Chicken Little

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Chicken Little da muestras de cuán lejos están los herederos de Disney de la maduración narrativa y estética que alcanzaron otros en este campo.
Los tiempos cambian

por Julián Rimondino

Ya sin Pixar, Disney carece del estudio de animación que le dio algunos de sus más grandes éxitos (con Toy Story y Buscando a Nemo a la cabeza) y que lo devolvió a las épocas doradas de El rey león o La bella y la bestia. La competencia es ahora más fuerte en el campo del cine para chicos, no sólo porque por fin se ganó a los adultos para estas películas, no sólo porque ahora tienen que contratar actores conocidos para ponerle la voz a los personajes animados, sino porque muchos otros estudios le han quitado el primer lugar en el podio de la animación: Dreamworks Animation tiene la saga de Shrek, con la que se lleva las recaudaciones más grandes; Hayao Miyazaki (director de El viaje de Chihiro), se lleva los aplausos de la crítica e incluso el premio máximo en festivales de primera categoría como Berlín; y Nick Park y Tim Burton revitalizan el stop motion con sus exitosas Wallace & Gromit y El cadáver de la novia.
Así que el panorama es más complicado para Disney. Recuperar la hegemonía una vez ostentada será difícil, y más aún cuando una película como Chicken Little da muestras de cuán lejos están los herederos de Walt de la maduración narrativa y estética que alcanzaron otros en este campo.
Si las películas animadas supieron ubicarse como lo mejor de la producción hollywoodense en los últimos años, es porque sus guiones tenían una frescura y un desparpajo cuando en Disney todo era ternura y dulzura. Sin duda hay un intento en Chicken Little de acercarse a ese tipo de historias de tanto éxito. El pollito del título es pequeño, mucho más pequeño que todos sus amigos y compañeros de escuela. Desde que gritó como loco alertando a todo el pueblo que el cielo se caía, no hay fin para las burlas. Su padre se avergüenza de él, y Little quiere ganarse su confianza. Lo logra jugando al beisball, pero pronto otro pedazo del cielo se cae sobre él, y entonces todo empieza de nuevo. Claro que no es el cielo lo que se cae, sino un pedazo de una nave espacial que viene a invadir el planeta. Así que Little y sus amigos (los ?impopulares? de la escuela: Abby, la patita fea, el gigantesco cerdo Runt y el mudo Pez Fuera del Agua) son los únicos que conocen la verdad y deben luchar contra la invasión.
Como sucede muy seguido en el cine de Hollywood, una historia con potencial sufre de una realización muy tradicional, que busca la risa fácil y carece de encanto o innovación para que se pueda mirar más allá del cliché y el lugar común. Como si una historia disparatada pudiera esconder que la verdadera intención es copiar los éxitos de otras compañías. La presión sobre los guionistas y el director debió ser grande, y la voluntad de ?ponerse al día? no terminó de cuajar, de perderse detrás de un relato cautivador.
Así que lo mejor y más disfrutable para los adultos cae en algún chiste o gag aislado a cargo del protagonista o su compañera Abby, que gracias a las voces de Zach Braff (el protagonista de la serie Scrubs) y Joan Cusack salvan por momentos la película.
Lo que más llama la atención es cómo los chistes para adultos desencajan mucho de los dirigidos a los chicos, cuando el logro hubiera sido conseguir que todos los públicos se rieran de lo mismo. El relato no decae ni aburre, porque en eso le sobra experiencia al equipo Disney, pero tampoco deslumbra ni seduce demasiado. Los chicos sin duda disfrutarán de la película, pero los adultos que los lleven no tendrán mucho qué hacer.

Sobre llovido, mojado

por Nicolás Kusmín

Si algo le faltaba al nuevo producto de Buena Vista era caer en los mismos errores del pasado. Después de la versión localista de Los increíbles (la última producción junto a Pixar, ¡donde aparecía hasta una referencia a la avenida cabildo!), ahora también se contrataron actores nacionales para realizar los doblajes. Es así que Guido Kaczka, Florencia Peña y otros son parte del film. Algunos se destacan, como Juan Acosta (el padre del protagonista), y Diego ?Chavo? Fuchs, en el rol de un perro relator deportivo. El resto no parece encajar demasiado en Chicken Little.
Así como un film se puede apreciar realmente en su versión original, es poco comprensible llenar de localismos (aunque menos que en Los increíbles) un film demasiado universal y básico como éste.

Publicado en Leedor el 8-12-2005