La quimera del oro

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La desesperada pasión que el oro había despertado en centenares de buscadores sería el elemento principal del film de un clásico inimitable La quimera del oro.La quimera del oro

Por Carlos Pagura

La idea le surgió a Charles Chaplin una apacible mañana en la casa de Douglas Fairbanks y Mary Pickford, junto a quienes fundaría la United Artists. Allí, vio unas fotografías estereoscópicas de las regiones que circundan la frontera entre Alaska y Canadá: el escenario donde había tenido lugar la “fiebre del oro” entre 1896 y 1910.

La desesperada pasión que el oro había despertado en centenares de buscadores sería el elemento principal del film pero -además- Chaplin pensó en adosarle episodios referidos a la histórica Expedición Donner. Aquella aventura había acabado en catástrofe y obligado a los exploradores, que buscaban un paso en la montañas hacia California, a practicar el canibalismo.

Auspiciado por United Artists, Chaplin invirtió dos millones de dólares en producirla. Para empezar, contrató a más de un millar de extras para rodar la imponente escena inicial, en el desfiladero nevado, cuyas tomas se efectuaron en un solo día. Además, mandó construir en decorados un pueblo montañés.

Chaplin mantenía una relación amorosa desde hacía cuatro años con la actriz Lita Grey, quien al momento de “La quimera…” contaba con diecisésis. Durante una de las escenas, Grey se desmayó, y los médicos certificaron que estaba embarazada. Entonces, Chaplin se casó con ella para evitar ser denunciado y, siete meses más tarde, nacía Charles Jr. Luego nacería Sydney y, en 1927, se separaron en un tormentoso divorcio.

Guiado por su espíritu perfeccionista, que lo llevaba a cualquier decisión para lograr el resultado ideal, Chaplin prescindió por completo de las escenas filmadas en el poblado que había mandado a construir. Regresó a Hollywood, y volvió a rodarlas en estudio con la ayuda de varias toneladas de sal gruesa, para simular la nieve.

En “La quimera del oro” se hallan algunas de las escenas más recordadas de toda la filmografía chaplinesca. Aquí tiene lugar, por ejemplo, el célebre ballet que Chaplin lleva a cabo con un par de panecillos y tenedores. La idea ya había sido empleada en algunos números de music-hall, pero fue él quien la inmortalizó.

También tiene lugar la escena en la que decide comerse -ante la falta de alimentos- uno de sus zapatos. Para filmarla, Chaplin dispuso de un particular calzado, cuya suela y cordones se habían modelado en base a una masa dulce, y en el que los clavos que asomaban de la suela sabían a caramelo.

Tras un rodaje que se extendió desde enero de 1924 a mayo de 1925 -en condiciones tan difíciles como las que soportan los protagonistas, en las montañas Rocosas de Nevada- se estrenó en el Stand Theatre de Nueva York. Tuvo una gran acogida del público pero, de todas formas, a causa de la presión sufrida dentro y fuera del set, Chaplin sufrió una crisis de nervios.

Fue, además, una de las películas prohibidas por Joseph Goebbels, jerarca de la propaganda nazi en los años de Hitler. Quizá influenciado por los orígenes judíos de Charles Chaplin, sólo se limitó a decir: “No coincide con la filosofía sobre el mundo que se tiene hoy en Alemania”. La venganza artística del cineasta llegaría en 1940, con “El gran dictador“.

Chaplin era uno de los artistas más reticentes a la irrupción del cine sonoro. “Anula la gran belleza del silencio”, solía decir. Sin embargo, en 1942 aceptó adaptar “La quimera del oro” a las características del cine sonoro.

Así, alargó algunas escenas, acortó otras, sustituyó los rótulos por un comentario sonoro y añadió una partitura musical que él mismo había compuesto. También cambió el final: en la versión muda, un reportero gráfico registra el beso final entre Chaplin y Georgia; en la sonora, el protagonista se limita a susurrar al oído que la desconocida pasajera del barco iba a convertirse en su mujer.

Publicado en Leedor el 8-11-2005