La secretaria de Hitler

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A modo de complemento del film de Oliver Hirschbiegel, el documental sobre la secretaria de Hitler trata, además, el tema de cuán dispuesto está el hombre a ver la realidad que se le presenta ante sus ojos Más allá de la figura del Führer…

Por Elizabeth Motta

Es un documental que recopila todo el testimonio (un mismo encuadre en primer plano durante casi una hora y media) de la verdadera secretaria de Hitler en el que fue basada casi completamente La caída de Oliver Hirschbiegel.

Este documental es como un complemento para la ficción, ya que las palabras de Traudl Junge no hacen más que remitirnos a las imágenes del film de Oliver Hirschbiegel, tal vez para comprender aquellas partes que quedaban un poco inconclusas, o que fueron interpretadas erróneamente.
Eso hace preguntarnos si el estreno de este documento estaba planeado de antemano, o fue consecuencia de las malas interpretaciones.

El film pareciera mostrarnos dos o tres Traudl Junge. Una con suéter naranja, que por momentos habla de un Hitler que salía a pasear con su perro, y de otras anécdotas por el estilo, como si recordase una época donde la guerra era algo aparte. Otra vestida con un saquito blanco, que mira en video a la de suéter naranja, y pareciera no comprenderla, ya que asegura que ?no debió tener en cuenta anécdotas tan insignificantes? y sí debió haber hablado de otras cosas más importantes en lo que respecta al dictador. Estas dos secretarias forman parte de una misma persona, la que recuerda anécdotas desde el pasado, y la que mira desde el presente. He aquí, entonces, dos caras diferentes de la secretaria, que el hecho de sentirse a los ochenta y pico de años arrepentida por lo que hizo a los veinte, no hace que una de esas dos caras se borre. Lo mismo se puede llegar a pensar de Hitler o del film La caída: que la película no haya mostrado las masacres a los judíos no significa que las haya querido ocultar, o que Hitler haya jugado con su perro no significa que luego no probase la calidad del veneno primero en el animal antes que en él mismo. Una cosa no quita a la otra, y los opuestos no son necesariamente incompatibles.

El testimonio nos lleva a la conclusión de que la realidad para muchos de los que trabajaban para Hitler estaba vedada, aunque sin embargo ésta no era imposible de conocerse. La secretaria asegura que pudo haberse enterado de muchas cosas, pero que no lo hizo, hecho por el cual sólo comenzó a perdonarse unos días antes de su muerte (justo recién después de que La Caída fue estrenada). El film, entonces, pareciera llevar el tema más allá de Hitler, por un camino que cuestiona al ser humano mismo: cuán dispuesto está el hombre a ver la realidad que se le presenta ante sus ojos (cuestión que personalmente considero infinitamente profunda y atemporal).

Este documento es un buen complemento para aquellos que han visto La caída, o para los que tienen ganas de verla. También para todos los que les atrapa la figura de Hitler, ya que el testimonio asiste a muchas anécdotas que no han sido tomadas por el film. ¿Imagínense qué hubiese pasado si, después de haber considerado al film de ?humanizante?, hubiese habido una escena que tomase la anécdota del dictador jugando con el perro, como recordaba la secretaria?.

Publicado en Leedor el 25-6-2005