Brasil y Portugal

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Una expedición portuguesa al mando de Pedro Alvarez Cabral que había partido de Lisboa, llegó a Brasil en 1500. Se cumplió con este arribo una etapa más en la expansión que Portugal realizaba ya, en África y en Asia.
Brasil y Portugal, corsarios y colonizadores.

Por Jorge y Gudalupe Miller

Una expedición portuguesa al mando de Pedro Alvarez Cabral que había partido de Lisboa, llegó a Brasil en 1500. Se cumplió con este arribo una etapa más en la expansión que Portugal realizaba ya, en África y en Asia.

Los curtidos marinos lusitanos estaban sorprendidos y expectantes. Observaban, desde sus navíos, hombres desnudos que gesticulaban con una actitud aparentemente amigable.
Cuando desembarcaron en la costa desconocida, los indígenas colaboraron con los europeos, inclusive en la construcción de la cruz que se plantó para testimoniar la jurisdicción cristiana sobre los nuevos territorios. En los mismos existían árboles de extraño color rojo que semejaban brasas encendidas y que los portugueses denominaron “palo Brasil”. Estos árboles constituyeron el primer vínculo entre portugueses y estas tierras pues cargaron sus barcos con esta extraña madera.
Piratas franceses atacaron los barcos de Portugal y llevaron en sus veloces naves el apreciado palo Brasil para negociarlo en sus tierras. Fue este árbol, el que dio su nombre al inmenso territorio, al que llegaron los portugueses. El rey de Portugal decidió proteger de la piratería francesa sus importantes recursos de América y envió con poderosa flota a Martín Alfonso de Souza quien en 1534 fundó una pequeña ciudad. En la segunda mitad del siglo XVI existía ya una docena de poblaciones y dos centros económicos: San Vicente y Pernambuco.
Se cultivó caña de azúcar, y a principios del siglo XVIII fueron descubiertos yacimientos de oro y diamantes. Estos recursos fueron superados por otra fuente de riqueza, las plantaciones de café.
A los piratas franceses siguieron los corsarios que enarbolaron bandera de Francia, Holanda e Inglaterra. De esta manera, Portugal que no tuvo problemas con los aborígenes, debió enfrentar a enemigos europeos. Los holandeses se establecieron en Recife y por su larga permanencia fueron ellos más afortunados. Brasil está situado en la parte centro oriental de América del Sur y limita con todos los países sudamericanos excepto Chile y Ecuador. Su idioma oficial es el portugués.
De este vasto territorio seleccionamos Bahía por ser comienzo de la historia y la cultura de Brasil. Sus iglesias se cuentan por centenares, algunas son sencillas y otras majestuosas. Azulejos y mosaicos cubren las paredes de sus claustros. El oro a través del estuco o estofado, brilla en los retablos queriendo dar una imagen de la gloria divina.
Se conservan las fortalezas del siglo XVI y lo más destacado es el barrio Pelourinho, considerado por la UNESCO como el conjunto de arquitectura colonial más importante del mundo. Existen en Bahía múltiples devociones, entre las que se destacan el catolicismo y el candomblé. La primera es la más antigua. El culto se realiza en las iglesias y en las procesiones callejeras y marítimas y entre éstas se celebra la llegada de la imagen del “Señor de los navegantes”. El candomblé, de origen africano, tomó una forma especial en Bahía. Su ritual tiene danzas, colores y ofrendas, para muchos dioses la cocina bahiana, enriquecida por los portugueses con carne, aceite de oliva y dulces, cuenta también con los aportes indígenas de raíces y bebidas, y la contribución de los negros, el aceite de palmera, la olla de barro y la pimienta africana.
La naturaleza dio lo suyo, pescado abundante y el mundo sabroso de las frutas. Bahía posee moderna hotelería, playas en su extenso litoral e islas atractivas.

Los orígenes de Brasíl están en Portugal; Lisboa, su capital, se hizo dueña de los mares hasta entonces desconocidos., aventajando incluso a España en los descubrimientos marítimos, pues antes que ella se vio liberado del poder musulmán. El camino de la especiería dio riquezas y permitió que sus preciosos cargamentos de canela, pimienta y nuez moscada, cambiaran el sabor de la mesa europea.
Riquezas y paz, son propicias para el desarrollo del arte.
Por tal razón, Lisboa pudo consagrar el estilo manuelino que tomó su nombre del rey Manuel I. Un arte decorativo que se manifiesta en la arquitectura, en la escultura y en la platería que consiste en la exhuberancia de motivos ornamentales relacionados con el mar y la representación de fauna y flora exóticas que conocieron los conquistadores en las tierras por ellos colonizadas.
Como ejemplo citamos el “Monasterio de los Jerónimos” La ermita de San Jerónimo” y la “Torre de Belén”. Esta última, cerca de la playa del Restelo desde donde partió Vasco de Gama para el descubrimiento del camino de la India.
La naturaleza exótica que influyó en el arte manuelino dio lugar a ese oasis vegetal que se encuentra en plena ciudad, llamada Estufa fría. Está situada en el parque Eduardo VII en el hueco de una roca y crecen allí las especies botánicas más hermosas y diversas de Portugal y de los países tropicales.
Paredes de vidrio y techos, aíslan a este bello jardín de los rigores climáticos. A veces se recurre a la calefacción artificial.
Antiguos habitantes de Lisboa, los visigodos, dejaron sus huellas en el típico barrio de “Alfama”. Desprovisto de toda planificación se presenta al visitante como un conjunto de calles angostas, sinuosas y marcados desniveles. Es precisamente en todo esto, donde radica su encanto. Para satisfacer todas las inquietudes del viajero existen en Lisboa importante hotelería y atractivas playas a escasa distancia del centro de la ciudad. Ayer fue Lisboa, centro de un vastísimo imperio, hoy con reducida superficie es para América una Puerta a Europa.