La vida por Perón

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Apasionante crónica del complejo ambiente político de los años ´70 en la Argentina.Estábamos todos tan locos

Por Julián Rimondino

La Vida por Perón ya está editada en DVD. Conseguíla en la librería de Leedor

Los movimientos de izquierda argentina y los años ?70. Dos temas centrales para el cine de los primeros años alfonsinistas, que nos dieran aquellos acartonados clásicos como La historia oficial o Los chicos de la guerra. Y temas, no mayoritariamente pero sí constantemente, que el revitalizado cine nacional, desde su repunte a mediados de los ?90, ha tomado para darle un tratamiento estético diferente de aquellas producciones cuasi-televisivas de los ?80.

Al igual que Garage Olimpo o Los rubios, La vida por Perón no teme a la controversia. Asume puntos de vista jugados, cuestionables; presenta personajes cuyas acciones son dudosas, complejas, incluso contradictorias. El padre de Alfredo (Esteban Lamothe) muere el mismo día que Perón, allá por el ?74. El protagonista se acaba de sumar a una organización de la izquierda peronista que, decidida a intercambiar los dos cadáveres como alocado método para ganar el poder, transformará el cuerpo de su padre en el del general, y mantendrán a Alfredo y su familia como virtuales prisioneros durante el extraño velorio.
Una historia, definitivamente, intrigante. Peligrosa también, porque la crítica a la izquierda (en la película, militarizada, delirante, a medio camino entre el heroísmo y la ridiculez) nunca es bienvenida. En este sentido, cuando se permite revisar con inteligencia y sagacidad las motivaciones, ideas y acciones de un grupo de revolucionarios, La vida por Perón se convierte en una apasionante crónica de un ambiente político alborotado y complejo, con el que las masas luchaban o celebraban. Pero ante el que nunca eran indiferentes.

Bellotti construye un relato que deja espacio para que el espectador complete los espacios vacíos, y critique, apruebe o haga lo que quiera con sus personajes. La fotografía de Hernán Baigorria (una trabajo notable), la constante presencia en la banda de sonido del discurso de Isabelita asumiendo la presidencia, las miradas cómplices y acusatorias entre los personajes y los encuadres ligeramente descentrados del director son elementos de la puesta en escena que ayudan a crear una narración llena de ritmo y vigor, atrapante y que al mismo tiempo permite (e invita) a la reflexión sobre la historia que presenta.

Si la propuesta visual y sonora está tan lograda, lo que más descentra el relato es el tono actoral. El nivel es muy desparejo: si Cristina Banegas conmueve con su extraordinaria composición de la reciente viuda, Lamothe resulta particularmente inadecuado como su hijo. Son ellos los dos polos de un elenco fuertemente dividido en dos: mientras que los intérpretes más jóvenes (Lamothe, Belén Blanco) parecen firmes practicantes del método más instalado en el cine argentino reciente ?aquél que demanda cara de nada ante todo?, el elenco más experimentado (Oscar Alegre, Beatriz Thibaudin, Banegas) combina una naturalidad y comodidad con la cámara con un trazado exacto y preciso de caracteres. Es por eso que los diálogos que pronuncian éstos son siempre justos y convincentes, mientras que los más jóvenes se encuentran constantemente peleando con frases armadas y rígidas (consignas partidarias, de lucha, ideológicas) que no logran, nunca, entregar con comodidad. Un problema (¿generacional?) que por momentos desarticula toda la propuesta del film.
Pero lo que importa, en última instancia, es que esto no afecta su conjunto. La mano de Bellotti es precisa y exhaustiva; ha sabido aprovechar todos los recovecos de su relato. Y, por sobre todo, ha logrado llegar a un final conciso, claro, trágico, que de todos modos no resulta una condena ni pone límite a las múltiples lecturas que se podrían hacer de su película.
Porque las opiniones que podrían surgir ante La vida por Perón son muchas. Sean todas ellas bienvenidas.

Publicado en Leedor el 30-6-2005