El musical americano

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La comedia musical es considerado un género frívolo por algunos pero el documental de Films and Arts lo toma como vehículo para introducirnos en los hitos artísticos mas importantes de su historia y para hablar de fenómenos como el racismo, el patriotismo, la crisis económica y la corrupción política.
Broadway, el musical americano ….. de Ziegfeld a Sondheim

Broadway el musical americano
(Film and Arts)

Aunque parafraseando a Irving Berlin, podríamos decir que “no hay negocio como el de la comedia musical”, la realización de Michael Kantor, nos permite comprobar que en esta disciplina, podremos encontrar mucho más que un mero canal para aumentar las ganancias de los empresarios del rubro. Catorce años de experiencia en el campo del documental del espectáculo, avalan su trabajo de dirección e investigación, que podemos conocer a través de “Broadway, el musical americano”.

Sus 6 capítulos cumplen en brindar un interesante panorama de la evolución del género, desde sus inicios, hasta la actualidad. Cuidadosamente elegidos, los títulos de los mismos aluden a canciones de obras emblemáticas de cada período encarado : 1) “Dale mis saludos a Broadway (1893-1927)” de “El pequeño Johnny Jones” de George M. Cohan, 2) “Ciudad Sincopada (1893-1933)” – que era el título original de “Ritmo fascinante” de George Gershwin, 3) “Tengo mucho de nada (1929-1942)” – de “Porgy and Bess” de George Gershwin, 4) “Oh, que hermosa mañana (1943-1960)” – de “Oklahoma” de Rodgers y Hammerstein, 5) “Tradición (1957-1979)” – de “El violinista en el tejado” de Bock y Harnick y 6) “Uniendo las piezas (1980 – Hasta la Actualidad) de “Putting it together ” de Stephen Sondheim.

Con la inauguración del subte en Times Square en 1904, se amplía por primera vez, el acceso del público de zonas más alejadas, al área teatral neoyorquina. Nacido como mezcla de vaudeville y opereta, el musical, fue el encargado de amalgamar poco a poco, las distintas minorías étnicas de las corrientes inmigratorias, hasta entonces sólo rescatadas por el humor de carácter racista, en un nuevo contexto teatral urbano mas digno.

Pionero del género el empresario Florenz Ziegfeld, se encargó de poner varias piedras fundacionales en este “ancho camino”, siempre perseguido por las contradicciones. Creador de un ideal de belleza femenina que marcó una época, la hermosa, alta y esbelta “Chica Ziegfeld” de sus Ziegfeld Follies, de las primeras décadas del siglo XX, fue al mismo tiempo, encargado de la ruptura del mismo. Con la incorporación de Fanny Brice, dueña de un estilo de humor basado en su exclusivo talento musical y sus dotes para la comedia, que superaba los atributos físicos de sus congéneres ziegfelianas, quedó claro que la imagen no lo era todo. (1).

También se encarga de incorporar, el mencionado visionario del espectáculo, al primer actor de raza negra (Bert Williams) que comparte escenario, con actores blancos en Broadway, impensable para las mentalidades cerradas de aquel entonces. En la ciudad de Nueva York de principios de siglo, los actores de raza negra sólo podían actuar en el “Cotton Club” de Harlem (2). A pesar de todas las amenazas de renuncias que le llovieron, Ziegfeld, no titubeó.
Pero no pudo evitar la venganza. En la huelga de 1919 de la gente del espectáculo, los compañeros de trabajo de Williams “se olvidaron” de avisarle de la misma a él, que se presentó a trabajar, encontrando el teatro vacío sin saber que había pasado. Tampoco logró evitar que se dejen de lado las convenciones de la época, que exigían que toda persona que representase a un actor de raza negra en escena, (incluso si pertenecía a la misma como Williams), debiera actuar con la cara y los labios pintados. (3)

Estados Unidos entra a la Primera Guerra Mundial, a partir de un hecho puntual, el hundimiento del buque “Lusitania” por un torpedo alemán en 1915. Su gobierno necesita una campaña masiva de involucramiento popular y el musical, tiene un lugar invalorable en la misma. George M. Cohan, con su “Over there”, cantado y grabado hasta por el mismo Enrico Caruso llevó inspiración y nuevos bríos a los soldados en combate.

