Adictos al sexo

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En la nueva película de John Waters, un cine trash aminorado permite su estreno comercial.Adictos al Sexo

Por Elizabeth Motta

Aquellos que hayan ido al Malba a ver Pink Flamingos recordarán el nombre de John Waters, y seguramente no habrán podido olvidar aquella escena de Divine comiendo caca de perro recién salida. Este director independiente norteamericano, ha sido calificado comúnmente como un realizador del cine trash, es decir, del cine del sexo abundante, la violencia, la suciedad y la crítica social. En una palabra, de la contracultura. Su última película, A Dirty Shame, si bien puede ser considerada como trash, lo es en menor grado que las anteriores (he aquí el por qué de su estreno comercial, que a propósito será sólo en las salas del Hoyts del Abasto).

Adictos al sexo es un relato que se sitúa en un vecindario de Baltimore (ciudad natal del director, donde ha filmado la mayoría de sus films), aparentemente tranquilo y amigable, donde una epidemia de sexo y perversión se está expandiendo. Aquellos que se golpeen la cabeza despertarán a una libido sexual insaciable, en especial aquellos que son asistidos por un ?curador?, algo así como un sanador espiritual llamado Ray Ray quien les mostrará el camino hacia el orgasmo. En su iglesia (un galpón de servicio mecánico) se encuentra el grupo de los 12 (¿apóstoles?), cada uno de los cuáles se caracteriza por tener una fantasía erótica distinta, en general bastante patética o sucia. Su misión es lograr una revolución orgiástica, imponer el libertinaje y, sobre todo, descubrir una forma de relación sexual nunca antes experimentada. Aquellos vecinos conservadores autodenominados ?neutros?, harán todo lo posible por detener la perversión que los invade. Pero estos defensores de la moral no son quienes protagonizan el relato, e incluso se puede afirmar que están ridiculizados.

Si hasta ahora han leído en este artículo constantemente la palabra ?sexo? u otros calificativos relacionados, no es casualidad. A Dirty Shame es, de principio a fin, un bombardeo de elementos que connotan esa idea: árboles, plantas, piedras, animales (ardillas), todos tienen forma de órganos genitales femeninos o masculinos. Una de las protagonistas es una joven con senos enormes; su madre, una exconservadora, cada vez que se golpea la cabeza proyecta en su mente un collage de películas porno de los ?70; hay homosexuales, lesbianas, incluso los ancianos despiertan al deseo. Pero lo más sorprendente es que, a pesar de todo, no hay una sola escena de sexo explícito. Lo pornográfico se reemplaza por el humor, y las situaciones cómicas crean un clima de locura y perversión que va en aumento a medida que transcurre el relato, como si el film se tratara de una gran erección que sólo al final, junto con el descubrimiento de la nunca antes experimentada relación sexual, se produce la eyaculación, cuando acaba el film.

Publicado en Leedor el 20-10-2005