Crustacés et coquillages

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La película que se eligió para empezar el Festival Diversa en la noche de ayer no podía ser mejor: sin tomarse nada demasiado en serio y desde su ligereza, Crustacés et coquillages, afirma que lo mejor es dejarse llevar y no pensar tanto en las cosas. Un puntapié inicial sin duda energizante en un festival que promete.Sexo para todos

Por Julián Rimondino

El cine Cosmos suele ser sede de casi todo festival que se organice en Buenos Aires. Sala de cine arte, adorada por sus ciclos de revisión, siempre exhibidora de cine de calidad y marginal, tampoco ha dejado de lado el II Festival Diversa de Cine Gay / Lésbico / Trans, y así fue sede de su apertura.

Festival chico, pero festival al fin, Diversa eligió iniciar esta edición con la proyección de Crustacés et coquillages (Crustáceos y mariscos), de Olivier Ducastel y Jacques Martineau, una ligera comedia para nada superficial y totalmente encantadora. Con una increíble Valeria Bruni Tedeschi (una de las más menospreciadas actrices francesas actuales), éste resultó una gran elección como película de apertura. Claro que establece el nivel que se espera del resto de las películas bastante arriba, pero no hay por qué pensar que será difícil de mantener.

Si fue una elección inteligente abrir con este film es más que nada porque la forma en que aborda la sexualidad es sin dudas refrescante. Con el mejor tono de comedia de enredos, sigue los deseos sexuales de una familia vacacionando en la costa: una madre con un amante enamorado, un hijo con un amigo gay enamorado de él, un padre con deseos por el amigo de su hijo… una serie de idas y vueltas que el excelente y ajustado guión (firmado por los directores) manipula y hace suceder con total disfrute para el público. La actuación de Bruni Tedeschi es arrojada y relajada, como su arrojado y relajado personaje, una madre muy liberal, que sólo busca pasarla bien y no preocuparse demasiado por nada, y la muestra a sus anchas.

Lo que más destaca de Crustacés… es, de todos modos, su frescura. La forma en puede poner a sus personajes a bailar y cantar, o presentar los cuerpos desnudos y las escenas de sexo y masturbación (que no son pocas) con una especie de alegría veraniega, como si los directores dijeran: a no preocuparse demasiado, que esto es solo sexo.

Y es de esperar que sólo sexo (sexualidad y preferencias) sea lo que diferencie a las películas seleccionadas del festival del cine de calidad. Ojalá que todos sean tan desprejuiciados, relajados, tranquilos, como los personajes de Crustacés et coquillages. Se podría haber empezado el festival con una película que hablara ?de la cuestión gay?, que planteara una mirada diferente, que buscara una sensibilidad distinta.

Pero no.

Se eligió empezar con una película que no se toma nada demasiado en serio y desde su ligereza afirma que lo mejor es dejarse llevar y no pensar tanto en las cosas. Un puntapié inicial sin duda energizante: uno sale de la película de Ducastel y Martineau deseando ver más, mucho más.
El festival promete. Ahora, a sumergirse en él.

(Las mayores promesas del festival son We Are Dad, de Michael Horvat, documental sobre una pareja de hombres tratando de adoptar hijos; Good Boys, de Yair Hochner, y Keep Not Silent, de Ilil Alexander, ambas de Israel; y el ciclo de revisión, que incluye a De repente, el último verano, de Joseph Mankiewicz, el film de culto The Rocky Horror Picture Show, de Jim Sherman, y Persona, de Ingmar Bergman, entre otras. Aunque también está lo que quizás sea lo más corrosivo, lo más escandaloso y lo más divertido de todo el festival: The Raspberry Reich, de Bruce La Bruce.)

Publicado en Leedor el 10-11-2005

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