Los que aman, odian

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Elena Bisso invita a leer Los que aman, odian, la novela que escribieron juntos Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares y publicaron en 1946Vértigo en la razón

Por Elena Bisso

?Del automóvil bajaron una, dos, tres, cuatro, hasta seis personas. Se agolparon contra una de las portezuelas traseras. Laboriosamente extrajeron un objeto largo y oscuro. Luchando y zarandeándose en el viento, deformes, por efecto del vidrio sobre nuestras miradas oblicuas, a tientas, como en la noche, tropezando en la arena, los vi ? empañados los ojos por el llanto de la risa-acercarse al hotel. Traían el ataúd.?(1)

Este fragmento que elegí para invitar a leer la novela ?Los que aman, odian?, me pareció adecuado porque es la enigmática síntesis de una escritura de a dos. Pero no unos ?dos cualesquiera?. La novela fue escrita por Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares y su primera edición fue en 1946.

Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares dirigieron una colección de novela policial llamada el Séptimo Círculo. La colección inició en 1945 y el título que estos dos grandes lectores seleccionaron fue la ?Bestia debe morir? de Nicholas Blake, seudónimo de Cecil Day Lewis, poeta inglés y padre de Daniel Day Lewis, el magnífico actor que conocemos.

El azar de la lectura hizo que, tentada por un descubrimiento veraniego y por el género policial, leyera ?Los que aman odian?, e inmediatamente después ?La bestia debe morir?. Ambos textos tenían sólo un año de diferencia en las ediciones mencionadas en Argentina. Pero ¿cómo hacer ahora para contar mi hipótesis si corro el riesgo de develar quién fue el asesino en ambas novelas?

Lo único que diré, como lectora jugando a la detective, es que el arma asesina en ?Los que aman, odian? es la misma que en ?La bestia debe morir?. En ésta última quien se declara culpable es un personaje idéntico al verdadero asesino de ?Los que aman, odian?, pero en ?La bestia debe morir? será el último distractor antes de llegar a la verdad. Me pregunto, si a Silvina Ocampo y a Adolfo Bioy Casares no les habrá gustado mucho más ése personaje como asesino, absolutamente impensado en la tradición policial, y lo eligieron para su novela. ¿Optaron por una solución y a causa de esa preferencia crearon una novela policial magnífica, en donde también es un placer intentar identificar dónde está la particularidad de la escritura de cada uno de ellos dos?

Por ejemplo, me pregunto quién de los dos, Silvina Ocampo o Adolfo Bioy Casares, habrá escrito cada uno de estos pasajes:

?El sueño es nuestra cotidiana práctica de la locura. En el momento de enloquecer diremos: ?Este mundo me es familiar: Lo he visitado en casi todas las noches de mi vida?. Por eso, cuando creemos soñar y estamos despiertos, sentimos un vértigo en la razón?. (2)

?Emilia, incómoda en la silla, rígida, con esa actitud de actor en el escenario, que tienen las personas que sufren? (3)

?Me sorprendí mirando a Montes con simpatía. Había mucho que perdonarle, pero tal vez dos médicos formáramos un buen abogado? (4)

?Me sentí dispuesto a creerle. Los crímenes complicados eran propios de la literatura; la realidad era más pobre (recordé a Petronio y a sus piratas encadenados en la playa). Además, presumiblemente Aubry tendría cierta experiencia en la materia. En las novelas (para volver a la literatura) los funcionarios policiales son personas infaliblemente equivocadas. En la realidad son algo mucho peor, pero suelen no fracasar, porque el delito, como la locura, es un fruto de la simplificación y de la deficiencia.?

Delicada, entretenida, con un humor certero, poética y poblada de imágenes hermosas, esta novela policial también anuncia en su título una verdad creada por la lógica del primer espejo, y con esto me refiero a la de la constitución del sujeto.

Notas

1 ?Los que aman, odian?. Silvina Ocampo-Adolfo Fioy Casares. Emecé 2005. pág 87
2 ?Los que aman odian?. Silvina Ocampo-Adolfo Bioy Casares, Emecé 2005. pág 89
3?Los que aman odian?. Silvina Ocampo-Adolfo Bioy Casares, Emecé 2005 pág 84
4 ?Los que aman odian?. Silvina Ocampo-Adolfo Bioy Casares, Emecé 2005pág 81

Publicado en Leedor el 7-9-2005

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