Wallace y Gromit

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Una historia sencilla y una técnica impecable logran una película simplemente encantadora.Simplemente encantador

Por Julián Rimondino

A esta altura del partido, no es ninguna novedad decir que las películas de animación son lo mejor que está saliendo de Hollywood. Algunos de sus realizadores venían de la TV (como Brad Bird, director de Los increíbles, que pasó años en Los Simpsons), y ya allí habían experimentado con todo lo que la animación puede hacer. En el caso de Wallace y Gromit ? La batalla de los vegetales, su creador, el inglés Nick Park, ya había probado a los personajes en el cortometraje, ganando dos Oscars en el proceso. Al expandirlos al largometraje, demuestra una capacidad para mezclar elementos adultos y otros infantiles de manera perfecta, y no es exagerar decir que esto sólo lo logran los grandes narradores.
El primer encanto de la película es su técnica de animación: el stop motion. Por más que se la digitalice, por más que muchos de sus fondos sean creados en computadoras, es esencialmente artesanal, básica, totalmente encantadora por su simpleza.
Y la simpleza es la clave de Wallace y Gromit. La historia es sencilla: Wallace y Gromit manejan Anti-pesto, un servicio de control de plagas. En su pueblo, todo el mundo tiene pequeñas huertas en sus jardines, y todos esperan con gran anticipación el Concurso Anual de Vegetales Gigantes. Por eso, los conejos son una gran problema. Wallace y Gromit los cazan, pero los tratan ?humanamente?: no los matan, los atrapan y luego los mantienen vivos en su casa. Cuando al pueblo lo ataca un conejo gigante de un hambre voraz, ellos serán los encargados de detenerlo.
Pero en medio de esta historia (ejecutada con un respeto y cariño por el ridículo que resulta enternecedor), se cuelan las obligadas referencias para los adultos. Que no son la inclusión de un humor tipo sitcom o más irreverente; Park y su codirector Steve Box eligieron un camino totalmente distinto y homenajean desde la historia y desde sus imágenes al cine de terror más clásico, a los monstruos más tradicionales: Frankenstein, King Kong, Drácula, todas las películas del género hechas durante los años ´30 son citadas aquí, porque ellas instalaron un modo narrativo que Wallace y Gromit utiliza y explota al máximo. Una vez más se trata de sencillez: es éste un tipo de relato que hemos visto mil veces, a pesar de que los detalles de su historia (los vegetales, los conejos) la hayan singularizado.
La sencillez es enorme, y por eso mismo es encantadora. Más allá de los chistes que producen carcajadas, todo hace sonreír en esta película. ¿Por qué? Porque se disfruta. Porque los personajes son adorables, el desarrollo de la trama es ingenioso, la animación es vivaz, el trabajo del color es encantador.
Tanta simpleza, por supuesto, no es fácil de lograr. Hay detrás de ella un guión que funciona como un reloj, un trabajo de diseño minucioso, un concepto visual definido que se ve representado en cada detalle. Nada sobra, nada está de más: todo está en sincro y ayuda a construir un film impecable.

(Las proyecciones de Wallace y Gromit se acompañan de un divertidísimo cortometraje protagonizado por los pingüinos de Madagascar, y que vale la pena tanto como el largometraje que le sigue).

Publicado en Leedor el 7-10-2005