La vida en Falcon

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Una película contundente sobre la lucha por la dignidad.
Por Sebastián Russo

La pregunta por el cómo vivir, por la elección de vida: la lucha por la dignidad. Estas cuestiones (y cuestionamientos) parecen estructurar La vida en Falcon. La dignidad, la libertad: la vida. Y puede pensarse (al leer lo anterior) en un film de elucubraciones tediosas, solemnes, una de esas películas de derroche ético/pedagógico, pero no. El interrogante por el amanecer venidero, por la alimentación próxima, por la amistad refrendada, le pertenece a un dúo que vive en la calle, o mejor dicho, que vive en sus respectivos autos (Ford Falcon ellos, claro)

El relato nos ubica en calles porteñas, en época pos menemista. Una ubicación espacio temporal que nos remite a la cotidiana presencia callejera de desplazados que, en crecimiento exponencial, pugnan por sobrevivir. Pero el relato no es lo que (fastidiosamente) se podría esperar: o sea, un cúmulo de clichés sobre la marginalidad. Jorge Gaggero se mete en la vida de Luis y Orlando, y son ellos (y no el cliché) los que arman el relato (el de la película), los respectivos relatos de sus vidas, y el relato (fragmentado, sugerido) de una Argentina que ha quedado (viene quedando) al margen de un status moral medianamente aceptable (ya que de medianías, de promedios estadísticos, se vale -y aspira- la democracia contemporánea).

La película muestra las luchas de los personajes por la construcción (cotidiana) de vidas dignas. Pero este ?mostrar? no arrastra consigo afán de objetividad. Muestra, pero sienta posición (y estoy diciendo una redundancia, mostrar es -siempre- encuadrar, y encuadrar es distinguir, es una decisión, una apuesta de ideas). Muestra, pero convocando a otros sentidos -no sólo la visión-. En La vida en Falcon, uno, espectador, vivencia, convive, revive. El frescor de las mañanas otoñales, las manos acercándose al fueguito redentor, el hambre eternizado, los cuerpos moldeados en la inclemencia, conformándose (estos castigados cuerpos) en horas de pasividad, condenados a perpetuo ocio.

Y la palabra, como musa liberadora, como instancia catártica: ambos personajes/hombres justifican sus elecciones, y la ?libertad? aparece insistente, como valor irrenunciable. Y una inquietud -entre muchas- no me deja: ¿qué es la libertad? Al menos en ellos -en lo que explicitan- tiene el lugar del fundamento, de la razón que -como pertinaz voz interior- justifica su estar allí. Y es allí donde la película de Gaggero vuelve a afectar, ya que también -y principalmente- da cuenta de lo no dicho, de las resistencias, las dudas, la angustia por detrás de humoradas, aparentes -necesarias- convicciones. Y así la tragedia: vidas acotadas al sobrevivir diario, a la necesidad urgente. Vidas sin posibilidad de concienzuda construcción, de previsión, de decisiones que tomadas impulsivamente no tiene mas proyección que el instante, vidas arrojadas a la más brutal contingencia.

Es precisamente este fluir urgente, el que impide, entre otras cosas, poder reparar en la carga simbólica del Falcon. Uno de los personajes no puede vender el auto porque sus papeles están perdidos en algún cuartel del Ejército. Dato que perturbaría a más de uno, a ninguno de ellos parece conmover (al grado de ni siquiera mencionar algo sobre su procedencia) En ningún momento se cuestiona el hecho de dormir sobre asientos que quizás hayan sido usados para trasladar detenidos en la ultima dictadura militar. La urgencia de ?necesidades básicas insatisfechas? harían que la reflexión simbólica, histórica, ideológica, se relegue (anule) ante una cotidianeidad apremiante. Inquietante potencialidad irreflexiva, si se piensa que la mitad de la población actualmente está por debajo de la línea de pobreza, o sea, sobrevive con sus básicas necesidades insatisfechas.

La vida en Falcon es una película contundente, que tiene la destacable característica de irse construyendo sin estridencias militantes, ni megáfonos denunciatorios, aunque tampoco con presuntuosa estilización, ni alardeada innovación estético/narrativa.
Luis, Orlando, sus Falcon, tratando de encontrarle la vuelta (una más) a la vida.

Publicado en Leedor el 15-11-2005