Arde París

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Las palabras del escritor y guionista Marcelo Birmajer sobre los hechos de violencia sucedidos recientemente en Francia tienen desde aquí una encendida respuesta de nuestro Sebastián Russo. Birmajer says

por Sebastián Russo

Sobre la nota ?Arde Paris?, de Marcelo Birmajer, publicada en el diario La Nación, de Buenos Aires.

Escucho radio. Singular medio en donde las palabras fluyen, a veces incisivas, a veces banales, algunas veces comprometidas, otras arbitrarias, pero en fluir constante. Se van unas vienen otras. Nada parece atarlas, salvo cuando tocan alguna fibra, cuando logran algún tono, perdurando, arraigándose (más no sea hasta que fluyan otras del mismo tenor) Escucho radio. Se anuncia a Marcelo Birmajer (escritor, co-guionista de El Abrazo Partido) Se anuncia que hablará sobre los hechos de violencia sucedidos recientemente en Francia. Y se anuncia que sus palabras serán polémicas. Lo escucho, y sí, son polémicas. Me broto, quiero que ese impune fluir radial en este caso quede fijado a palabras escritas. Busco el articulo en La Nación por el cuál Birmajer fue entrevistado. Y sin mediar reflexión, comienzo este escrito.

Dice Birmajer, ?los vándalos que prenden fuego a los automóviles y destruyen las escuelas de París y de otras trescientas localidades francesas asesinaron a una persona el pasado viernes 4 de noviembre?. Digo yo: ¿los vándalos conforman un grupo? En palabras de Birmajer parecerían formarlo, y por tanto asumiendo un accionar organizado, premeditado. Como esperando agazapados (la Asociación de Vándalos Unidos) la oportunidad para demostrar todo lo que fueron planeando durante largo tiempo. Hasta incluso se podría pensar, repito, siguiendo las palabras de Birmajer, que la muerte de los jóvenes de ascendencia árabe que provoco el desbande, fue inducida por estos grupos, aburridos de estar en la clandestinidad, sin poder actuar.

Birmajer dice, ?lo mataron porque custodiaba, desarmado, un tacho de basura, para que no le prendieran fuego. Intentó, sin atacar a otros, preservar la civilidad, el cuidado conjunto, la vida en sociedad, la convivencia?. Yo digo: este -quizás- buen hombre, el que murió, ¿todo esto intentó preservar? ¿todo esto representaba: la civilidad, la sociedad… la humanidad? ¿en él confluía todo el orden social occidental? Sigue diciendo Birmajer: lo mataron porque estaba indefenso. Lo mataron por querer vivir como un ciudadano más en una república, entre iguales. Digo -yo- una obviedad: no todos los ciudadanos son iguales, por más que la constitución de un país así lo instituya. Las desigualdades -en principio- no son principalmente jurídicas -aunque también-, sino sociales, culturales, es decir, por fuera de la normatividad establecida. Un joven con rasgos árabes, puede no conseguir trabajo por razones que exceden legislaciones. El que murió no era igual, era blanquito, francés de pura cepa: ¿acaso no es la desigualdad lo que denuncian estos jóvenes neojacobinos? ¿no es la falta de iguales posibilidades, la que vociferan a quienes quieran/desean escucharlos?

Dice Birmajer, ?hasta ahora, lo único que sabemos a ciencia cierta es que en esas barriadas, las actividades en las que alcanzaban excelencia los vándalos eran la trata de blancas, la venta de drogas prohibidas, el robo, la opresión en general de las mujeres y las conductas violentas de unos para con otros?. Digo yo: ¿qué entiende Birmajer por ciencia cierta? ?Sabemos?, dice, a ciencia cierta. Un plural que podría querer indicar un: ?nos, los que escribimos en La Nacion?. Y así, Marcos Aguinis, Mario Vargas Llosa, Mariano Grondona, se encontrarían dentro de ese ?nos? enunciado por Birmajer. Y un ?ahhh, claro? invade la platea. Y aun queda repensar la declarada ciencia cierta. Afirmación teñida de esa certeza positivista referida a aspectos sociales de principios de siglo -que perdura, extendida… no olvidemos que Bartolomé Mitre aun vive: escribe la editorial de La Nación- Ni Einstein, ni Freud, ni todo el siglo XX pudieron con quienes aun pretenden una certeza científica en el análisis social. Una cientificidad certera que se pretende objetiva, anhelante de una verdad ?de una vez y para siempre?. Esto es ciencia cierta -para el señorito Birmajer-: los vándalos(?) son excelentes tratadores de blancas… ay.

