Teatro x la Identidad

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En la formulación misma de su propósito humanitario y político radica la potencia didáctica del ?Teatro x la Identidad? de este año.La encrucijada crítica

Por Alejandro Margulis
de Ayesha Libros

I
Entre las muchas virtudes que ha tenido el inicio de la temporada 2005 del ?Teatro x la Identidad?, ciclo que desde hace cinco años impulsan las Abuelas de Plaza de Mayo para estimular la toma de conciencia del público en general -y en particular de los nietos apropiados que aún no hayan asumido o tomado noticia de su verdadera genealogía- hay una muy interesante: el efecto propalador de su propuesta. Si bien ampliado a temáticas más generales (el derecho a la transexualidad por ejemplo) el tema dominante sigue siendo el que apoya la búsqueda de niños. ?Niños perdidos. Nietos robados a escondidas durante la noche más profunda?, explican sus organizadores.

En otros años el público no sólo respondió con entusiasmo sino que se consustanció con el objetivo buscado. Al final de las obras casi siempre se acercó alguien a preguntar, alguien se entiende joven con dudas acerca de su origen. Así, antes que cualquier apreciación estética vale destacar la inteligencia política que anuda el planteo. Es de suponer de hecho que la totalidad de las obras de este año y la mayoría del público que sin duda las verá tiene como punto de contacto o partida la aceptación de un esquema que invita a la reflexión, a movilizarse emocionalmente, a la catarsis en suma, como lo querían los preceptos aristotélicos.
Sin embargo, y a diferencia del teatro clásico o neoclásico, lo paradójico de este universo es que el ?espectador ideal? no es ya aquel que llega sabiendo de qué va la propuesta (como los griegos que iban a recrearse con una nueva versión del mito) sino justamente el otro, el distraído, el ignorante de su condición biográfica que por casualidad caiga en la sala y obtenga, viéndose reflejado, un atisbo de su verdad. Una anagnórisis (reconocimiento de la condición trágica) produciéndose tanto en el escenario como en la platea, en simultáneo. Y no sólo para identificarse uno con la suerte del personaje sino para tomar a partir de lo que se ha visto la decisión de hacer un vuelco con la propia vida. Esto es, concretamente, acercarse a la sede de Abuelas y pedir un análisis genético que corrobore o desmienta la presunción que la obra ha sugerido: que la suya, la de quien está mirando, es una identidad falseada.
Estamos entonces frente a un teatro que pretende transformar a las personas y que suma al andamiaje escénico un test posterior absolutamente pragmático, suerte de quinta pared capaz de medir la efectividad del mensaje. Y además, frente a un teatro cuya teatralidad se extiende, como si fuera una experiencia de vanguardia, mucho más allá del perímetro contenido por el espacio escénico. Los espectadores quedan al ver estas obras atentos a la peripecia que se muestra en la escena pero también a lo que está pasando al lado suyo en la platea, o lo que puede llegar a pasar después porque, ¿quién sabe si el compañero que uno tiene en la butaca de al lado no termina resultando él mismo protagonista de un drama?
Propósito tan ambicioso inspira en principio simpatía y adhesión, al menos para alguien como yo, que fui criado también, aunque nací mucho antes, en los años taponadores de la dictadura. Pero también algunos reparos que voy a tratar de enumerar.

II
Como ocurre en infinidad de circunstancias de la vida y del arte, aquello que suele ser la fuerza mayor de una persona o una propuesta puede ser también la gran debilidad que la cerca. En la formulación misma de su propósito humanitario y político radica la potencia didáctica del ?Teatro x la Identidad?; arte y estética se dan acá entonces más a lo Bertolt Brecht que a lo Aristóteles, ya que fue el alemán -trabajando contra el régimen nazi- el teórico que primero reivindicó la acción, el acto de hacer explícito los objetivos de una obra en la obra misma para provocar algo más duradero y eficaz, políticamente hablando, que la tranquilizadora catarsis que el espectador siente un ratito y después olvida. Un teatro en suma cuyos objetivos sobrevolasen la mera distracción retórica.
La representación ingenua del drama puede conmover y hasta confundir pero difícilmente convencer y empujar a un cambio; en este caso, y puesto que el ideal de fondo que mueve todo el proyecto es acercar la temática a quienes menos quieren o pueden verla, la estética que se elija para hacerla visible es fundamental. Qué mostrar pero cómo mostrarlo.
Puede también observarse que esta experiencia se entronca con el extraño comportamiento que viene sosteniendo la clase media progresista en los tiempos del kirchnerismo. Algo que el psicoanalista Juan Carlos Volnovich definió como la ?ternura inexplicable? de la clase media ?donde las personas se horrorizan ante un fenómeno, se indignan, claman justicia, pero salen de eso y son capaces de matar o contribuir a lo mismo que los horroriza. Es muy cotidiano -considera Volnovich y su crítica podría complementar acaso el sentido de estas líneas:- la clase media va a escuchar a Enrique Pinti, los insulta, les dice todos los detalles, lo aplauden, se van, y listo. O van a escuchar a Silvio Rodríguez y se les cae el corazón. Salen a la calle, hay chicos juntando basura, y no los ven?.
¿Ocurre lo mismo con el Teatro x la Identidad?

Entre la sosegada contemplación escénica y la actividad política percibo un abismo notable; cuantas más obras hay para ver, cuanto mayor se propone el recorrido simbólico menos espacio parece quedar para la acción. Si se la acepta como tal, creo que la salida a esta encrucijada se encuentra no tanto en lo que pasa en la sala (no en si algún espectador descubre que es un niño apropiado gracias a la pieza teatral) sino en las obras en sí mismas. Procuraré entonces volver sobre lo que quizás vengo dilatando demasiado: escribir lo que vaya viendo en el escenario, circunscribir en suma la crítica a lo específico teatral para poder pensar constructivamente la apuesta política. Prefiero aceptar el riesgo de ser hasta incorrecto antes que ceder a la tentación de la pereza intelectual.

Programación en el sitio web del Teatro x la Identidad

Nota relacionada: Identidad en Teatro El Nudo

Publicado en Leedor el 5-8-2005