Casabal Sastre

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La obra de Casabal Sastre es un canto de vida que no le hace reproches a lo amargo. Nos previene y, sin embargo, nos comunica que en cualquier sitio inesperado podemos renacer en un indeciso amanecer.
Un millón de años, un millón de días
Muestra de Francisco Casabal Sastre

“?En cada paso que, con agilidad de diosa de un Palenque sacro, da con una suavidad casi invisible, la princesa de cabellos de seda deja en el barro fresco, huellas firmes y sabias de una historia que se clavará en su alma con una daga asesina pero no malvada. Un susurro aún dormido se apoya sobre un ejército de troncos de araucarias que, en un último relevo antes de una batalla perdida, se eleva hacia un infinito que lentamente se derrumba sobre sus gigantescas copas. La noche aún detiene a la aurora que, en un paso somnoliento, se viste con sus guantes de fuego preparándose con un grito desesperado de guerra.
La semidiosa, perdida en el tiempo, respira en un incansable jadeo la tristeza de ésta, su última noche. Festeja con una danza macabra su dolor de hembra ultrajada. Los pinos, altísimos y sacros, con sus mantos de agujas esparcidas sobre un piso fértil, protegen su espanto de madre desesperada y cubren su huída dando estocadas, contra un invasor maldito, con sus aguzadas ramas. Sus ojos verdes, zafíreos, ven a través de la selva oscura, tres cometas que enarbolan banderas con cruces oscuras y ensangrentadas, alzadas en el nombre de un dios que no conoce flotando sobre su muerte segura. Desde lo alto, en una conspiración desesperada, las estrellas le susurran una advertencia. A lo lejos, en el horizonte olvidado, los truenos despiertan al mismo tiempo que Huitzilopochtli levanta su espada preparándose a para la batalla despiadada.
Ha llegado, ella lo sabe, su vello erizándose en lo más alto de su lomo negro, se lo advierte. La mano pacífica de un nuevo dios acaricia con una sonrisa hipócrita su rostro, sosteniendo una cruz de plata impregnada con su suerte desterrada. Viene desde lejos, desde una tierra aburrida, gastada, sucia de mentiras y, con la excusa de una muerte noble, asesina a nuestra heroína elevando al cielo una ostia sagrada. Desembarca en esta tierra virgen, de almas puras, bajo una máscara de hierro fundido con sangre vana. En un último intento desesperado, el ángel negro galopa arañando la tierra con sus garras, marchando hacia su palacio escondido en lo más alto del mundo. Allí, entre palmeras tibias, recostado sobre un trono de oro noble, duerme su esperanza…” (FCS)

DE NOSTALGIAS Y TORMENTAS

Por Osvaldo Sabino

La obra de Casabal Sastre es un canto de vida que no le hace reproches a lo amargo. Nos previene y, sin embargo, nos comunica que en cualquier sitio inesperado podemos renacer en un indeciso amanecer. Los trazos se desarman, acompañan, chocan entre sí, perduran en la mente lastimando los sentimientos de un ser que puede vivir todo el dolor como suyo, que sigue adelante cantando con serenidad, y que, como el mar, no tuerce su rumbo, aunque las tempestades intenten doblegarlo. Casabal Sastre se enfrenta a la nostalgia de la pérdida aunque, al final, no está seguro si alguna vez ha tenido lo que ya no encuentra. De sus obras se desprende que él sabe que la verdad es sólo un fantasma. Pero continúa creyendo y nos trasmite que, al final de los tiempos, esa verdad inasible es lo único que sobrevive a todas las tempestades.

Publicado en Leedor el 27-10-2005