Birmajer -nos- anuncia, ?la hipótesis que yo quiero sugerir, tan plausible como cualquier otra, es que lo que realmente quieren los vándalos es que el Estado les permita traficar narcóticos, oprimir a las mujeres y matarse unos a otros, sin entrometerse. Que les permita aplicar la ley del más fuerte sin la intervención de la legalidad estatal francesa. Están pidiendo ser dejados a su arbitrio en un mundo sin reglas. Quieren vivir en el delito?. Denuncio -yo-: no Birmajer, tu hipótesis no es tan plausible como cualquier otra, es una fantochada fascistoide (lo dije) Tu ciencia cierta se resume en afirmar que ?quieren vivir en el delito?: perverso y penoso tu decir. El silloncito cómodo hace que tu mirada no alcance más que hasta el dedo gordo de tu pie. ¿Cómo puede entenderse -tan ciega y nefastamente- que todos los que participaron en los disturbios, de diferentes ciudades, y hasta de diferentes países, estén buscando -todos: la Asociación de vándalos unidos en acción- ?vivir en el delito?? ¿Qué estúpida y suicida estrategia la de provocar una revuelta, y así hacer que la policía antimotines se movilice y reprima, e incitar al gobierno a endurecer las normas… todo, para vivir fuera de la ley, en el delito? No todo, amigo Birmajer, queda en la égida de la razón. Por otro lado, no solo hay UNA razón, mal que te pese. Estados de conmoción, de excepción, no pueden entenderse desde una lógica utilitarista. No todo puede medirse en una relación costo-beneficio. Sucede que hay aconteceres. Donde la contingencia manda, bajo ciertas condiciones que posibilitan su emergencia. Hay situaciones que se soportan, se aguantan, se arrastran, se agravan, y explotan. Los por qué de tu cierta ciencia, requieren -cuanto menos- algo mas de rigor.

Dice Birmajer: los actuales vándalos del extrarradio parisino viven en una situación de privilegio si los comparamos con las tres cuartas partes restantes del planeta. Todos aquellos que sean ciudadanos franceses gozan de un seguro de salud, de un seguro de desempleo y de un acceso a la educación muy superiores a los de cualquier pobre sudamericano, africano o de Medio Oriente. Digo yo: ¿es que la necedad no tiene límites? ¿es esto solo miopía? Incluso, hasta se está atentando contra una de las máximas del liberalismo -se ve que Mitre no leyó detenidamente- Uno intenta ?superarse? en su contexto, no con respecto a contextos en los que no vive. No podría pensarse así lógica de competencia alguna: punto nodal de una economía de mercado. Cómo se explica sino que alguien luche por sus derechos laborales (extirpados por pensamientos globalizados, como los del que te dije), en medio de un contexto de indigencia. Uno es en un contexto dado. Las tesis del hombre universal, han provocado mas de una masacre.

Uno no quema 25 mil autos para integrarse a una sociedad, termina diciendo Birmajer. Y no, no hay persona, que ella sola pueda quemar 25 mil autos. Aunque sí hay personas, que ellas solas, firmando algún decreto, negociando con algunos otros, pueden arruinar la vida de miles, o decenas de miles, o de cientos de miles de otras personas, generalmente marginados, generalmente relegados, excluidos, humillados por un diario convivir con la opulencia de otros, la arbitrariedad de las normas que se le imponen, pero iguales, eso sí… libres, iguales y fraternos.

Publicado en Leedor el 23-11-2005