Oiticica y D

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Un mundo de sensaciones vanguardistas y brasileñasEstimulación y juego

Por Julián Rimondino

Hélio Oiticica / Neville D?Almeida
CC ? Programa in progress
Del 25 de noviembre de 2005 al 30 de enero de 2006.
Curador: César Oiticica Filho.
En el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), Av. Figueroa Alcorta 3415 ? Entrada $5 / estudiantes y jubilados $ 2.50 / miércoles gratis.

Los hechos

Las instalaciones fueron uno de los caminos que el arte tomó en el siglo XX. Obras de arte que se penetran, que se rodean, que crecen más allá del marco del cuadro, del pedestal de la escultura, que pueden incorporar cualquier elemento, que pueden erigirse (porque no se pintan, ni se esculpen, ni se dibujan, ni nada: se erigen, como monumentos, como ambientaciones) en el espacio cerrado del museo o en la calle, en el campo, en una plaza.
Los límites no existen y con la instalación, el arte terminó de cruzar fronteras para, ya directamente, poder ser cualquier cosa. Lo que importa en una instalación, entonces, es rodear al espectador. Cercarlo, estimularlo, incorporarlo a la obra de arte. A la obra, ahora, se ingresa.
Los brasileños Hélio Oiticica y Neville D?Almeida, siguiendo esa costumbre del arte brasileño de ser tan táctil, de trabajar tanto con las sensaciones, las texturas y la apelación al espectador a jugar con la obra, fueron quizás de los primeros latinoamericanos en lanzarse a hacer instalaciones. En medio del furor pop de los ´60 y ?70, diseñaron las ?cosmococas?, habitaciones sobre cuyas paredes se proyectan fotografías de fotografías decoradas con líneas de cocaína, para que el público (quizás sea el término equivocado, pero hay que llamarlo de algún modo) las ¿disfrute? acostado en colchones y limándose las uñas, jugando con globos, con figuras geométricas de goma espuma o recostado sobre hamacas paraguayas. Una mezcla de confort y relax con imágenes violentas, irreverentes, de ultraje y hasta de devastación.

Diseñadas en los ´70 y montadas por primera vez hace sólo algunos años, cuatro cosmococas llegan al primer piso del MALBA, y así el museo se llena de espectadores que recorren su segundo piso descalzos (hay que sacarse los zapatos para entrar a las cosmococas), disfrutando del regreso a la infancia que propone la muestra. Porque ingresar a las cosmococas es como meterse en una versión más grande, un poco más adulta y artística de un pelotero, ingresar a un espacio cerrado donde se incentivan las más infantiles y espontáneas conductas.

La gente se relaja, se acuesta en el piso, habla por sobre la música que acompaña cada instalación (esencialmente, el rock de Jimi Hendrix o las experimentaciones de Yoko Ono), ríe y juega con los globos o las limas de uña.
Todo parece valer dentro de las cosmococas, tan en su elaboración como en su recepción.

Las opciones

Con todo esto, aventuro una lectura de la obra. A través de la música y el relax se crea en el espectador esa sensación de paz que se buscaba en la experimentación con las drogas en los años ?60 y ?70. Un estado que se disfruta, que apunta al juego. Y sobre las paredes, imágenes de Marilyn Monroe, de Jimi Hendrix o de Yoko Ono decoradas con líneas de cocaína. ¿Un recordatorio? ¿Una alerta? ¿Glorificación de la droga o denuncia de sus peligros?
Las lecturas podrían ser interminables, se agolpan una detrás de otra. El público juega y disfruta dando la espalda a las imágenes de droga. La persona recrea las sensaciones que le dan la droga, sin ella, ignorándola. O la persona recuerda lo que la droga produce, disfruta de su encanto, se deja conquistar por él, mientras las paredes recuerdan la oscura realidad de la droga.

¿Es un juego sensorial? ¿Es meramente una provocación, producto de una época en que la innovación que consistían las instalaciones obnubiló a los artistas al punto de olvidarse de la construcción de sentido de su obra? La coyuntura histórica provee cientos de ejemplos de obras en donde lo que vale es el acto de provocación y no el sentido. Donde el pastiche y es escándalo son la esencia de lo artístico.

También puede buscarse la oposición de sensaciones: la calma y alegría del juego y la relajación versus la violencia de la droga. La música incita a entregarse al disfrute de los colchones o las hamacas, distanciando las imágenes, que no salen de un segundo plano.
Hay que considerar, como bien dice el catálogo, que las cosmococas son de ?medidas y cantidades variables?. ¿Qué pasaría si ?Maileryn? no tuviera 400 globos, sino 1.000, que dificultaran el ingreso y el tránsito por la obra? ¿O si en ?Hendrix-War? las hamacas no estuvieran colocadas en un orden simétrico? La obra, sin dudas, permite plantearse estas dudas. Las cosmococas pueden variar de tamaño, sus componentes alterarse, su disposición es meramente accidental. Las posibilidades son infinitas.

La obra de Oititica y D?Almeida va más allá de sí misma, de su materialidad, porque su objetivo es crear sensaciones en la gente que ingresa en ellas. Pero sin dudas son obras ?provisorias?; lo que se presenta en el MALBA es sólo una de las muchas formas posibles de armarlas.

Publicado en Leedor el 28-11-2005