El cadáver de la novia

0
7

Un guión intachable, muchas canciones y la estética que a Burton más le gusta.Dulces pesadillas

Por Julián Rimondino

Antes de Moulin Rogue, antes de Chicago, antes de que los directores de Hollywood se pusieran a hacer musicales, Tim Burton ya lo había hecho. Porque si bien El extraño mundo de Jack no la dirigió él (sino Henry Selick), su estilo, sus colores, sus personajes y, especialmente, sus canciones, ya habían acuñado un extraño de tipo de musical, algo así como el musical de terror meláncolico, si debemos ponerle nombre. Y si gran parte de la prensa habla de El cadáver de la novia como el regreso de Burton a la animación, al mundo de Jack o, directamente, a sus raíces, también podemos decir que con esta película regresa a la estética que más (y quizás mejor) lo define.

Una aclaración sobre la música. Esta película es un musical como lo eran las películas animadas de Disney de los ’90, donde las canciones se usaban para presentar situaciones o desarrollar los mometos más dramáticos de la trama. Esto no da como resultado un film infantil, porque la música de Danny Elfman es lo suficientemente macabra y melancólica como para volverla adulta. Lo mismo que la manera de firmar de Burton.

Ha habido quejas de que la animación stop motion de El cadáver de la novia es demasiado prolija, muy retocada digitalmente, en contraposición de Wallace y Gromit: la batalla de los vegetales, que se estrenó la semana pasada. Pero lo que menos importa es la forma en que se logró la imagen de esta película, porque su fuerza, su emotividad, es tan grande que anula cualquier queja: como ya se espera de Burton, cada encuadre es impecable, justo el que se necesitaba para que la historia de lo mejor de sí.

En este caso, se narra sobre Victor, un joven hijo de vendedores de pescado, con mucho dinero pero carente de status social. Así que lo van a casar con Victoria, la hija de unos aristócratas en bancarrota, a quien jamás ha conocido. En el ensayo de la boda, los nervios de Victor son tales que no puede ejecutar el ritual de casamiento apropiadamente. Por eso se va la bosque, a pasear, tranquilo, y sólo allí logra llevarlo a cabo como se debe. Pero jugando, le coloca el anillo de bodas a una rama. Que no resulta ser una rama, sino el brazo cadavérico de una novia muerta en ese bosque hace mucho tiempo. Como el ritual se realizó correctamente, ahora Victor se encuentra casado con ese cadáver, Emily, que lo lleva sin dudarlo a su mundo, la tierra de los muertos.
El guión es intachable: no sobra ni falta nada, los chistes son cómicos; los momentos tristes, emocionantes; las canciones, necesarias y expresivas. El diseño de personajes es lo suficientemente irrealista: los personajes humanos son bien caricaturescos, falsos, mientras que los personajes del mundo de los muertos son vivaces. De hecho, Emily es mucho más sensual, más vivaz, más encantadora y coloridad que Victoria. El mundo de los muertos es más vivo, feliz, alegre que aquella tierra con algo de Europa Oriental y otro poco de Inglaterra victoriana donde moran los vivos.
Helena Bonham-Carter es la voz de la novia, y el habitual Johnny Depp pone la de Victor. Un duo que Burton ya había empleado (son además, su esposa y su alter ego) y que excelentes resultados ya había dado. Y que ojalá vuelva a explotar nuevamente. Pero la tercera parte de este triángulo es la que se ha mencionado poco: Emily Watson. Todos hablan de lo perfecta chica Burton que es Bonham-Carter, pero tan sólo oir la voz de Watson demuestra que ella, también, puede sumarse a ese grupo donde alguna vez estuvieron Michelle Pfeiffer y Winona Ryder. Ojalá que Burton le de una oportunidad poniéndola, de cuerpo entero, en pantalla.

Publicado en Leedor el 14-10-2005