Espejo para cuando..

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Un documental sobre el escultor Ricardo Longhini resulta una rica combinación entre el hacer del artista y su compromiso histórico.Una cadenita arriba de la otra

Por Alejandra Portela

No es precisamente de tiempo de smokings de lo que habla este documental de Fernández Mouján. Dentro de muchos años, cuando haya que explicar aquel período cruel que vivió la Argentina entre el 2001 y el 2004 deberá prestarse atención a esta propuesta que registra el trabajo de un escultor comprometido con su tiempo: Ricardo Longhini.

Es que no hay secreto en mostrar, cuando se trata de un proceso artístico. Seguramente se podrá entender mejor de qué manera un artista preocupado por la historicidad de los objetos llega a construir, a fuerza de razonamientos y búsquedas estéticas el resultado final de su voluntad. Entendiendo además la voluntad como un camino, como un hacer, no tanto como la imposición de algo que no cambia.

El documental de Fernandez Mouján ?es?? Ricardo Longhini y el artista ?es? el documental. En su intercambio de esencias uno se nutre del otro: no parece haber otro camino formal que el que elige el director de Las Palmas Chaco o Banderas de humo. La simpleza del Barrio de La Boca, barrio de ateliers de Buenos Aires, visto desde el interior ?Vivimos todos en el mismo país o no??. Una cámara que observa sin interrumpir la tarea del factotum se convierte en esos tres años de seguimiento, en una compañera más: ?Fuiste a ver la peli de los dos alemanes en Japón que pasan en el Cosmos??. Le pregunta Longhini mientras sigue piedra por piedra, perdigón por perdigón.

Es febrero del 2002 y todavía resuenan los transpirados días de diciembre, cuando el país caía en una de sus sombras más profundas. El documental de Mouján se juega por las texturas del tiempo: óxidos, desechos, botellas flotando en el Riachuelo, vidrios. Son tiempos de pobreza y el primer objeto a construir es un gran homenaje a los muertos del 20 de diciembre. La exposición en el Centro Cultural Recoleta lo involucra como un artista del movimiento Argentina Resiste en setiembre del 2002 y la obra parece no aceptar la sala de exposición: la brea se empieza a resquebrajar y habra que empezar de nuevo.

Luego vendrá esa bandera de chapa con cadenas: signo de la opresión, una cadenita al lado de la otra formando algo muy denso, en esta bandera el sol es una sierra que ?somos nosotros que algún día aserraremos a los que se merecen ser asserrados en este país?. O un mango de tronchador. El barrio es inseparable del artista, como ese perro que cuesta tanto echar. No hace falta ir muy lejos: la Plaza de Mayo parece estar a kilómetros.

Longhini se toma su tiempo para doblar en la herrería lo que será el casco de hierro de Videla, o revolver en una pila de huesos aquellos que va a usar, la cámara lo sigue mientras sigue evocando su inevitable referencia a la politica y al arte. ?Los coleccionistas argentinos son perversos, coleccionan artistas no arte?.

El título, largo y difícil de recordar, tendrá su explicación hacia el final y uno se podrá ir del cine con el sabor de haber asistido a una combinación compleja: la de momentos íntimos y privados a la vez que históricos y públicos.

Publicado en Leedor el 1-10-2005