Con la cabeza bajo el agua

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Cuerpos débiles y atacados, en esta propuesta fuerte dirigida por Norman BriskiCon la cabeza bajo el agua

Por Micaela Pereira

Apenas unos minutos luego del inicio del espectáculo, como no podía ser de otra manera tratándose de la poética de Briski, el espectador podrá apreciar un cuerpo desnudo en escena, un cuerpo erótico en preparativos para un encuentro amoroso. En rste gesto aparece un toque personal, una intensión del director que está siempre en busca de impactar, chocar al espectador.

La obra nos instala en un espacio despojado, en el que se encuentran dos camas de internado ocupando casi todo el espacio. En escena entrarán en acción cuatro personajes: un enfermero, una chica (aparentemente del personal de limpieza), y dos internos del hospicio: un viejo ?místico? que en el respaldo de su cama tiene colgado un enorme crucifijo y cada tanto emite frases dirigidas hacia el más allá. El otro interno es un joven depresivo apodado ?el polaco?. La desesperación parece dominar la relación entre los personajes.
La chica hace la cama en la que esperará al polaco mientras es mirada con deseo por el enfermero quien le ofrece dinero para acostarse con ella. A la vez el viejo observa a través del espejo ubicado en el armario. Se presenta así una situación de deseo en cadena en la cual la chica desea al paciente y es deseada por el enfermero que los espía constantemente y todos a la vez son observados por el viejo desde su cama. De este modo la situación cobra un tinte siniestro acentuado, aún más, por el control que el enfermero realiza sobre la medicación y la alimentación de los pacientes mediante el cual se percibe la intención de sacar del medio al polaco, obstáculo para su posible relación con la chica.
Es interesante observar cómo aquel personaje que pasaba por inofensivo y absolutamente pasivo resulta ser el más perverso de todos.

La obra deja al finalizar más de un interrogante en el espectador ¿Quién está más loco que quién? Para esta pregunta no hay respuesta, sólo existe la certeza de que aquel que viva inmerso en estas problemáticas es débil, no tiene protección y no hay quién reclame por él.

La imagen que resulta muy fuerte de esta propuesta de Briski es la de cuerpos débiles, medicados, brotados, atacados constantemente por el medio, a través de la medicación, el trato recibido por los paramédicos, los médicos ni siquiera están presentes ni mencionados en la puesta, son detalles que llevan a pensar a estos cuerpos como cuerpos descartables.

Publicado en Leedor el 2-7-2005