Homenaje a Buenos Aires

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Estuvimos en la inauguración del mural de Guillermo Roux en el Bank Boston de Buenos Aires y Julio Portela nos da una minuciosa descripción de este nuevo aporte al patrimonio de la ciudad.GUILLERMO ROUX: Mural de Buenos Aires

Por Julio Portela

?Homenaje a Buenos Aires? en el edificio creado por César Pelli
para la Fundación Bank Boston.
Della Paolera 265 ? Catalinas Norte ? Buenos Aires.

El mural que se incorporó a la ciudad a partir del 30 de junio en el edificio que el célebre arquitecto argentino César Pelli proyectó para el Bank Boston en la zona de Catalinas Norte, reviste características poco frecuentes. En efecto, Buenos Aires no reúne antecedentes como para exhibir una tradición muralista, si bien existen obras importantes como las de las Galerías Pacífico o las de la
cúpula del teatro Colón.

La realización de esta obra obtenida por Roux por concurso, tiene además características monumentales con sus 5,5 por 12,5 metros que abarca una superficie de 68,75 metros cuadrados. Demandó cuatro años de trabajo con la colaboración de sus ayudantes- alumnas Marina Curci y Laura Olalde que realizaron, según expresiones del artista, un trabajo inmejorable.

Ubicada en profundidad a la entrada del edificio, que en su parte anterior presenta una columnata, Roux logró integrar su obra a esta fila continuándola en su pintura como fondo de las escenas representadas acorde con cierto aire neoclásico. Con ello se propuso demostrar la vinculación existente entre arquitectura y pintura, desechando que ambas disciplinas sean antagónicas.
Se trata de un espacio donde la luz entra descontrolada por las paredes vidriadas del edificio, asegurando una visión inmejorable que además va modificando la tonalidad del cuadro según las horas.

Realizada en la técnica de la témpera mate ?desechando los brillos del óleo- Roux dividió su obra en tres secciones, que luego fueron integradas en la instalación. Como soporte utilizó una tela hecha de lino de Bélgica que presenta un entramado más intenso. En su emplazamiento la tela no se encuentra en contacto con el metal sino que se colocó otro material entre ambos, de manera que eventualmente pueda retirarse, favoreciendo su eventual restauración.

Siguiendo la fragmentación elegida por el artista observamos a la derecha una estilización de los personajes con elementos característicos que acentúan su nacionalidad. Se trata del grupo aportado por la inmigración que tuvo como visión primera la gran ciudad, desembarcando en la Dársena Norte en el Hotel de Inmigrantes justo detrás del edificio de emplazamiento del mural. Los personajes escogidos se presentan de frente, de espaldas o de perfil adoptando posiciones estáticas fugaces al no participar de un argumento que los vincule entre sí.

Otra sección central une y a la vez separa las escenas de los extremos como si se tratara de un entreacto. Es la imagen simbólica de La Pampa representada por una mujer envuelta en un amplio paño, donde los pliegues de la tela simulan las olas del Río de la Plata. Mientras tanto la joven República la contempla absorta ataviada con guardapolvo y cintas celestes.

A la izquierda se ubican los personajes de la noche de Buenos Aires, esa mezcla de poetas, músicos y aventureros que cimentaron el culto de la ciudad. Se encuentran cobijados por un obelisco pintado con luz de plata que como una espada en la noche protege a sus criaturas.
Las tres escenas que se observan podrían ser muchas más, ya que los personajes no se encuentran integrados a un argumento único, sino más bien pareciera que cada uno de ellos quisiera contar su propia historia. De todos modos forman un núcleo armónico donde cada uno asume un personaje simbólico de la ciudad.
El carácter teatral de las figuras es acentuado por telones pintados en rojo que en sus pliegues se precipitan en cascada desde lo alto.

Roux acude así al rescate de personajes de antaño que seguramente viven en su memoria.

Según lo admitido por el mismo Roux la configuración del cuadro le fue sugerida por una de las obras mayores de Gustave Courbet ?El estudio del Pintor?(1855) que representa al artista trabajando en su estudio, al que logró dotar de una tonalidad sepia muy particular donde la luz se insinúa con reflejos dorados.
Las escenas del mural ? como en Courbet- presentan dos grandes vacíos arriba y abajo, lo que acentúa la disposición lineal de los personajes, como en un friso; mientras tanto la tonalidad de sus ocres, tierra de Siena y rojos unifica el cuadro.
Esta obra a la que auguramos gran fama, va a ser seguida seguramente por otras que no tendrán que esperar por una obra pública -que ya no las hay- y podrán ser colocadas por empresas privadas, como un sello cultural en los edificios de gran porte y calidad proyectados en los barrios de la ciudad. Se rescatará así la memoria de la ciudad ante el avasallamiento de lo nuevo.

Publicado en Leedor el 9-7-2005