Diversa: Balance

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Un repaso por lo más destacado del II Festival de Cine Gay / Lésbico / Trans, que se desarrolló en Buenos Aires entre el 10 y el 20 de octubre.Diversos

Por Julián Rimondino

Termina un festival y es hora de hacer un balance. DIVERSA no es el BAFICI, ni el Festival de Mar del Plata, y por lo tanto no hay demasiado que comentar sobre la organización, la política de selección o la comodidad de la programación o de las salas. El Festival de Cine Gay / Lésbico / Trans es un evento pequeño que sólo va por su segunda edición, realizado en dos únicas sedes (el Cine Cosmos y el Auditorio del MALBA) y es uno de los muchos exponentes de la rica actividad cinéfila de Buenos Aires.

Entonces, el criterio que vale para pensar el festival es si acercó al público un cine que valiera la pena. O sea: novedoso (en lo estético, en lo narrativo), divertido, inteligente; un poco de aire fresco y distanciamiento de los estándares. Y, por supuesto, las miradas que trajo obre su tema: la diversidad sexual.

Porque tampoco hay que olvidar que DIVERSA forma parte de la Semana del Orgullo que culminó en la Marcha del Orgullo Gay y que incluyó también el Festival de la Escena Queer. Así que, ¿qué nos dijo su programación sobre la sexualidad?.

La francesa Crustacés et croquillages (Crustáceos y moluscos), de Olivier Ducastel y Jacques Martineau, película de apertura, fue también (y lejos) lo mejor de la programación. Más que nada porque, como toda película que tiene algo interesante para decir sobre la sexualidad, no trataba solamente sobre eso. Más bien, es una comedia hilarante sobre enredos sentimentales y amorosos, malentendidos sexuales y deseos insatisfechos que, inevitablemente, buscan concretarse. La actuación protagónica de Valeria Bruni-Tedeschi (como la liberal y relajada madre de una típica familia de clase media) es totalmente encantadora, y el desprejuicio de los directores a la hora de guionar y filmar es acompañado por una honestidad y simpleza en la narración que hacen de Crustacés… una película que debería estrenarse comercialmente en nuestro país, y que con un poco de suerte no pasaría del todo desapercibida.

También fue muy desprejuiciada, pero mucho más pesimista, la israelí Good Boys (Buenos muchachos)¸ sobre dos taxi boys que se encuentran una noche, se enamoran y no vuelven a encontrarse por más que se buscan. Melancólica y muy cruda, sin dudas sufre de algunos diálogos demasiado explícitos, pero la inteligencia con que el director Yair Hochner plantea y resuelve las situaciones de su historia, tan fiel a un espíritu maduro que comprende lo compleja que es la realidad, hace que Good Boys dé un paso más adelante en el tema que los que dio Gus Van Sant en Mi mundo, más que nada en su franca representación de los actos sexuales. Hochner no tuvo miedo a filmar el sexo en su estado más crudo, ni de poner en pantalla la crueldad con la que se vive la prostitución.

Más allá de la ficción, el documental norteamericano We Are Dad (algo así como “Somos papá”), de Michael Horvat, se adentró en el terreno, tan candente hoy en día, del matrimonio y la adopción por parte de los gays. O adopción más bien, porque el matrimonio aquí se da por sobrentendido. Siguiendo el esquema clásico de entrevistas y voces en off, Horvat recorre la historia de una pareja de hombres que cuidan de 5 chicos VIH positivos desde que eran bebés, y que los reconocen como sus padres, y de su lucha con el Estado de Florida que se niega a darles la adopción. Simple y honesto, este documental no es lo más interesante de la programación, pero su tema le da una relevancia importante.

Ante tanta representación ?moderna? de la sexualidad (algunas demasiado políticamente correctas, otras mucho más inteligentes e interesantes), la gente de DIVERSA tuvo la buena de idea de contraponer El tercer sexo, film alemán de 1957 dirigido por Veit Harlan (también responsable de ese epítome del antisemitismo nazi que fue El judío Suss). Sorprende en una película de la Alemania de post-guerra, donde la homosexualidad estaba penada por ley, la presencia de algunas escenas realmente atrevidas para su época. Pero lo más importante es que El tercer sexo contrasta tan radicalmente en su planteo sobre el tema. No sólo porque es una película anti-gay, que trata el tema como un desvío que puede ser corregido mediante el acoso de una jovencita rubia bastante simpática, sino porque nos ayuda a darnos cuenta cuánto más inteligente es la forma en que se plantean, se desarrollan y se resuelven las historias en el cine de hoy (en el buen cine de hoy).

Lejos de las fórmulas más rígidas, lejos del simplimismo que divide entre malos y buenos, el cine que mostró el Festival de Cine Gay / Lésbico / Trans supo, en su mayoría, reconocer que las relaciones entre los seres humanos son difíciles y complejas, que el sexo es un elemento más en ese vínculo, y que las mejores películas sobre el tema gay son las que menos se sorprenden e interesan por la sexualidad de sus personajes. En su lugar, prefieren sus conflictos internos o con otros, su angustia, su alegría y su dolor. Los homosexuales de estas películas son personas complejas, personajes interesantes en films que no sólo resultan interesantes para la comunidad gay.

Publicado en Leedor el 21-11-2005