Cachimba

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La buena fotografía no logra salvar un film moroso y demasiado largo.Naturaleza bien muerta

Por Julián Rimondino

El cine chileno llega muy poco a Buenos Aires. Pero al reciente estreno de Machuca se suma esta semana el de Cachimba, es una coordinación poco común. Y no es que quiera hacer una chiste fácil, pero si la idea es ganar mercados, con el estreno de Cachimba dudo mucho que se lo logre.

Esta es una película que necesita del apoyo de la crítica para tener éxito. Porque es latinoamericana, porque tiene (mejor dicho, intenta tener) un humor extraño, porque sus actores no son conocidos de este lado de la cordillera… y nada de esto seduce demasiado al público en general. Pero la verdad es que es difícil destacar lo que tiene de positivo por sobre lo que le falla.

Primero, lo bueno: las actuaciones. El trío protagónico (Pablo Schwarz, Mariana Loyola y Julio Jung) componen a sus personajes con solvencia e incluso encanto, y cuando Cachimba es graciosa, lo es porque ellos hacen algún chiste. Jung es especialmente destacable por su papel como Don Felipe, un anciano demacrado y borracho que maneja un derruido museo donde se encuentra la obra de un pintor ignoto pero increíblemente talentoso que Marcos (Schwarz) descubre en un viaje con su poco sexual novia Hildita (Loyola). De allí en más, lo que sigue es cómo las obras de este pintor desconocido resuenan en Marcos (especialmente un cuadro llamado ?Naturaleza muerta con Cachimba?) y como éste quiere rescatar al museo de su abandono.

Todo esto Caiozzi lo narra buscando un tono de comedia absurda, incluso surrealista. Pero no todo lo que buscar hacer reír lo logra. Los gags físicos son bastante elementales y poco graciosos, y quizás lo único verdaderamente cómico sean las secuencias de sueños y fantasías, pero la forma en que el director abusa de ellas en el final de la película destruye su efecto cómico.

Caiozzi afirma que hacer Cachimba fue para él un reto, porque le significó alejarse del tipo de películas que venía realizando (Coronación, Julio comienza en julio) para adentrarse en el territorio de la comedia. El cruce no ha sido feliz, porque los tiempos dilatados de sus otros films no funcionan en este caso, pero Caiozzi parece interesado en mantenerlos, lo que queda claro ya desde la secuencia de títulos: si durara un cuarto de los que dura, sería divertida; siendo tan larga como es, aburre.

De hecho, todo el film se hubiera beneficiado de un metraje más corto (se estrena con una duración mayor a 2 horas) y de un guión más ajustado, cuya falla principal es amagar con cerrar la historia para luego continuarla, lo que comienza a pasar en el último cuarto de película. Y también se le tiene que machacar agotar los chistes, estirándolos demasiado y haciendo que muy pronto, lo que en un principio era simpático, se vuelva molesto.

El juego de luces y sombras es sin dudas de lo más acertado de la película, lo mismo que el trabajo con las texturas, pero la mal ejecutada historia hace que el aporte de la fotografía sea demasiado poco para salvar a Cachimba.

Publicado en Leedor el 10-11-2005