Xul Solar

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La revisión de la obra de Xul Solar que propone el MALBA, cuando Buenos Aires cuenta ya con un museo íntegro dedicado al pintor, es al menos intrigante: ¿qué novedad traerá?.
De ciudades, colores y espiritualidad

PorJulián Rimondino

Xul Solar. Visiones y revelaciones
Del 17 de junio al 15 de agosto de 2005.
Curadora: Patricia M. Artundo.
En el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), Av. Figueroa Alcorta 3415 ? Entrada $5 / estudiantes y jubilados $ 2.50 / miércoles gratis

Quizás no haya pintor argentino activo durante la primera mitad del siglo que reciba más atención que Xul Solar. Junto con Petorutti fue quien, estudiando (y viviendo) la vanguardia europea de las décadas más tempranas del siglo ya pasado, trajo a estas tierras las ideas que allá en el viejo mundo hacían furor. Y superado el escándalo inicial, sus obras (que, dicen, mucho deben a la infancia, aunque, como toda infancia, no carecen de sus sombras y lugares oscuros) son parte del canon argentino.
Entonces, una revisión de sus pinturas ?cuando Buenos Aires cuenta ya con un historial de muestras, cuando sus cuadros se encuentran en diversas colecciones y museos, cuando existe de hecho un museo íntegro dedicado al pintor? es llamativa e intrigante. Llamativa, porque Xul está siempre presente, es siempre convocante y atractivo; intrigante, porque uno se pregunta: ¿qué novedad habrá?
Así, Xul Solar. Visiones y revelaciones es un recorrido cronológico, completo, ilustrativo, de la obra de quien fuera un renovador y un hombre de muchas inquietudes. Su búsqueda lingüística, su interés por la arquitectura, su pasión por la astrología, el Tarot y Cábala, todo está allí, en las siempre prolijas, siempre coquetas, siempre ordenadas salas del MALBA.
Organizada, entonces, por épocas, la muestra curada por Patricia M. Artundo (entendida en el tema de Xul Solar) es también un paseo temático por la evolución de su obra. Definitivamente, su mayor logro ha sido crear un espacio donde las transformaciones que se producen en la pintura de Xul, más allá de sus temas, en lo referente a su estética, se ve paso a paso. Entonces, la famosísima Vuel Villa (1936), con sus colores de acuarela y sus líneas de dibujo de nene, es el camino lógico por el que se transita desde obras tempranas como Dos Anjos (1915). Y así se entiende cómo Xul llega a la madurez de obras como Gran Rey Santo Jesus Kristo (1962). Si el objetivo de una muestra retrospectiva y completa es ayudar a la comprensión del artista, se puede decir que el trabajo de Artundo, incluso desde su distribución espacial, resulta impecable.
¿Lo mas impresionante del trabajo de Xul? Primero que nada, su serie de retratos de figuras religiosas y místicas, como su Kristo, su San Ignatius (1961) y su imponente San Paulo de Tarso (1961). También, su tablero de panajedrez (juego complejo que agrega astrología y horóscopo a tan sobrio pasatiempo), y muy especialmente su teclado modificado, con teclas de colores y algo desprolijas ?cuidado: es fácil perderse esta obra si el visitante se deja seducir demasiado por el panajedrez?. Y, por supuesto, aquéllas pinturas que parecen salidas de una película de ciencia ficción pesimista, como Ciudá y abismos (1949), que es algo así como el dibujo que Xul Solar hubiera hecho de haber vivido dentro de Blade Runner.
El esoterismo es el motor, quizás el único hilo conductor que puede funcionar como columna vertebral de toda la obra del pintor y, obviamente, de esta muestra. Desde los cuadros de hadas y ángeles de las década del ?10 a los ?pan tree? que juegan con la Cábala (ya en los años ?50), la religiosidad, el misticismo y algo que podríamos llamar la ?Iluminación? ?el ascenso, la Luz, lo sagrado?, ya sea dentro de la religiosidad canónica occidental o por fuera de ella, todo está presente en Xul por medio de composiciones donde las líneas rectas se entrecruzan en diversas direcciones y crean arquitecturas urbanas o, simplemente, seres de un mundo donde toda forma proviene de cuadrados, rectángulos, triángulos y demás figuras geométricas.
La oposición de colores primarios, y el juego con la superposición de los planos son las dos columnas de una obra y una vida que experimentaron a América Latina y a Europa, a los modernos espacios urbanos y a las tradiciones indígenas nativas, a través de la mirada de Xul. Una mirada que muchos relacionarán con la infancia, pero que más debe a la búsqueda de los límites del dibujo (o mejor, a la explotación de sus amplios recursos) y a la necesidad de regresar a un color más saturado, artificial incluso, para poder reflexionar sobre un mundo entre guerras, necesitado de un poco de búsqueda espiritual.

Publicado en Leedor el 19-6-2005

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