A veces en busca de trabajo, otras persiguiendo otras experiencias?.

Sin ser un film que pase a la historia, ?Las Muñecas Rusas? genera grandes momento de buen cine francés (que lamentablemente cada vez se estrena menos en el país) lo que no es poco para el inicio de la temporada 2006.

Publicado en Leedor el 9-1-2006