Algo habrán hecho

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Con Algo habrán hecho… la TV tiene la oportunidad de lograr que esa ?materia? tan odiosa que es la Historia sea percibida como algo digerible.Algo habrán hecho? por la Argentina

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Por Alejandra Portela

Como título para un programa de TV, aquella desafortunada frase tomada del pasado dictatorial argentino, usada aquí, en realidad como un llamado de atención sobre los temas y la responsabilidad de aquellos que forjaron nuestra historia, y que desde 1806 en adelante resultan ser los causantes de lo que hoy somos como sociedad histórica, como país, en definitiva. Alguna duda al respecto?.

Bien. En Algo habrán hecho? el tamdem Pergolini-Pigna elige el camino de la espectacularización del relato histórico, dormido en los manuales escolares, después revitalizado en las novelas históricas de Pacho O´Donell, y luego best seller en “Los mitos de la historia argentina” I y II del propio Pigna. Desde el lunes 14 de noviembre, la Historia Argentina tiene su puestito en la TV bajo la responsabilididad de Mario Pergolini (referente juvenil hace cuánto ya?, notable por cierto) con lo cual la TV tiene una oportunidad (siempre la TV?): la de lograr que esa ?materia? tan odiosa que es la Historia sea percibida como algo posible de ser mediatizado, incorporado y digerido por el mundo del entretenimiento. No se puede no entender a quien va dirigido el producto. Noche de lunes, horario prime time, una semana inmediatamente después a la finalización de La noche del diez. Y un rating casi parecido.

Cuando decimos todo esto ¿hablamos bien o mal del programa? En realidad, ni una cosa ni la otra. Pero sí nos encontramos en una disyuntiva. El primero de los programas de un ciclo de cuatro promete la misma estética rápida y fragmentada ?CQC? con una producción de vestuario, escenografía, actores y extras realmente notable, mechado todo esto con ?lecciones? del profesor (que parece ser lo menos atractivo, por eso la escenificación) en un taxi, o en las calles del Londres actual o las calles del Buenos Aires colonial .

Y en este punto el formato se come al contenido, un juego de luces de colores en donde lo importante deja de ser nuestra historia para ser la forma en la que se montan las escenas y se digitalizan las imágenes: pura interpretación contemporánea.

¿Estar un buen rato bajo un balcón mientras las señoras de Buenos Aires tiran agua caliente (en lugar de aceite).? ¿Tener un encuentro con Berutti en tono de comedia mientras éste amenaza dentro del Cabildo para que finalmente se constituya la Junta de Gobierno.? ¿Viajar en el colectivo 22 con las tropas inglesas presentificando el recorrido de la invasión hacia el corazón de la ciudad?.

Tirar flores al río en homenaje a Mariano Moreno, con un plano general del atardecer en el Río de la Plata.

-¿Pudo ser así?. -No, Mario, fue así.

Cuando se otorga un señalamiento, o cataloga la cobardía o la valentía de los hombres, la intachabilidad o la corrupción, la manipulación o la sumisión, y se afirma de manera innegable los hechos históricos sin fuente, sin duda y sólo con certeza, la historia se convierte otra vez en una historia oficial, en este caso desde otro punto de vista, pero con la misma indiscutibilidad y congelamiento.

Es bueno insistir con esto: la finalidad loable de acercar el pasado histórico a los medios es arremetida por una extremada espectacularización. Lo sabemos, la divulgación tiene sus propias reglas.

Me olvidaba… ilustrar las tertulias de la Buenos Aires colonial con un fragmento de Camila, la película de María Luisa Bemberg, es algo erróneo: la historia de Camila O´Gorman transcurre en la época de Rosas, por lo menos 30 años después.

Publicado en Leedor el 16-11-2005