Yesterday

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Darrell James Roodt y su Yesterday no pasarán a la historia como la película definitiva sobre el SIDA, ni como la película definitiva sobre la precariedad de la vida en el África rural. Si su historia merece tanto detalle es porque su poesía es el punto más fuerte del film.No dejes de andar

Por Julián Rimondino

Yesterday camina. Camina hasta la lejana clínica donde, espera, le curen esa tos tan molesta que carga hace meses. Camina de vuelta de esa clínica. Camina cargando el agua de la única bomba del pueblo. Camina en áridos paisajes, en senderos de tierra, bajo el abrasador sol de Sudáfrica, sola (como mucho acompañada por su inquisitiva y pequeña hija Beauty) en medio de una naturaleza inhóspita. Que es desoladora no por ser hostil, sino por ser tan inconmensurablemente grande. Cualquiera se pierde entre esas montañas lejanas y esas llanuras interminables.
Espacio a Yesterday no le falta. No ha nacido en el pueblo donde vive, y la poca aceptación que ha tenido entre sus vecinas se esfumará una vez que su drama se desarrolle. Pero esto no parece importarle demasiado a Yesterday. Porque sabe que su vida es tan pequeña, que su existencia es tan ínfima, que poco importa la vida como para preocuparse por ella. Yesterday vive, sin pensar en si vive bien o mal, sin pensar en si morirá mañana o en cien años.
Por eso, cuando una doctora (blanca, pero que habla un zulú tan perfecto como ella) le anuncia que tiene ?el virus?, poco cambia en su vida. Morirá más pronto, sí, pero eso no es de garrafal importancia. Se asusta bastante, pero no lo suficiente para que el miedo la detenga. Va a buscar a su esposo (que por trabajo sólo ve cada tantos meses), porque la médica le dice que es importante. Aquí se desencadena su drama: a los demás ?a sus vecinas, a su esposo? sí parece importarle su enfermedad. Y mucho
Darrell James Roodt y su Yesterday no pasarán a la historia como la película definitiva sobre el SIDA, ni como la película definitiva sobre la precariedad de la vida en el África rural. Tampoco tiene que hacerlo. Si su historia merece tanto detalle es porque su poesía es el punto más fuerte del film; porque su simplicidad y su falta de pretensiones son su apoyo y acierto.
Roodt film con soltura, no le teme a los lugares comunes (y logra sacarles todo el jugo posible) y se permite volar alto para encuadrar a Yesterday y sus caminatas con tomas panorámicas. Su nombre ya nos lo dice: ella es puro pasado. Como africana pobre, jamás tuvo futuro. Para ser justos, tampoco tuvo mucho pasado. Hubo eventos en su vida, que se sucedieron y la hicieron sufrir; esta especie de calma, de quietud, incluso de pereza, no la da sólo la historia ni las actuaciones del elenco, sino el encuadre del director. Los planos generales con que encuadra a Yesterday ayudan a mostrar la inmensidad del mundo y la pequeñez de esta mujer. Que luchará, se quejará, tratará de vivir y de seguir adelante. Pero que muy poco puede hacer por evitar morir, por luchar contra su enfermedad, por cambiar su situación.
Como se ve en el mejor cine social, la protagonista no busca la revolución, el progreso, el bienestar. No conoce estas cosas. Yesterday es analfabeta y vive en un mundo que no hará nada porque deje de serlo. Y que tampoco hará para evitar que se muera de una enfermedad totalmente evitable. La conciencia ?y la indignación? social surgen entonces con más potencia que cualquier panfleto podría darles.
No se trata tampoco de que Yesterday sea una película pesimista. Todo lo contrario, es bastante esperanzadora. Pero no lo es de forma ingenua. Yesterday se va a morir, qué duda cabe. Aquí no hay soluciones mágicas, no hay ningún evento que no provenga de su voluntad y accionar: ella se tiene que hacer a sí misma. Y hace lo que puede, lo que le dejan hacer.
El mayor acto de inteligencia y habilidad de Roodt ha sido, justamente, lograr que esto resulte esperanzador: la esperanza no viene de la posibilidad de mejorar (porque Yesterday no la tiene), sino de que se niega bajar los brazos cuando todo se le viene encima.

Publicado en Leedor el 11-9-2005