Hasta la década del 20, no encontraremos en estas obras, argumentos elaborados. Estos sólo eran un mero pretexto para estructurar las canciones. Precisamente y volviendo al tema del racismo de la sociedad americana, será un musical que tendrá como tema un matrimonio interracial (“Showboat” – 1926 – de Jerome Kern y Oscar Hammerstein), el que divida la historia del teatro musical en un antes y un después. Aquí no sólo actores negros compartirían el escenario con actores blancos, sino que les disputarían su protagonismo : difícilmente haya otra aria mas conmovedora y mas conocida, aún por los neófitos en el tema que la bellísima “Ol’ man river”. A pesar de los temores de muchos por el controvertido tema, “Showboat” fue un éxito.

En este período, comienza a dársele importancia a las letras de los musicales, no solo por el cuidado cada vez mayor del aspecto poético de las mismas, sino por su capacidad de poner de moda una cierta jerga que se permite introducir temas hasta entonces considerados tabú. Por ejemplo se comienza a hablar de sexo, aunque deba llamársele “Making Whoopee!” como el tema de Gus Kahn del musical “Whoopee” del 28.

La crisis económica del crack de Wall Street del 29, termina con la era de los finales felices de cuentos de hadas. Ahora ya no se le mandan saludos a Broadway desde los escenarios, Bing Crosby, le pide al público “Brother, can you spare a dime?”, (¿Hermano, te sobra una moneda?) . Y la crítica social irá acompañada de la crítica política cuando los Gershwin, hagan transcurrir en 1931, un musical en la Casa Blanca y describan el corrupto mundillo de un presidente de ficción de la época pre-Rooseveltiana. “Of thee I sing”, (“Acerca de tí, yo canto”) es el primer musical en ganar un premio Pullitzer.

Y en los 40, época conocida como “la era dorada de los musicales”, cambia el rol de la danza en los shows. A partir de esta década ya no sólo hablaremos de grandes compositores, sino de grandes coreógrafos: Agnes de Mille (“Oklahoma” -1943), Jerome Robbins (“Amor sin barreras” -1957) y Bob Fosse (“Sweet Charity” – 69). Será también un coreógrafo, Michael Bennet con “A chorus line” (1975), quien con su alegoría de la línea de producción en serie, en éste que después de todo es eso, un negocio, demuestre desde adentro de un musical, que Broadway genera desocupación. Crea estrellas que se usan y se descartan según los dictados de la moda que el consumismo dicte.

Lejos están en la década del ’80, los días en que los musicales eran utilizados como lugares para ir a evadirse. Stephen Sondheim, con su personal e irónico lirismo, utiliza los escenarios como espacios para recrear las relaciones humanas, donde cada uno puede ir a verse a sí mismo y decide que sentir.

En la actualidad, encontramos al musical convertido en un fenómeno turístico, con la internacionalización del género, gracias al aporte de Andrew Lloyd Webber desde su otro punto neurálgico: el West End londinense.

Agrega valor al programa, el rol de la anfitriona: Julie Andrews, leyenda viviente tanto de Broadway como del West End, que protagonizó éxitos tales como “Mi bella dama”, “La novicia rebelde”, “Victor -Victoria” y la misma “Putting it together” del capítulo final. Su calidez, brinda la credibilidad del que sabe de lo que habla, por experiencia propia. Y por suerte para nosotros, también podemos verla actuar y cantar.

Notas
1- Recomendamos ver “Funny Girl“, de William Wyler (1968), con Barbra Streisand en el rol de Fanny Brice, para entender mejor este tema.
2- Aquí se puede recurrir a “Cotton Club” (1984) de Coppola.
3- También trató este tema Spike Lee en “Bamboozled” (2001)