Plan de vuelo

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Poderosa Jodie Foster. Además de ser la estrella absoluta de la película es una fuerza de la naturaleza. Vuelo, imagen, Foster, Foster, Foster

Por Julián Rimondino

El instinto maternal debe ser algo increíblemente fuerte. Y poderoso. Algo que lleva a una mujer al extremo. Y Jodie Foster parece estar totalmente de acuerdo con esto. Porque si La habitación del pánico no lo había dejado bien en claro, Plan de vuelo se encarga de eliminar cualquier duda al respecto.

En el film de David Fincher, Foster era una madre recién divorciada que se encerraba en el pequeño bunker del título, y la segunda mitad de la película se centraba en ella haciendo lo imposible por salvar a su hija adolescente. Aquí, en el debut hollywoodense del director alemán Robert Schwentke, Foster es una madre recientemente viuda que en medio de un vuelo de Berlín a Nueva York pierde a su hija de 6 años. Hija que ningún otro pasajero parece recordar. Entonces, la locura y la desesperación se apoderan de ella y nada la detendrá en su frenética búsqueda.
Ambas historias son de una simpleza apabullante, meras excusas para hacer un despliegue de thrills, momentos de suspenso y tensión. Si Fincher los entregaba sin fisuras, Schwentke no tiene una dirección tan precisa, ni un estilo de filmar tan exacto, pero de todos modos sus escenas son más vigorosas y energéticas que muchas (demasiadas) películas de hoy en día.
Claro que un guión más ajustado sin dudas lo hubiera beneficiado. Más que nada porque se nota terriblemente la diferencia entre las escenas que más lo divierten (por ejemplo, la narración de la muerte del esposo del personaje de Foster, que mezcla ficción y realidad, alucinaciones y recuerdos, y no se preocupa por diferenciarlos) y aquéllas que parecen ser concesiones al estilo hollywoodense más típico.

Por suerte, las primeras superan a estas últimas, no sólo en impacto sino también en número, y su efecto sobre el espectador es tal que la tensión de la película causa un verdadero nerviosismo en el público.
Porque el estilo visual de Schwentke cautiva. Hay aquí mucha cámara que da vueltas en círculo, mucho seguimiento de personajes sin cortes por pasillos estrechos y mucho, pero mucho, primer plano de Jodie Foster. Que además de ser la estrella absoluta de la película es una fuerza de la naturaleza. Su actuación es vibrante, especialmente cuando no tiene diálogos y expresa la desesperación de su personaje por medio de su tensa mirada y sus frenéticos movimientos. Esta es una interpretación total, y gran parte del éxito de los thrills, uno de los principales motivos por los que funcionan, es porque Foster se entrega en cuerpo y alma.
Cada vez aparece menos en pantalla, a razón de una película cada uno o dos años. La espera sin duda vale la pena. Pero, quizás, algunos se preguntarán: ¿por qué, si trabaja tan poco, elige hacerlo en este tipo de películas? Sin duda sus últimas elecciones están muy lejos de lo que se espera de una estrella ganadora de dos Óscar. Como lo era La habitación…, como lo era Amor eterno, Plan de vuelo es un despliegue de virtuosismo, de aquellos que si se hacen bien son maravillosos y si se hacen mal son un desastre inmirable. Foster trae a ellos su personalidad, ya de por sí cautivante, y la suma al trabajo de directores que buscan jugar con la imagen. Schwentke, viendo cómo puede manipularla para afectar, emotivamente, al espectador, necesita de una figura fuerte y talentosa como Foster para acompañar su ritmo, sus sonidos y sus imágenes con una voz, unos ojos, un cuerpo tan moldeables, tan versátiles, como pueden serlo los recursos formales del cine. Un combinación de artificio y humanidad que ojalá el cine de las superproducciones supiera producir siempre.

Julián Rimondino