Museo Arqueológico

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Visitamos el Museo de Arqueología de Alta Montaña ? el MAAM de Salta, propuesta del programa de desarrollo museístico de la Secretaría de Cultura de aquella provincia del Norte de Argentina.MUSEO DE ARQUEOLOGIA DE ALTA MONTAÑA: el viaje divino.

Por Julio Portela

El Museo de Arqueología de Alta Montaña ? MAAM de Salta, Argentina forma parte de un programa de desarrollo museístico emprendido por la Secretaría de Cultura de aquella provincia que incluye además al Museo de Arte Contemporáneo. Ambos se encuentran ubicados frente a la plaza 9 de Julio, la principal de la ciudad Capital.

Visitamos el primero de ellos consagrado a exhibir los resultados de uno de los más importantes hallazgos realizados en el ámbito de la arqueología de alta montaña. Se trata de tres niños pertenecientes a la Civilización Inca, con más de un centenar de objetos que los escoltaban.
La localización realizada en marzo de 1999 en la cumbre del volcán Llullaillaco, a más de 6700 metros sobre el nivel del mar formaba parte de un ?Santuario de Altura? donde se ofrecía a los dioses un ritual denominado ?Capacocha?. Para ello la ladera noroeste de esta elevación era utilizada por los Incas para ascender hasta la cima y realizar sus ofrendas hace cinco siglos, o sea con anterioridad a la presencia de los españoles en el lugar.

Quizás por ello, penetrar en este museo implica introducirse en el laberinto del mundo misterioso de las creencias y ritos de los antiguos habitantes de la zona, que pretendimos descifrar con el seguimiento del guión del Museo de características irreprochables.
El recorrido adquiere caracteres de viva emoción toda vez que al traspasar las salas aumentan las expectativas de contemplar las momias de los niños. Sin embargo éstas no son aún visibles (sí sus fotografías), ya que se están asegurando los medios para su conservación. No obstante se estima que una primera será mostrada en noviembre de 2005 y que las demás lo serán en forma rotativa.
Mientras tanto nos recibió la proyección de un video del hallazgo con una banda de sonido irreprochable que se repetirá en las distintas salas del Museo, para cuyo recorrido recibimos la asistencia de un experto en sus explicaciones históricas y técnicas impecables, quien además contestó nuestras preguntas.
Así nos enteramos que el lugar del hallazgo fue un ?ofrendatorio? donde se llevaron a cabo actividades religiosas del mundo andino, relacionadas con la naturaleza y la fertilidad, especialmente en su relación con el ciclo agrícola y el paso sucesivo de las estaciones del año.
Quizás por ello, los niños escogidos para el rito se caracterizaban por su excepcional belleza y perfección física. Se trató de hijos de caciques para los que los niños constituían la principal ofrenda; paralelamente la cesión de los peqeños servía para establecer lazos y alianzas entre las tribus.
Creímos entender entonces que los niños intercedían ante los dioses en temas vitales para la subsistencia de la comunidad como los concernientes a las cosechas. De manera que eran preparados esmeradamente para el ?viaje divino?, espacio posiblemente ubicado más allá de las altas cumbres donde tierra y cielo parecen alcanzarse.
Tal vez por ello los objetos encontrados en torno a los niños imitaban el mundo social de los adultos, el cosmos del Inca, un mundo ideal pero no visible.
Una parte de las ofrendas estaban relacionadas con el viaje que los niños debían realizar; de ahí que incluían comida, bebida, sandalias adicionales para el camino y mantas.
Los objetos mostrados resultan conmovedores en su pura y delicada belleza, todos formando parte de un mundo infantil masculino y femenino venturosos.
Así pequeñas llamas moldeadas en oro, plata o bronce de ingenua simplicidad, nos muestran a los camélidos de perfil donde se destacan marcados ojos que nos recuerdan a las antiguas efigies egipcias.
También estatuillas femeninas del mundo terrenal con cuerpo de oro y plata, vestidas con textiles de tamaño miniatura y tocados de plumas provenientes de aves de la costa del Pacífico. Estos últimos confeccionados al uso Inca representan coronas donde las jerarquías estarían determinadas por las delicadas plumas en tonalidades del verde, blanco, amarillo o rojo en sorprendente estado de conservación. También se observan pequeños bolsos tejidos paran guardar objetos femeninos y las delicadas ushufas, aquellas pequeñas sandalias confeccionadas en cuero y lana de camélidos.
Nos encontramos así con una propuesta de viaje de 500 años que pretende entender una civilización con una gran organización social, de una cultura que ha logrado mantenerse en el tiempo.

Publicado en Leedor el 21-8-2005

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